¡Cuánto soñamos las madres con ver a nuestros hijos convivir en armonía! Quisiéramos verlos jugando juntos, apoyándose, queriéndose y respetándose.

Pero en vez de eso, solemos encontrarnos con peleas, gritos, rabias, celos, golpes, llantos, dolor y mucha frustración.

Y frustración principalmente de las madres, que no sabemos cómo relacionarnos con las peleas de los niños.

Cuando los niños pelean podemos enojarnos y explotar… pero con eso estamos subiéndole el nivel a lo que era una "pelea de niños".

Podemos ignorarlos… pero con eso les estamos dando el espacio para que se sigan haciendo daño.

Podemos tomar partido por el niño más débil… pero con eso estamos convirtiendo a un niño en víctima y al otro en agresor.

Podemos tratar de separarlos… pero con eso no los estamos dejando que aprendan a solucionar los problemas por sí mismos.

Desgraciadamente, cuando los hermanos se pelean no hay ninguna forma ideal para “apagar el incendio”.

En términos generales podría decirte que no enganches tú en la pelea, que busques cómo separar a los niños sólo si se están haciendo daño, y que si es una pelea menor, mejor no meterse.

Y sobre todo que no te muestres favorable por uno de tus hijos, ya que a cada uno le molestó algo y cada uno puso algo de sí para que comience la pelea.

Pero la clave para tener armonía en el hogar está en el trabajo que haces cuando los niños no están peleando. En cómo generas un ambiente en casa en el que se apoyan los unos a los otros sin fomentar la competencia.

Un ambiente en el que cada uno es valorado por quién es, con sus virtudes y defectos.

Un ambiente en el que los niños no se sienten presionados a hacer cosas que no les son adecuadas.

Un ambiente en el que cada uno puede expresar sus sentimientos sin ser juzgado.

Un ambiente en el que cada uno tiene su espacio, y se siente pleno haciendo las cosas que le gustan.

Porque las peleas de los niños son en realidad un síntoma, que nos viene a recordar que hay áreas en las que debemos trabajar, para mejorar nuestra dinámica familiar.

Con mucho cariño, Lily