La Rabanit Ester Jungreis a''h escribe en su libro Matrimonio con Compromiso que hay dos formas de ver el mundo: ver la luz y ver la oscuridad.

Podemos ver el mundo con un 'buen ojo' o con un 'mal ojo'. Dependiendo de cuál ojo estemos acostumbrados a usar, será que nos volveremos consideradas o amargadas, pacientes o enojonas, amorosas o criticonas. Todo depende de cómo entrenemos nuestros ojos.

Fortalecer nuestro 'buen ojo' en relación a nuestros hijos, reconociendo lo positivo que hay en ellos, es la base de su confianza básica. Los niños necesitan que tengamos con ellos una actitud bondadosa y comprensiva y que minimicemos las críticas y exigencias.

La necesidad básica de todas las personas es sentirse amadas, atendidas y apreciadas. Un niño que siente que tiene cubiertas estas necesidades, no necesita actuar con rebeldía para llamar la atención de sus padres, ni tratar de pasar inadvertido por miedo a ser criticado. El niño que se sabe querido y aceptado tal cómo es, con sus virtudes y defectos, sabe también que sus padres están ahí siempre que él los necesita.

Rabi Najman de Breslev nos enseña que para entrenar nuestro 'buen ojo', debemos acostumbrarnos a buscar el “punto positivo” que hay en cada situación.

Encontrar ese bien, por muy oculto que esté, es "encontrar a Hashem en este mundo".

¿Qué te parece esta idea?

Puedes estar enfrentando situaciones difíciles con tu hijo, quizás te habla con desprecio, se queda horas en el computador, no colabora con los quehaceres de la casa o se queda con los amigos y llega a casa en horarios inaceptables.

¿Puedes a pesar de todo esto, describir sus virtudes?

Tu hijo puede ser desordenado, pero también cariñoso, alegre y sensible.

Quizás es irrespetuoso pero también risueño, estudioso y generoso.

O quizás se enoja mucho, pero también es persistente, empático y compasivo.

Te propongo que hagas una lista de las principales cualidades de cada uno de tus hijos, y así desarrolles la capacidad de ver la pureza que hay en cada uno de ellos. Esto no quiere decir que tenemos que ignorar los malos comportamientos de nuestros hijos, pero sí que tenemos que ponerlos en perspectiva.

Hace unos días hicimos un paseo en la naturaleza. Mi hija Adasa de diez años se dio cuenta de que sus pies se habían enlodado, y me lo comentó con un poco de incomodidad.

Yo le dije que enlodarse es parte de la experiencia de este tipo de paseos, a lo que ella me contestó —con un tono irónico— “ensuciarse es parte de la experiencia perfecta de estar en la naturaleza”.

Me encantó su respuesta, porque me vino a enseñar qué es desarrollar el 'buen ojo'.

El 'buen ojo' no quiere decir que ignoramos lo negativo o que no nos hacemos cargo de ello (claramente cuando pudimos nos limpiamos el lodo). Un 'buen ojo' es centrarnos en lo positivo y aceptar que lo negativo es parte de la “experiencia perfecta” de la vida.

Te invito a reflexionar sobre lo maravilloso que es tu hijo. Llénate de ese sentimiento. Habla de eso. Coméntale sobre sus virtudes. Y cuando veas sus malos comportamientos, entiéndelos como “el lodo” que lo ensucia por un tiempo, pero que tu hijo puede lavarse con tu ayuda.

Con mucho cariño, Lily