La felicidad es un anhelo universal, y aún así hay mucha gente desdichada. ¿Por qué?

El primer problema es que definimos la felicidad como una búsqueda, como algo que se encuentra fuera de nosotros y que debemos localizar y atrapar. Quizás la hallemos en un auto nuevo, en un mejor trabajo, una novia o un novio, o en el boleto ganador de la lotería. Tratamos de convencernos: “Si tan sólo fuera más seguro de mí mismo, más apuesto, más exitoso… entonces sería feliz”.

Todos conocemos gente que parece tenerlo todo y aun así es desdichada. Sin embargo, también hay personas que deben lidiar con circunstancias muy difíciles e irradian una sensación de felicidad.

La felicidad no tiene nada que ver con circunstancias externas.

La felicidad depende tan sólo de las alternativas por las que optamos internamente.

Los Sabios enseñan: “¿Quién es rico?, el que es feliz con lo que tiene” (Ética de los Padres 4:1). Todos los sucesos son neutrales y, en realidad lo que determina nuestro estado emocional es la forma en que elegimos interpretar esos sucesos. Ninguna situación externa nos puede hacer feliz. Si optamos por apreciar lo que tenemos y ver lo bueno de cada situación, nos sentiremos prósperos y satisfechos. Si damos por hecho lo bueno o si nos enfocamos en lo negativo, seremos infelices independientemente de lo que pueda ocurrir.

El secreto de la felicidad yace en apreciar verdaderamente lo que poseemos, valorar las bendiciones que recibimos cada día y aprender a saborear la dulzura que la vida nos ofrece.

Apreciar lo bueno no significa hundir la cabeza en la arena y desconocer problemas reales. No debemos caer en un optimismo irrealista, sino más bien esforzarnos por vivir dichosos y al mismo tiempo enfrentar los desafíos que se nos vayan dando. La felicidad nos da la energía necesaria para cumplir y satisfacer nuestras responsabilidades. La preocupación y la desesperación son formas sutiles de eludir nuestros deberes.

La felicidad no es un acontecimiento; es una alternativa por la cual podemos optar ahora mismo.

En resumen

La felicidad no depende de las circunstancias externas.

La felicidad es una elección gracias a la que podemos optar por apreciar lo que tenemos y buscar lo bueno de cada situación. La forma en que elegimos interpretar los sucesos determina nuestro estado emocional.

El secreto de la felicidad yace en apreciar lo que tenemos y en valorar las bendiciones que recibimos cada día.

Fuentes de referencia

1. Te regocijarás con todo lo bueno que Dios te ha dado.

Deuteronomio 26:11

2. En una gran medida, nosotros mismos creamos el mundo en que vivimos. Si bien muchos acontecimientos se encuentran más allá de nuestro control… aun así somos capaces de controlar -en forma nada despreciable- nuestras actitudes hacia una situación determinada. De ahí que las consecuencias emocionales de los sucesos que nos rodean dependen mucho de nosotros… La felicidad es algo que se puede aprender… Nuestros pensamientos controlan nuestras emociones y en gran medida somos capaces de controlar nuestros pensamientos…

Nosotros mismos elegimos tener los pensamientos que fomentan nuestra felicidad o aquéllos que nos hacen desdichados.

Rabí Zelig Pliskin, Gateway to Happiness, pág.49

3. Toda la felicidad radica en la mente. Quien comprende todo lo bueno que ofrece el mundo siempre está dichoso. La vida está llena de placeres intensos al alcance de todas las personas, pero muchas no logran apreciarlos por culpa de actitudes mentales erróneas.

Rabí Avigdor Miller, Sing, You Righteous, pág.17