Cada cualidad buena es beneficiosa para el matrimonio, ¿pero qué cualidades son tan decisivas que un matrimonio no puede funcionar en su ausencia?

Consideremos estas tres: bondad, lealtad y sinceridad.

1. Bondad: No confundamos la bondad con la amabilidad. La amabilidad significa actuar en una forma agradable y socialmente estética. Todo lo que esto nos indica sobre la persona es si él/ella tiene buenos modales, es cortés y nunca nos escupiría en el rostro. La amabilidad no es indicativa de bondad.

La bondad implica estar auténticamente preocupado de las necesidades ajenas sin motivos ulteriores. Significa trascender de nuestro propio ser, ampliando los parámetros de nuestra existencia para sentir el dolor o la dicha de los demás. Nos resulta imposible hacernos verdaderamente uno con una persona egoísta. La bondad nos permite olvidarnos de nuestro propio ser y conectarnos profundamente con otra persona.

2. Lealtad: La lealtad es el factor más elemental de todo compromiso, el cemento que cohesiona toda relación. El matrimonio se cimenta en un compromiso para toda la vida y la lealtad es el ingrediente clave de este compromiso. Con ella, podemos confiar totalmente en nuestra pareja. Sin ella, no puede existir un matrimonio – sólo dos viajeros solitarios que comparten la misma recámara.

3. Sinceridad: No podemos nutrir una relación con alguien que no se conoce a sí mismo o que no sea sincero con nosotros. ¿Cómo podemos gozar de intimidad si ni siquiera estamos seguros de quién es la persona con que compartimos esa intimidad? La sinceridad es la piedra angular sobre la cual edificamos la confianza y la comunicación verdadera. Nos permite construir una verdadera relación, no una farsa.

Un buen matrimonio requiere de estas tres cualidades. Lo difícil es encontrar una pareja que las posea. Incluso más difícil y quizás más importante, es cerciorarnos de que nosotros mismos poseamos estas cualidades.

En resumen

Tres cualidades indispensables para el matrimonio:

Bondad: estar auténticamente preocupados del bienestar de los demás. Implica mucho más que tan sólo ser “amable”.

Lealtad: el fundamento del compromiso mediante el cual se genera confianza y cohesiona la unión de dos personas.

Sinceridad: conocerte a ti mismo y ser honesto con los demás. Es la base de la confianza y la comunicación.

Fuentes de referencia

1. Vemos que el amor y el dar siempre van de la mano. ¿Es el dar una consecuencia del amor o es el amor un resultado del dar? Por lo general pensamos que el amor provoca el dar, porque notamos que la persona entrega un sinnúmero de regalos y favores a su ser amado. Pero este argumento tiene otra perspectiva también. El dar puede provocar el amor por el mismo motivo que una persona ama lo que ella misma creó o crió, reconociendo en ese objeto una parte de sí. Ya sea un hijo que trajo al mundo, un animal que crió o una casa que construyó, la persona posee lazos de amor con la obra de sus manos…

¿Por qué suele suceder que el afecto entre hombre y mujer no parece duradero? Las personas por lo general son “tomadoras”, no “dadoras”… Cuando comienzan las exigencias, el amor se va… Hay quienes no desean contraer matrimonio. Esto se debe a que no pueden deshacerse de las ataduras que les ha impuesto la inclinación por tomar para sí. Incluso sus instintos naturales no puede transformarlos en dadores, ni siquiera en forma temporal…

En conclusión, la mejor relación entre marido y mujer puede alcanzarse cuando ambos logran y ejercen el atributo del dar.

Rabí Eliahu Dessler, Mijtav M’Eliahu Discurso sobre la Bondad