¿Recuerdas ese comienzo cuando estabas embarazada?

¿Soñabas con cargar a tu hijo, abrazarlo, besarlo y acurrucarlo?

¿Pensabas que cuando tuvieras a tu hijo en brazos, todo sería mágico, como el final feliz de un cuento de hadas?

Tu hijo nació y probablemente te hayas encontrado rápidamente con las noches sin dormir, el agotamiento y muchas veces la desesperación de no saber cómo calmar al niño.

En la medida que los años pasan las dificultades crecen, y así van apareciendo los berrinches, la desobediencia, la insolencia, el mal humor y el desinterés por hacer los deberes.

Las madres tenemos un motor interno que nos ayuda a seguir adelante, esforzándonos por mantenernos positivas y sin perder las esperanzas. Pero los reiterados malos comportamientos y la desobediencia continua de los hijos pueden llevar a preguntarnos, ¿para qué?

¿Para qué pasé noches sin dormir?

¿Para qué he dejado de lado mis pasatiempos?

¿Para qué he dado lo mejor de mí, me he puesto en segundo plano y me he sacrificado día y noche?

¿Para qué…?

¿Será que lo invertido no está dando sus frutos?

¿Será que mis esfuerzos han sido en vano?

La rabanit Yemima Mizraji nos cuenta que es precisamente esta la pregunta que se hace Hashem (Dios) luego de haber creado al hombre, al verlo comer del árbol prohibido, al ver que Caín mata a su hermano y al ver cómo el hombre se fue pervirtiendo generación tras generación hasta el Diluvio.

¿Para qué creé el mundo?

Las historias que nos cuenta el comienzo de la Torá podrían deprimirnos, pero su objetivo en realidad es darnos un mensaje de esperanza que nos llene de luz en momentos de decepción.

De aquí aprendemos que siempre tenemos una nueva oportunidad para volver a empezar. No importa cuán bajo hayamos caído, cuán difíciles estén las cosas con nuestros hijos, o cuán compleja sean las situaciones que estemos viviendo.

Hashem nos dio un comienzo de la maternidad idílico como el Gan Eden (paraíso), para que recordemos que ésta es la dirección en la que debemos dirigirnos. Vamos hacia ese ideal que soñamos, independiente de donde nos encontremos hoy.

Por eso, todos los sueños que tienes de vivir una maternidad mágica como en un cuento de hadas, son reales y existen a pesar de las dificultades del día a día.

No dejes de soñar, de abrazar y de confiar en que los desafíos que estás viviendo con tus hijos son pasajeros y que son parte del camino para volver a vivir la magia del Gan Eden.