Cuatro ciegos se topan con un elefante. Uno palpa la pierna y está convencido de que es el tronco de un árbol. Uno palpa la cola y piensa que es un látigo. Otro toca la trompa del elefante y decide que es una manguera, en tanto que el cuarto ciego palmotea el costado y está seguro de que es una muralla.

El sabio les dice: “Todos tienen la razón”.

¿Cuál es la moraleja de esta historia? Mucha gente utiliza esta parábola para ilustrar que todo es relativo.

A fin de cuentas, aquí tenemos a cuatro personas, y cada una llega a una conclusión muy diferente.

Pero, ¿acaso existe aquí un elefante? ¿O no?

¡No importa lo que piensen! En realidad se trata de un elefante. Esa es la realidad objetiva, independientemente de lo que ellos opinen.

¿Cuál fue la equivocación de los cuatro ciegos? Llegaron a su conclusión sin información suficiente. Basándose exclusivamente en la trompa del elefante, resulta poco probable que alguien pueda llegar a una conclusión correcta. ¿Qué deberían haber hecho? Tendrían que haber compartido sus impresiones entre sí, juntar todas las piezas del rompecabezas hasta que surgiera un cuadro más nítido. Podrían haber extraído algunas conclusiones preliminares: no se trata de un mueble; se trata a todas luces de un cuadrúpedo. En definitiva, podría haberse dilucidado la identidad del elefante.

Si aislamos una parte del todo, creamos una imagen distorsionada. Es muy similar al caso del padre que entra a un cuarto y ve a su hijo a punto de golpear a su hermana. El padre castiga al hijo, en tanto que la hija queda impune. Sin embargo él no vio la provocación inicial: la hija había golpeado a su hermano sin motivo alguno.

Para ser juez, debemos apreciar el panorama en su totalidad. La palabra hebrea que significa verdad, אמת (emet), nos transmite esta lección. La palabra consta de tres letras, álef, mem y tav. Estas son, respectivamente, las letras primera, intermedia y última del alfabeto hebreo. La verdad exige ver el principio, el medio y el final.

La verdad es compleja y multifacética, y a veces es muy difícil de captar. Pero no es relativa. La verdad existe; es objetiva y real.

Con el firme compromiso y la amplitud de miras necesaria para hallar cada vez más piezas del rompecabezas, podremos obtener una visión más clara de lo que es la verdad.

En Resumen

Hay una realidad objetiva. La verdad existe.

Debemos permanecer abiertos ante la posibilidad de incorporar cada vez más piezas al rompecabezas en nuestra búsqueda por una visión global.

Fuentes de Referencia

1. ...El sesgo nunca oscurece la verdad por completo. Incluso después de que los deseos del corazón han persuadido al hombre a aceptar el camino falso como verdadero, él todavía sabe en lo más recóndito de su corazón que el camino verdadero es “más verdadero” que el otro. Acepta la falsedad como un sucedáneo de la verdad, no como la verdad en sí… Cada ser humano tiene, por lo tanto, la facultad de determinar en su propio corazón dónde yace la legítima verdad.

Rabí Eliahu Dessler, Mijtav M’Eliahu, La Perspectiva de la Verdad