Hace un par de noches cuando iba a cuidar a mis nietos, escuché en la calle a un joven gritar por teléfono con terrible hostilidad:

“¡Mamá, tú eres la causa del estrés de mi vida, tal como yo soy la causa del estrés de tu vida!”.

Por su tono, no dudo que estaba diciendo la verdad… ¡Por lo menos desde la perspectiva de su madre!

Los hijos son una gran fuente de estrés para sus padres (¡Y no al revés, por supuesto!). No pueden evitarlo. Invertimos en ellos tantas esperanzas y sueños, tantas noches sin dormir y días agobiantes, tanto esfuerzo físico y emocional... ¿Cómo no va a ser estresante?

Verlos enfrentar los desafíos de la vida, entender cuándo debemos darles un suave empujoncito y cuándo contenernos, preocuparnos por sus elecciones, por su futuro. ¡Incluso escribir este artículo es estresante!

Nos equivocamos si esperamos que ser padres sea un "paseo tranquilo por un parque" en vez de ser una "aventura de supervivencia".

Rav Weinberg zt”l, solía preguntar: “¿Cuál es tu mayor placer?”. La respuesta siempre era: mis hijos, un resultado directo de la máxima judía respecto a que mientras más das, más te importa el otro. A continuación, Rav Weinberg preguntaba: “¿Cuál es tu mayor dolor de cabeza?”. La respuesta siempre era: “Mis hijos”.

Claramente es un error (que cometemos un millón de veces al día) enfocarnos en el estrés en vez de enfocarnos en el placer. ¿Cómo podemos cambiar nuestra perspectiva? Podemos ver el desorden de todos los disfraces tirados en el suelo o podemos apreciar que nuestros hijos están ocupados en juegos creativos, o en cualquier otro juego… ¡y nos dejen un rato tranquilos!

Hacer las compras y preparar la comida puede ser una tarea repetitiva y tediosa o una oportunidad de nutrir a una familia, de proveer alimentos nutritivos y compartir conversaciones significativas.

La adolescencia puede ser… Bueno, quizás es mejor no entrar en ese tema ahora...

Podemos ver a nuestros adultos jóvenes como personas sin dirección e inestables que pasan de escuela en escuela, de trabajo en trabajo o podemos entender que intentan descubrir su futuro con gran introspección, determinados a no conformarse, sino a elegir.

Sus desafíos, como los nuestros, pueden considerarse como obstáculos en el camino (otro recordatorio de que la vida simplemente no es justa) o como una oportunidad para aprender, crecer y conectarse con Dios.

Los ejemplos son interminables, tal como lo son los momentos difíciles. No necesitamos endulzar la realidad, y si lo hiciera, no me creerían.

Es estresante. De hecho, probablemente no hay un estrés mayor. Pero también es probable que no haya una alegría mayor. Volveríamos a hacer todo por esa sonrisa de un bebé, esa tarjeta del día de la madre hecha a mano, ese “gracias” dicho suavemente, por ver los maravillosos adultos en que se han convertido (¡Y ni siquiera llegué a mencionar a los nietos!).

A mi esposo le gusta decir que “tener mascotas habría sido más fácil”. Tiene razón. Habríamos tenido menos estrés. Pero también menos placer (sin faltarles el respeto a las mascotas). Como está escrito en Pirkei Avot: “De acuerdo al esfuerzo es la recompensa”. ¡En ninguna otra área de la vida es tan cierto como acá!