La adolescencia suele ser el terror de los padres. Esa etapa de la vida del niño que muchas veces asociamos con rebeldía y faltas de respeto.

La adolescencia suele ser como un tohu vabohu (caos), donde emociones, sentimientos, ideas, hormonas y pasiones parecen estar entremezclados como en una olla a presión. Incluso los niños tranquilos y que se portan bien, al llegar a la adolescencia pueden vivir una metamorfosis al comenzar a desafiar nuestros límites.

Así lo vemos los adultos, y así mismo lo viven los jóvenes adolescentes.

En la adolescencia, los niños viven una serie de cambios fisiológicos que son reflejo de lo que está ocurriendo en su mundo interior. Es una etapa de hipersensibilidad y cuestionamiento del mundo, lo que puede traducirse en ataques de llanto, explosiones de enojo, intransigencia y muchas veces jutzpá (trato irrespetuoso) hacia nosotros, sus padres.

Todas estas actitudes nos pueden desesperar, irritar, enojar o despertar nuestros profundos miedos. A la mayoría de los padres les vienen a la mente algunas de las siguientes preguntas:

¿Qué irá a ser de este hijo?

¿Para eso le di lo mejor de mí?

¿Por qué no se da cuenta que sus amigos lo están influenciando negativamente?

¿Por qué no me escucha?

¿Cuándo va a entender?

¿Por qué hace todo al revés de lo que yo quisiera?


Mirando la adolescencia desde otra perspectiva, podemos decir que es una etapa de autodescubrimiento y autoidentificación. Los jóvenes están tratando de contestarse la pregunta "¿quién soy?", y para eso deben tomar cierta distancia de sus padres y buscar sus propios gustos e intereses, y descubrir cuál es su potencial.

Esto no significa que debemos dejarlos solos en este proceso. Al contrario, nuestros hijos adolescentes nos necesitan más presentes que nunca, ayudándolos a ordenar ese torbellino que tienen dentro. Estemos ahí para ellos. Veamos lo positivo que hacen, demos lugar a sus sentimientos, y mostremos con amor y paciencia, cuáles son los límites en los que se pueden mover, de manera que se abran al mundo de una manera segura y plena.

Te invito a que busques el equilibrio entre ser permisiva y autoritaria, segura y flexible, firme y cariñosa, para que logres llegar al corazón de tu hijo adolescente.

Con mucho cariño. Lily