Nos acercamos a otro Pésaj, otro Séder sin ninguna semejanza a lo que conocíamos. Aunque muchos se vacunaron, aunque comienzan a levantar algunas restricciones, aunque la luz proverbial parece asomarse a la distancia, seguimos preocupados, el miedo sigue siendo legítimo.

Muchas familias siguen forzadas a pasar la festividad separadas, ya sea debido a la enfermedad o por sus consecuencias, es decir, porque hay países en los cuales el acceso está tan restringido que si no es imposible ir de visita o salir de ellos y después regresar, no deja de ser una pesadilla burocrática. En consecuencia, una vez más nos preparamos para un Pésaj inusual.

Es doloroso y frustrante. Sin embargo, las lecciones esenciales de la festividad siguen disponibles sin importar cuáles sean las circunstancias. Y posiblemente esta sea la lección más importante de todas. Tendemos a condicionar nuestra felicidad, nuestro crecimiento, nuestra oportunidad de conectarnos con Dios a las circunstancias externas. Realmente disfrutaría de Pésaj si mis hijos pudieran estar conmigo (¿Cuántas veces te quejaste de todo el trabajo que implica que tus hijos vuelvan a casa?). Realmente crecería de la festividad si en mi mesa pudiera haber más gente para participar en la discusión… Etc., etc.

Todos tenemos una historia que nos contamos a nosotros mismos respecto a lo que seríamos y cómo nos comportaríamos si tan sólo… Pero el eje mismo de Pésaj desmiente esta racionalización. Dos de los temas más importantes de Pésaj son nuestra libertad para elegir sin importar la situación en la que estemos, y que sean cuales sean las circunstancias físicas/emocionales de nuestra vida, daieinu (es suficiente). En vez de lamentar lo que nos falta este año, debemos enfocarnos en lo que tenemos, los regalos que seguimos recibiendo, las oportunidades que tenemos por delante.

No podemos esperar que cambien las circunstancias para ser felices. Necesitamos ser felices ahora mismo.

En vez de engañarnos pensando que sólo podremos sentirnos felices/agradecidos cuando el Covid sea completamente erradicado y nuestras vidas retornen a la "normalidad", necesitamos incorporar a nuestras vidas diarias la sabiduría de la canción "Daieinu": nuestra situación en este mismo momento (con todos sus desafíos) es suficiente. No podemos esperar que cambien als circunstancias para ser felices. Necesitamos ser felices ahora mismo.

Todo lo que Dios hace por nosotros es bueno e inmerecido. No nos merecemos nada: todo lo que recibimos es por Su amor y bondad. Cantamos: "Si Dios hubiera partido el mar para nosotros, pero no nos hubiese hecho cruzar por tierra seca, eso habría sido suficiente". ¿Cómo es posible? ¿Cómo hubiera sido suficiente? Si sólo nos enfocamos en lograr un objetivo final, nunca nada será suficiente. Entonces perdemos de vista el punto de la canción. Pero si podemos sentarnos en el momento y contar nuestras bendiciones, entonces pienso que podremos entonar Daieinu con todos los decibeles.

Por supuesto que queremos que las cosas cambien. No sólo no queremos vivir a la sombra de una enfermedad potencialmente peligrosa, sino que la gente necesita volver a trabajar y los niños necesitan regresar a las escuelas. Pero hasta que eso ocurra, tenemos que tomar una elección. Podemos revolcarnos en la autocompasión, quejarnos por el año espantoso que tuvimos (y que todavía no haya terminado), o podemos decir Daieinu y encontrar nuestro camino hacia la gratitud y el aprecio incluso en medio de una pandemia.

Pésaj nos recuerda que la libertad de elegir qué actitud adoptamos está sólo en nuestras manos. Daieinu ilustra qué actitud debemos adoptar.