El Rey Shlomó nos enseña que, de la misma forma como cuando te miras en el agua puedes ver tu reflejo, así también cuando ves a otra persona puedes verte reflejada en su forma de actuar, en sus características, en lo que ves en ella.

El Baal Shem Tov profundiza esta enseñanza diciendo que si vemos algo que nos molesta en la otra persona, eso es señal de que nosotros también tenemos esa característica dentro nuestro, tal cual un espejo. Y que cuando tratamos de corregir a la otra persona, nos parecemos a quien limpia el espejo para sacarse la suciedad que tiene en la cara.

El Rav Wolbe le llama a este sistema “la linterna mágica”; reconocer en el otro lo que hay en mí, es como una luz que me ilumina para saber cuál es el proceso de crecimiento que tengo que realizar, para convertirte en una mejor persona. Esta luz está llena de jésed (bondad) ya que guía nuestros pasos y a la vez nos quita el peso de tener que corregir a los demás.

Las cosas que veo y me molestan en el otro, tienen más que ver conmigo que con la otra persona.

Puede ser que esta idea te sorprenda.

¿Acaso si me molesta que mi hijo sea irresponsable, quiere decir que yo soy irresponsable?

¿Y si me parece que es peleador, es señal de que yo también soy peleadora?

La respuesta es que puede ser que sí, pero no necesariamente.

Puede ser también que tengas esa característica en un nivel muy pequeño y que verla reflejada en tu hijo (o en otra persona) te moleste, porque te recuerda que no eres “perfecta” en esa área.

O puede ser que no tengas esta característica, pero que verla en tu hijo te genera un dolor inconsciente. Por ejemplo, si te molesta que tu hijo sea obstinado y luche por lo que quiere, puede ser que tú nunca te has dado el permiso de mostrarte fuerte para conseguir lo que para ti es importante.

La Rabanit Ora Rivka Waingort comenta que cuando hacemos un trabajo personal profundo, podemos llegar a sentir qué características que antes nos molestaban en el otro, se desvanecen o por lo menos disminuyen considerablemente.

Escribo todo esto para contarte que la introspección y el trabajo personal es la base de la maternidad.

Cuando estoy centrada en mirar hacia adentro, buscando qué es lo que me pasa a mí frente a distintas situaciones y trabajo en mi necesidad de controlar a los demás, entonces las dificultades se van diluyendo y las personas que me rodean —principalmente mis hijos— responden generosamente.

Cuando los niños se sienten aceptados y no tienen miedo a ser criticados, tienden a actuar de una manera más colaboradora y menos desafiante. Y poco a poco, o quizás rápidamente, harán los cambios positivos con los que tanto sueñas

¿Te atreves a intentarlo?

Con mucho cariño, Lily