Si tienes un hijo con el cual la maternidad te está siendo especialemte difícil, lo mas probable es que sea porque ese hijo está reflejando algo de ti en su conducta.

El Rav Ginzburg explica que los hijos son el espejo de sus padres, ya que reflejan sus características, tanto positivas como negativas.

Para los padres nos es especialmente difícil cuando los hijos reflejan nuestras carencias, nuestros defectos y ese aspecto nuestro que quisiéramos que no existiera. Y esta dificultad se ve aumentada, ya que el reflejo que nos muestra el niño pasa por un aumento, de manera que vemos la conducta que no nos gusta en nosotros mismos reflejada en el niño y agrandada.

¡Cuánto dolor nos genera esto! Sobre todo porque no queremos que los hijos caigan en nuestros mismos errores.

Entonces ¿qué hacer ante los malos comportamientos de nuestros hijos?

Si la raíz del mal comportamiento de mi hijo tiene que ver conmigo, enojarme con él, castigarlo y culparlo sería un error, ya que el niño está aprendiendo esos comportamientos de mí. Como dice el Baal Shem Tov: "Cuando una persona sufre por el mal comportamiento de sus hijos, es señal de que hay un problema en su enfoque". Porque si el mal comportamiento del hijo es un reflejo de los padres, entonces cuando mi hijo se porta mal, me está dando una oportunidad de introspección, de crecimiento, de cambio y de teshuvá.

En la medida en que los padres revisen qué deben aprender del comportamiento de sus hijos y vayan así mejorándo y creciendo, el hijo irá dejando las malas conductas, puesto que éstas ya no reflejarán a sus padres.

Esto no quiere decir que cuando un padre ve un mal comportamiento en el hijo tiene que enfocarse sólo en sí mismo y no disciplinar a su hijo. El padre sigue teniendo el rol de educar y de poner limites sanos y amorosos para guiar al niño por el mejor camino. Pero de la mano con esto, debe mirarse también a sí mismo y a su camino de crecimiento personal.

Si sigues estos pasos, te aseguro que la crianza de los hijos se hará más fácil y llevadera, incluso que sigan habiendo desafíos, porque tendremos la tranquilidad de que nuestro trabajo personal influirá en las almas de nuestros hijos, llevándolos a florecer y a expresar lo mejor de sí y así convertirse en la mejor versión de sí mismos.