La palabra extremismo es intrínsecamente relativa y, por ello, no ayuda a aclarar las cosas. La postura extremista de una persona es la centrista de otra. Además, a veces es bueno tender hacia la marginalidad social. Un “radical” en la Alemania Nazi era alguien que consideraba a los judíos como seres humanos a la par de los demás.

Tanto el fanático como el idealista están dispuestos a realizar enormes sacrificios por el objeto de sus convicciones, pero por motivos absolutamente distintos.

Al fanático lo que menos le importa es la verdad; se mantiene firme en su postura, con la mente cerrada, pese a enfrentarse con un mar de pruebas que le contradicen. No podemos hablar con fanáticos porque no están abiertos al diálogo; están totalmente absortos en sí mismos, sin pensar en nada más que en su propio ego.

Un idealista está comprometido con sus creencias, independientemente de cuán minoritarias o exigentes sean, porque estima con sinceridad que son ciertas. Con su pasión por la verdad, mantiene la mente abierta y desafía a los demás, no mediante un despliegue de potencia física, sino que con la fuerza del análisis intelectual. Podemos hablar con idealistas porque están abiertos al diálogo y dispuestos a que se les demuestre que están equivocados. El idealista se preocupa de que su causa sea justa, no de su propio ego.

Un idealista escucha; un fanático ni siquiera desea oír.

En resumen

La palabra extremismo es intrínsecamente relativa. A veces el extremismo es bueno.

Al fanático no le importa si su causa es justa o no; no está abierto al diálogo y permanece totalmente absorto en sí mismo.

Al idealista lo único que le importa es la verdad y está abierto al diálogo; está totalmente comprometido a vivir según sus creencias sin importar cuán difícil le resulte.

Fuentes de referencia

1. Si eres una persona dotada de intelecto y entendimiento… estás obligado a utilizar tus facultades hasta que alcances un conocimiento claro y definido… En orden cronológico, el aprendizaje basado en la tradición debe necesariamente preceder al conocimiento que se adquiere por raciocinio, dado que quienes aprenden deben confiar en lo que les fue enseñado antes de que puedan adquirir conocimientos independientes. Sin embargo, podría reflejarse una falta de voluntad si alguien, capaz de alcanzar la certidumbre por el método de la demostración racional, confiara tan sólo en la tradición. Todos quienes están dotados de la capacidad necesaria tienen la obligación de investigar, con su raciocinio, todo lo que pueda adquirirse y traer pruebas capaces de ser respaldadas mediante un criterio ponderativo.

Rabeinu Bajia, Los Deberes del Corazón, Introducción