El principio de la inercia existe, no sólo en el mundo físico, sino que también en el espiritual. El bien trae un bien más grande. La alegría trae una alegría aún mayor.

Cuando hacemos cambios positivos se detona un efecto en cadena, como una bola de nieve, que nos traerá más y más positivismo.

Esto mismo tiene una contraparte negativa. Peleas traen más peleas y gritos traen más gritos.

¿Qué haces cuando tus hijos se pelean? ¿Intentas controlar la situación retándolos, castigándolos o incluso explicándoles por qué deben parar con sus disputas?

Cuando hacemos esto, la pelea suele interrumpirse por un tiempo, pero al rato sigue, probablemente con más fuerza.

Las peleas en mi casa pueden empezar porque un niño le saca algo a su hermano sin permiso, porque dos hermanos no quieren integrar al tercero en el juego, o porque se dicen palabras ofensivas.

Cuando esto pasa, yo en seguida tengo el impulso de intervenir y decirles,

“DEVUÉLVELE EN SEGUIDA A TU HERMANO” (hablando con desesperación),

“NO SE DICEN PALABRAS OFENSIVAS” (fastidiándome) o

“DEBEN JUGAR TODOS JUNTOS” (gritando).

En general, la respuesta de mis hijos a estas palabras es nula. Los niños me ignoran, lo que me lleva a desesperarme, fastidiarme o ir subiendo la voz cada vez más.

Hay padres a los que sí les sirven este tipo de estrategias;

un grito y los niños dejan de pelear;

un buen castigo y nadie tomará las cosas de los demás,

una amenaza y adiós a las malas palabras.

El problema es que de esta manera le estamos enseñando al niño a obedecer desde el miedo.

Queremos que nuestros hijos nos “hagan caso” porque saben que nosotros los guiamos en el camino de la vida y porque confían en que nuestras enseñanzas son para su bien.

Cuando ves un mal comportamiento en tu hijo, se detonan sentimientos negativos como frustración, enojo, rabia, incertidumbre o impotencia que de a poco van afectando todo el ambiente familiar.

Lo ideal en el caso de las peleas es cortar lo antes posible la situación con una inyección de positivismo. Mientras antes actúes, más fácil será generar un cambio de dirección.

Muchas veces los niños pelean o desobedecen, porque están cansados, tienen hambre o simplemente porque están aburridos. Ellos necesitan un padre líder que los ayude a salir de ese mal comportamiento al que entraron ya que no tienen las herramientas para salir por sí solos.

¿Cómo hacerlo?

Invita a tu hijo a comer algo, salgan a dar un paseo, pongan música, inviten amigos, o propón cualquier actividad que sea distinta a la que están haciendo y que les llame la atención.

Esto es dar un giro hacia lo positivo, lo que traerá más y más positividad.

Si te das cuenta, un error que solemos cometer los padres es castigar a los hijos quitándoles la actividad que más les gusta; salir con amigos, la clase de fútbol o su juguete favorito. Esto es un error, porque justo son estas actividades las que le permitirán al niño salir de su estado desafiante o peleador.

La última vez que mis hijos entraron en este ambiente de pelea entre ellos, lo que nos ayudó a romper este ciclo fue ir a un parque. Mi hijo llevó su pelota e invitó a su hermana a jugar con él, mi otra hija se encontró con amigas y la menor estaba feliz de jugar en los juegos.

Después de esto nadie se acordó de la pelea y todos volvieron a jugar juntos nuevamente.

Te propongo que hagas un plan sobre qué actividades te pueden ayudar a guiar a tus hijos a salir del círculo de los malos comportamientos.

Y que así estés preparada para el próximo berrinche o la próxima pelea de tus hijos.

Con mucho cariño, Lily