"¿Quién es el valiente? El que conquista sus instintos” (Pirkei avot 4:1)

Uno de los temas que más nos agobia a las madres es el de los hijos que “se portan mal” y que “no hacen caso”. Sobre todo, cuando un niño desobedece una y otra vez.

La desobediencia de los niños puede provocar que nos desesperemos, irritemos, angustiemos o enojemos. Todos estos sentimientos son reflejo de la impotencia que sentimos cuando las situaciones se escapan de nuestras manos.

Al sentirnos débiles, inseguras e incapaces, solemos reaccionar de manera explosiva.

Nuestro ietzer hará (instinto negativo) está relacionado con nuestra impulsividad. Este instinto se puede expresar cuando vemos a un hijo haciendo algo que nos molesta.

¿Alguna vez tu hijo volcó toda su leche sobre el mantel, le pegó a su hermano menor, pintó las paredes de la casa, rompió los dibujos de su hermana, hizo un escándalo delante tus amigas, sacó tu teléfono sin permiso o quizás simplemente ignoró tus retos y mantuvo su comportamiento de manera desafiante?

¿Cuál es la conducta que repite tu hijo una y otra vez y que hace que “te hierva la sangre”?

Lo más probable es que en esos momentos te invada el enojo, tu cuerpo se tense, y se acumule en tu interior una gran carga de energía que saldrá a modo de explosión, traduciéndose en sermones, gritos, amenazas, castigos o golpes.

Estoy segura de que todo los padres quisieran lograr que haya armonía en la casa, sin tener que aplicar este tipo de estrategias, que en la mayoría de los casos ni siquiera nos sirven para controlar la actitud de los hijos.

El problema es que el tiempo que pasa desde que este sistema se activa hasta que explotamos es MUY corto. En general no alcanzamos ni siquiera a identificar qué es lo que estamos sintiendo, cuando ya estamos reaccionado.

A esto se le llama impulsividad.

El primer paso para aprender a interrumpir este patrón reactivo es identificar qué es lo que te lleva a reaccionar.

Mientras más conciencia tomes, más preparada estarás para el "próximo round". Y así, de a poco, irás aprendiendo a identificar el momento en el que comienzas a sentir el comienzo del enojo.

Cuando logres reconocer ese momento a tiempo, tendrás la oportunidad de usar la técnica mágica para romper con este patrón reactivo:

Cerrar los ojos y respirar profundamente.

Respirar te permite relajar tu cuerpo, liberar suavemente la carga que estás a punto de liberar de forma explosiva y así prevenir la reacción impulsiva.

Comienza por reconocer las situaciones en las que explotas, y de a poco trata de ir integrando la respiración. Y así verás cómo poco a poco, tus explosiones serán de menor intensidad y sucederán con menor frecuencia.

Respirar antes de reaccionar te ayudará a encontrar ideas creativas y amorosas para enseñarle a tus hijos los comportamientos que quieres que tengan y alejarlos de las conductas que quieres que eviten, y que en la mayoría de los casos, hacen sólo para llamar tu atención.

Con mucho cariño, Lily