Una buena tarde, Carol se encontraba compartiendo sus dudas sobre la existencia de Dios con su amigo Steve.

Steve le dice: “Creer en Dios es como creer en el ratoncito que se lleva los dientes: tan sólo necesitas creer a ciegas. De hecho, cada religión puede resumirse en una fe ciega”.

¿Concuerdas con la opinión de Steve? ¿Acaso la creencia en Dios requiere de una fe ciega?

¿Qué se necesita para creer que la Torá fue entregada por Dios en el Monte Sinai? ¿Se fundamenta el judaísmo en la fe o en el conocimiento?

Definamos nuestros términos.

El Diccionario Webster’s define la fe como “una creencia sin cuestionamientos que no requiere de prueba o evidencia”. La fe es producto del deseo. Si deseas con desesperación obtener dinero rápido, podrías decidir depositar toda tu fe en una descabellada inversión bursátil que te garantiza triplicar tu dinero en un mes. Tu cabeza podría estar diciéndote: “¡No lo hagas!” Pero si tu ansiedad es muy intensa, pasarás por alto las pruebas y te dejarás guiar por tus sentimientos. Y probablemente perderás tu dinero.

El conocimiento, por otra parte, se define como “familiaridad con la verdad, los hechos o ciertos principios a través del estudio o la investigación”. El conocimiento se basa en las pruebas. Es racional.

Aunque no hayamos estado nunca en China, sabemos que ese país existe porque hay una cantidad de pruebas impresionante al respecto. Aparece en los mapas, hablan de ella en los noticiosos y dice “Made in China” en el fondo de nuestros tazones para café. Resulta irracional concluir que hay una conspiración mundial por parte de los fabricantes de mapas, industriales, reporteros y amigos que aseguran haber visitado China.

De estos dos enfoques, fe y conocimiento, ¿cuál preferirías para basar tu forma de vida?

Imagínate que un mecánico te dice que necesitas un carburador nuevo y que te costará quinientos dólares. Cuando le preguntas por qué, alza las manos. “¿Ve estas manos?”, te dice. “Son manos muy sensibles. Tan sólo coloco las manos sobre el capó y sieeento las vibraciones. Y, amigo mío, ¡usted necesita un carburador nuevo!”

Nadie gasta el dinero que con tanto esfuerzo ahorró, con base en las “vibraciones” que sienta el mecánico. Exigimos pruebas, hechos. Al tomar una decisión respecto de algo tan importante como la existencia de Dios, no debes limitarte a seguir tus sentimientos y “vibraciones”. Intenta llegar a una conclusión con base en una información racional y pruebas. Tan sólo un conocimiento nítido puede demostrarnos lo que es efectivamente verdadero, en tanto que los sentimientos por sí solos pueden distorsionar la realidad. La fe es lo que deseamos sea verdad, no necesariamente lo que sea verdad. El conocimiento es lo que sabemos es verdad.

El judaísmo nos exige construir una base racional para nuestras creencias. El primero de los Diez Mandamientos es saber que Dios existe. Dice: “Sabrás este día y lo implantarás en tu corazón, que el Eterno, Él es Dios en los cielos arriba y en la tierra abajo; no hay otro” (Deuteronomio 4:39).

El conocimiento intelectual es el cimiento – pero no la estructura completa – de nuestra relación con Dios. La Torá no nos dice que reduzcamos esta vibrante conexión a una ecuación estéril. Tan sólo cuando hemos construido un cimiento racional, la Torá nos ordena “implantarlo en tu corazón”. Entonces debemos esforzarnos por crear una relación íntima, profundamente personal y satisfactoria con Dios, asimilando lo que tenemos en el intelecto dentro de nuestros sentimientos. Debemos utilizar nuestro intelecto para guiar las emociones. Las emociones son herramientas potentes, pero cuando toman el control de la situación, podríamos ser dirigidos hacia un terreno peligroso. Los sentimientos pueden hacernos volar y llevarnos a un mundo de fantasía.

¿Cuánta evidencia necesitamos para creer en la existencia de Dios? El sistema de la justicia penal nos ofrece un punto de referencia. Después de que la fiscalía y la defensa presentan sus alegatos, el jurado sopesa toda la evidencia y decide si el acusado es culpable más allá de toda duda razonable. No más allá de toda duda, sino más allá de toda duda razonable.

Como mortales con limitada capacidad, rara vez alcanzamos un 100% de certidumbre. De hecho, todo el tiempo tomamos decisiones importantes sin certeza total. Al enfrentarnos con una decisión, intentamos tomar el camino más razonable. Sólo quienes desean basar sus creencias en la fe, en vez del conocimiento, optarían por una alternativa menos sensata en desmedro de la más razonable.

En Resumen

La fe es “creencia sin pruebas”, un fruto del deseo. Expresa lo que deseamos sea verdad, no lo que es efectivamente verdad.

El conocimiento se basa en información y pruebas.

El conocimiento forma una mejor base para creer pues sólo el conocimiento es capaz de apuntar hacia lo que es efectivamente real.

El primero de los Diez Mandamientos es saber que Dios existe.

El judaísmo nos dice que el intelecto debe dirigir nuestras emociones. Cuando las emociones toman las riendas de la mente, ingresamos a un terreno muy peligroso.

Para basar una decisión en el conocimiento, necesitamos evidencia suficiente, es decir, evidencia que está más allá de toda duda razonable. Si desconocemos la opción más razonable en favor de una menos sensata, entonces nuestra decisión se basa en la fe, no en el conocimiento.

Fuentes de Referencia

1. El fundamento de todos los fundamentos y el pilar de toda la sabiduría es saber que hay un Ser Primero que creó todas las cosas que existen. Todo lo que existe… existe sólo por medio de Su verdadera existencia.

Maimónides, Mishné Torá, Libro del Conocimiento, 1:1.

2. Respecto de si estamos obligados o no a investigar la doctrina de la unicidad de Dios… toda persona capaz de investigar este y otros temas filosóficos similares mediante métodos racionales está obligado a hacerlo en la medida de sus habilidades y capacidad.

Quien se abstiene de inquirir pertenece a la clase de personas carentes de sabiduría y buen comportamiento. Es como un enfermo que, pese a saber bien la naturaleza de su enfermedad y su correcto tratamiento, depende de un doctor que lo trate con diversos remedios. Es demasiado holgazán para emplear su conocimiento y facultades de raciocinio para comprobar si el doctor está tratando su afección de manera adecuada o no, pese a que podría fácilmente haberlo hecho…

La Torá dice: “Y las observaréis y cumpliréis, pues ésta es vuestra sabiduría y vuestro entendimiento a los ojos de las naciones” (Deuteronomio 4:6). Es imposible que otros pueblos reconozcan la grandeza de nuestra sabiduría y entendimiento a menos que haya pruebas y evidencias razonables acerca de la verdad de nuestra Torá y la veracidad de nuestra creencia.

Rabeinu Bajia, Los Deberes del Corazón, cap. 3, La Unicidad de Dios.

3. Sólo una creencia verdadera, y solamente la verdad, es digna de ser creída por la persona. Nadie debe creer en algo que no existe y creer que existe, como tampoco debe negar algo que existe y pensar que no existe.

Rabí Yosef Albo, Séfer Haikarim 1:22.

4. Cada judío debe creer y saber que hay un Ser Primero sin principio ni final, que creó todas las cosas y sigue sosteniéndolas. Este Ser es Dios.

Estas cosas son sabidas gracias a la sabiduría transmitida por los patriarcas y profetas. Con la revelación en el Sinai, todos los israelitas las percibieron y obtuvieron una comprensión nítida de su verdadera naturaleza. Ellos luego las enseñaron a sus hijos, generación tras generación, hasta hoy. Moisés les había ordenado: “No olvidaréis las cosas que visteis con vuestros propios ojos… y las transmitiréis a vuestros hijos y a los hijos de vuestros hijos” (Deuteronomio 4:9).

Estos conceptos también pueden verificarse lógicamente mediante pruebas demostrables. Su veracidad puede comprobarse con base en lo que observamos en la naturaleza y sus fenómenos. Gracias a disciplinas científicas tales como la física y la astronomía, pueden derivarse ciertos principios fundamentales y, con base en éstos, pueden deducirse pruebas claras para dichos conceptos.

Rabí Moshé Jaím Luzzatto, Dérej Hashem 1:1:1,2

5. Dice la Torá: “Sabrás este día y lo implantarás en tu corazón, que el Eterno, es Dios en los cielos arriba y en la tierra abajo…” “Sabrás” se refiere al conocimiento intelectual; “lo implantarás en tu corazón” se refiere al conocimiento que penetra el subconsciente e influye sobre nuestras acciones. Hay un gran espacio vacuo en la psiquis humana que separa el conocimiento intelectual y su toma de conciencia a nivel del corazón. Sólo cuando la persona logra una estrecha asociación entre “conocimiento” y “corazón”, sin brecha de por medio, las acciones de la persona serán consecuentes con su conocimiento.

Rabí Eliahu Dessler, Mijtav M’Eliahu, vol. 3 Torá y Mitzvot