Seguro que te has hecho esta pregunta varias veces: ¿Por qué la crianza es tan difícil?

Todas las madres convivimos con desafíos, como pasar noches sin dormir, lidiar con niños que no nos escuchan, pasarnos todo el día ordenando para seguir encontrándonos con la casa desordenada y miles de otras situaciones posibles que se nos presentan en nuestro día a día una y otra vez.

Pero la principal dificultad tiene que ver con que la maternidad despierta nuestros sentimientos más profundos. En especial esos sentimientos que tratamos de evitar como dolor, miedo, enojo y preocupación, que se entremezclan con la gran alegría que sentimos simplemente por el hecho de ser madres.

Cuando somos madres, todo se vuelve más intenso y es así que los sentimientos que preferimos guardar y no sentir, se nos escapan de las manos y aparecen cuando menos lo deseamos.

¿Pero por qué tiene que ser así?

Así como nosotras las madres tenemos un rol en la educación de nuestros hijos, nuestros hijos tienen un rol en nuestro desarrollo personal, cómo dice la Guemara, "No los llames ‘tus hijos’ sino que ‘tus constructores’” (la palabra banaij ‘tus hijos’ también se puede leer como bonaij ‘tus constructores’)

A pesar de ser adultas nosotras aún no estamos completas. Tenemos mucho por crecer, por desarrollarnos y por conocer de nosotras mismas y del mundo.

El rol de los niños es reflejarnos las áreas en las que debemos crecer, haciéndonos ver en sus comportamientos qué es lo que nosotras —sus madres— debemos mejorar.

Ellos nos recuerdan que los sentimientos se expresan. Y cuando nos es difícil lidiar con una determinada emoción del niño, es señal de que nosotras, probablemente, estamos reprimiendo ese sentimiento.

Los niños nos muestran que el orgullo y la rigidez son características que debemos dejar atrás, para darle lugar a la flexibilidad, a la conexión y al amor.

Los niños nos guían a trabajar en nosotras mismas porque la forma más natural de enseñar es con el ejemplo.

No luches contra de los malos comportamientos de tus hijos, en cambio, tómalos como una oportunidad de crecimiento, como un síntoma de que hay algo en ti que necesitas trabajar, y te aseguro que cuando lo hayas hecho,
el mal comportamiento de tu hijo desaparecerá.

Con mucho cariño, Lily.