Muchas madres me han contado que sus hijos las sacan de quicio, que se desesperan, que ya no saben qué hacer y que no pueden más con la situación.

Porque seamos sinceras, en la dinámica con los hijos hay muchos momentos difíciles, principalmente cuando les pedimos ordenar y cuando que hay que salir al colegio, a la hora de comer y a la hora de dormir.

Simplemente queremos que los niños hagan lo que para nosotras es tan claro.

Pero para ellos, parecen ser situaciones complejas y por eso es que muestran tanta resistencia a ordenar, a comer, a estar listos con tiempo y a acostarse.

Y a nosotras nos genera mucho estrés sentir que no lo estamos haciendo bien al ver el desorden o a los niños saliendo tarde a la escuela, al ver que  los niños no vienen a la mesa o que están despiertos hasta tarde.

La pregunta es, ¿qué hacemos con el estrés y con la angustia de sentir que los niños no se comportan como quisiéramos?

La desesperación de querer controlar las situaciones nos puede llevar a hacer cosas que no quisiéramos hacer, como alzar la voz, gritar, amenazar, castigar y pegar…

Todas estas reacciones son producto de un vacío que tenemos dentro, de una voz interna que nos dice que si las cosas no son cómo consideramos que deben ser entonces hay un problema en mí o en el niño.

Y para no escuchar esa voz, preferimos cerrarnos, y hacer todo lo necesario para no sentir ese dolor. Incluso si eso implica desconectarnos de la mamá dulce y cariñosa que somos, para actuar de manera más dura y desconectada de nuestra esencia.

Pero nuestros sabios nos enseñan que “la persona estricta no puede enseñar” (Pirkei Avot 2:5)

De aquí aprendemos que para educar un niño tenemos que estar en un lugar conectado y consciente, buscando cuál es la mejor manera de transmitirle al niño el mensaje que le queremos dar.

Actuando desde el amor y no desde el miedo, desde la conexión y no desde la impulsividad.

Te invito a tomar conciencia sobre cuáles son los sentimientos que te están dirigiendo en la educación de tus hijos, para que la impulsividad no te domine y en cambio  puedas decidir cómo criarlos según tus valores y tu amor de mamá.

Con mucho cariño, Lily