Las palabras pueden provocar muchísima angustia y daños irreparables.

La sabiduría popular judía nos relata sobre un hombre que habló mal sobre el rabino del pueblo. Después suplicó al rabino que lo perdonara, en su deseo por reparar el daño. El rabino le dijo que tomara un cuchillo, que abriera una almohada rellena de plumas y que luego tirara las plumas al viento. Hizo esto y las plumas se esparcieron por doquier. "Ahora, ¿me perdona?", preguntó el hombre.

-"Sí", respondió el rabino, "tan pronto logres recuperar todas las plumas".

-"¡Pero eso es imposible!".

-"Exactamente. Cuando hablamos mal de alguien, el daño se difunde y tiene consecuencias muy a largo plazo. Es imposible reparar ese daño".

Las palabras son poderosas. Pueden quebrantar relaciones y arruinar reputaciones, o bien pueden edificar e inspirar.

Casi todo el mundo chismea, ansiosos por compartir y saber de los rumores más recientes. ¿Por qué? ¿Por qué atrae tanto esta clase de conducta?

El Talmud compara a los chismosos con una víbora, pues ambos atacan a sus víctimas sin obtener un beneficio tangible. La víbora muerde y envenena a la persona, mas no recibe ningún alimento a cambio. Y el chismoso no obtiene nada al destruir la reputación ajena.

Chismear no es sólo dar rienda suelta a nuestra curiosidad sobre la vida ajena. Es un intento de elevarnos a nosotros mismos. Resulta atractivo enlodar a los demás y, de manera instantánea, mejorar nuestra autoestima.

Así creemos poder ahorrarnos la difícil tarea de desarrollar una autoestima auténtica mediante la superación de nuestros defectos de personalidad.

Al final de cuentas, nos rebajamos. Como moscas atraídas por la inmundicia, desconocemos lo bueno de los demás y nos centramos exclusivamente en sus defectos. Nos volvemos mezquinos y ruines, observando el mundo con una mirada negativa y cínica. Provocamos un dolor incalculable y al mismo tiempo fomentamos la cizaña.

Las palabras poseen la facultad de traer ideas teóricas de la mente al mundo físico, creando así la realidad. Con el poder del habla, podemos transformar a las personas en objetos, despojándolas de su dignidad, o bien elevarnos realzando lo bueno que tienen los demás, demostrando respeto y construyendo un mundo de benevolencia.

La próxima vez que nos tiente centrarnos en los aspectos negativos de otra persona, canalicemos esa crítica hacia adentro y analicémonos con mucho cuidado. El verdadero enaltecimiento parte por mejorar nuestra propia persona y, al mismo tiempo, buscar lo positivo de los demás.

En Resumen

Obtenemos un placer perverso al ensuciar a los demás para enaltecer nuestra propia persona.

A fin de cuentas, nos rebajamos y nos volvemos ruines y negativos.

La próxima vez que nos tiente centrarnos en los aspectos negativos de otra persona, analicémonos con mucho cuidado y, al mismo tiempo, veamos lo bueno de los demás.

Fuentes de Referencia

1. El chisme mata a tres personas: al que habla, al que escucha, y a quien es el objeto de la conversación.

Talmud de Babilonia, Arajín 15b

2. Cuídate mucho de los chismes porque con ellos te avergonzarás, pues quien desprecia a los demás tan sólo proyecta sus propios defectos hacia otra persona. Resulta natural tomar tus propios defectos e identificarlos en los demás.

Los Caminos de los Justos, el Portal del Lashón Hará

3. ¿Quién es el chismoso? El que escucha algo y va de persona en persona diciendo “¡Fulano dijo esto! ¡Y escuché esto y lo otro de tal persona! Aunque lo que diga sea verdad, esta persona destruye el mundo.

Mucho peor es el lashón hará, maledicencia. Esto significa hablar en forma despreciativa sobre otras personas, incluso si lo que se dice es cierto. Quien efectivamente miente, se llama “difamador”.

Maimónides, Mishné Torá, Leyes sobre el Refinamiento de la Personalidad, 7:2

4. Un hombre en la calle exclama: “¿Quién quiere adquirir el bienestar en la vida?”.

Todos se arremolinan alrededor suyo, ansiosos por comprar. El hombre saca el libro de los Salmos y lee: “¿Quién es el hombre que anhela la vida, que desea años de buenaventura? Cuida tu lengua del mal y tus labios del engaño” (Salmos 34:13).

Los Caminos de los Justos, el Portal del Lashón Hará

5. Quien tiene misericordia por los demás recibirá la compasión del Cielo.

Talmud de Babilonia , Shabat 151b