Nuestros sabios enseñaron que nosotros podemos aprender a tener confianza en Dios observando a los granjeros y a los marineros. Ellos saben con una claridad no disponible para la mayoría de nosotros, que su sustento depende de Dios; está completamente en Sus manos. Ellos ven cómo el clima afecta sus viajes o sus cosechas, el sol o la falta de él, la lluvia o la falta de ella, los vientos o la falta de ellos.

Hoy en día, en un mundo de grandes supermercados abastecidos con hermosas frutas dentro y fuera de temporada, no somos muy conscientes de todo esto. Y a pesar de que aún hoy en día los granjeros pueden experimentar esto, en su mayoría son grandes corporaciones las que son dueñas de la tierra y la experiencia individual es limitada. Entonces, ¿quién puede enseñarnos hoy en día esta importante lección?

Créanlo o no, los escritores de televisión y los productores.

Tengo unos cuantos amigos, estudiantes y conocidos que trabajan en la industria del entretenimiento. Sin importar cuán talentosos ellos sean, es una profesión inestable. En un momento estás de moda y al siguiente fuera de moda; popular un día y un desastre al día siguiente. La seguridad laboral es inexistente. Dura una temporada si tienes suerte y luego rezas para que te renueven el contrato o te reasignen, que haya un trabajo para ti la temporada siguiente. Afortunado es el hombre o mujer cuya serie dura por muchos años o quien se desliza aparentemente suavemente de una serie a otra. Yo los veo a ellos con impresión y le digo a mi esposo, “¡Gracias a Dios que tu eres un rabino y no un guionista!”.

Y entonces me doy cuenta de que perdí el punto completamente. Todos somos dependientes de Dios para nuestro sustento. Simplemente no nos damos cuenta. Aquellos de nosotros que no trabajamos proyecto tras proyecto o contrato tras contrato nos hemos puesto un poco flojos en nuestro reconocimiento de la mano de Dios en nuestro ingreso. Podemos olvidarnos que todo viene de Él, que todo está en Sus manos. Dado que yo no tengo que rezar cada día para que mi serie sea renovada, me olvido de agradecer o de rezar para que mi ingreso continúe como está. Me olvido de darme cuenta que este “ingreso estable” puede desaparecer en un minuto (Dios no lo quiera) porque es un regalo. Todo nuestro ingreso viene de Dios y si es estable, ese es un regalo extra.

¿O no? (¡Dios por favor no me lo quites!) Quizás los marineros, granjeros y productores de TV son los afortunados. Ellos no tienen la oportunidad de olvidarse. A ellos no se les permite ser complacientes. A ellos se les da la oportunidad diariamente —o al menos temporada tras temporada— de acudir a Dios y rezar por la renovación y el continuo ingreso.

Definitivamente podemos aprender de ellos. Es una bondad de Dios tener un ingreso y es una bondad extra tener un ingreso estable. En vez de darlo por sentado y olvidarnos de rezar y de expresar nuestra gratitud, debiéramos estar rebosantes por ello. No queremos perderlo para recién darnos cuenta ahí de lo que tenemos.

Nunca he envidiado a aquellas personas que trabajan en la industria del entretenimiento, ni sus trabajos, ni las personas con quienes se codean, ni el acceso a fiestas, y ciertamente no la inseguridad laboral. Pero voy a intentar aprender de ellos y estar agradecida cada día por ese regalo del sustento.