La esencia del niño es la alegría y el rol de los padres es educar a los hijos respetando esa esencia. La pregunta es ¿cómo educar, respetando la esencia alegre del niño?

En su libro Jovat HaTalmidim, el Rebe de Piazenza nos enseña que el rol de los padres es ayudar al niño a desarrollar el potencial que tiene guardado en su interior.

Esto es muy distinto a 'obligar' o a 'acostumbrar' al niño a hacer lo que los padres quieren.

Cuando los padres obligan o acostumbran al niño, ya sea a hacer sus deberes, a ordenar su cuarto o a comerse toda la comida, quizás vean resultados a corto plazo. Los niños se “portarán bien”, serán silenciosos, estudiarán y no harán escándalos a la hora de comer. O quizás los niños estarán tranquilos en casa, no interrumpirán a los adultos, se acostarán temprano y ayudarán con las tareas del hogar.

Sin embargo, los padres no tendrán ninguna seguridad de que sus hijos mantendrán los valores que les inculcaron, cuando lleguen a la adolescencia o incluso a la adultez.

Porque el sistema basado en enseñar conductas y hábitos se enfoca en lo que el niño 'hace', y no en la 'esencia' del niño.

El Rey Shlomó nos asegura que una educación basada en respetar la naturaleza del niño lo llevará a seguir los caminos de sus padres también en su vida adulta. Así lo escribe en Mishlé (22:6) “Educa al niño de acuerdo con su camino, y entonces se mantendrá al llegar a la adultez”.

Para reconocer la esencia del niño, el padre debe acercarse a su hijo, ponerse a su altura y conectar con él a través de sus cinco sentidos. En el momento en el que el niño se siente visto y escuchado, siente unión con su padre, y este sentimiento es el que lo llevará a sentirse cercano a Hashem.

Una educación respetuosa, centrada en conectar con la esencia del niño, no será igual para todos, sino que se ajustará a las necesidades, intereses y cualidades de cada uno, y se centrará en despertar el potencial con el que el niño vino al Mundo.

Y la herramienta principal que tenemos los padres para llegar al niño es la de motivar. 

Cuando el niño hace las acciones que se le han enseñado por su propia motivación siente alegría por lo que está haciendo y eso es lo que lo hace sentirse vivo y conectado con su esencia. Y eso es conectarse con Hashem, a Quien podemos sentir especialmente presente en nuestras vidas en los momentos de alegría.

Enseñarle al niño hábitos saludables para su vida será importantísimo para su desarrollo, no debemos dejar esta herramienta de lado. Pero debemos tener la perspectiva de que no es lo principal en la educación de nuestros hijos. En cambio, incentivar a los hijos a disfrutar de lo que hacen, trayendo alegría a sus vidas es lo que hace la diferencia y nos permite conectar con la esencia del niño.

Algunas herramientas que nos pueden ayudar a conectar con ellos son la música, el baile, la risa y todo lo que tenga que ver con el juego y lo lúdico. Despertar a los niños con música, jugar a poner la mesa como si fuera un restaurante, bailar en Shabat, reírse en familia, y a la vez permitirle al niño investigar y descubrir cuáles son sus intereses y sus habilidades, le permitirán al niño descubrir quién es, y desarrollar su potencial, gracias al apoyo y guía de sus padres.

Te invito a buscar cuál es la esencia de tu hijo, y dejar de lado por unos momentos los comportamientos inadecuados que presenta, para centrarte en la personita hermosa que tienes delante de ti.