Enfocarnos en lo positivo es la clave para tener una vida abundante y feliz.

Es fácil alegrarnos con las cosas positivas: con los talentos de nuestros hijos, con sus buenas calificaciones, y con sus logros.

Pero ¿qué pasa cuando tu hijo reprueba un examen, se comporta horrible delante de los invitados o te habla sin respeto?

La Rabanit Yemima Mizraji comenta que una persona que vive una vida “de película”, donde todo es “perfecto”, no tiene una vida completa. A esta persona le falta la imperfección: niños reclamando, problemas financieros, discusiones de pareja o cualquier otra preocupación.

Las dificultades que tenemos en la vida son en realidad una fuente de alegría, ya que despiertan nuestra vulnerabilidad.

Ser vulnerable te permite conectarte con los demás, comprender mejor los errores de tus hijos e identificarte con ellos.

Ser vulnerable te permite mostrarle a tus hijos con tu ejemplo que equivocarse es parte de la vida, y que a pesar de los errores, se puede seguir adelante.

La Rabanit Yemima Avital a''h decía que una dificultad es una oportunidad para hacer un tikún (arreglar, mejorar). Y ese es justamente nuestro rol en este mundo, venir a mejorarlo.

El Rav Shmuel Elihau nos enseña que a veces son precisamente las dificultades que se nos presentan, las que tienen el potencial de llevarnos hacia un bien mayor.

Si te cuesta esta idea, fíjate en cómo las dificultades con tus hijos te han llevado a estudiar sobre la maternidad y así comenzar un camino de desarrollo personal y tikún hamidot (trabajar las cualidades personales).

Mientras avances en ir superándote y mejorando como persona, verás cómo las dificultades que hay en tu vida se van aminorando, porque en el fondo estaban ahí sólo para que aprendas algo de ellas.

Te invito a que abraces tu imperfección y la de tus hijos, que valores tu vulnerabilidad, aprendas a vivir con ella y la veas como la base para tu crecimiento personal.

Con mucho cariño, Lily.