Manejando por Santiago a las 10 pm aproximadamente, observé la siguiente situación. Una gran cantidad de automóviles transitaban por la calle por la que yo manejaba. De repente una caja negra parada en lo alto de la esquina, apagó su luz verde, encendió la amarilla por unos segundos, luego la apagó y prendió la luz roja. Inmediatamente todos los autos se detuvieron.

A estas alturas ya se habrán dado cuenta que la caja negra es un semáforo y probablemente estarán pensando en dos cosas: la primera es que realmente fue increíble que "todos" se detuvieran inmediatamente, a esas horas ya es común que alguno decida pasar la luz roja por alto (especialmente en ciudades como Ciudad de México donde vivo). La segunda es: ¿qué tiene esta situación de particular o especial?

Lo que me llamó la atención de esta situación tan simple y cotidiana para todos los habitantes de una ciudad, es el hecho de que el semáforo sea tan respetado por todos (o casi todos). La realidad es que la sociedad adoptó estas luces como normas de comportamiento universales. Me imagino que el inventor del semáforo no pensó en su momento lo importante que el aparato iba a ser.

Me pregunté entonces sobre la universalidad de otros principios sociales y me di cuenta que aparte de los comúnmente aceptados como "no matar" y otros pocos de ese estilo, no existen hoy tantos conceptos como estos. Muchas personas han trivializado la importancia de algunas normas y se pueden encontrar excusas o justificaciones para romper muchas de las reglas de comportamiento social. Hay quienes argumentan que si alguien no tiene que comer, entonces le está permitido robar, que si alguien es ofendido en público, tiene derecho a vengarse de la otra persona y también hay argumentos para saltarse un semáforo en rojo.

La pregunta que me hice fue: ¿Tenemos (cada uno de nosotros) claros los principios que determinan nuestro actuar? ¿Tenemos luces personales que nos indiquen cuando detenernos o cuando seguir?

La Torá obviamente nos da respuesta a muchos de nuestros dilemas en este sentido, hay halajot (leyes) que determinan cuando algo se debe o no hacer. Y existen nuestros rabinos que muchas veces nos orientan sobre las decisiones que debemos tomar en una u otra situación. Sin embargo, hay reacciones que son instantáneas, momentos en los cuales no alcanzamos a consultar con nadie más que con nosotros mismos y con nuestros valores y principios. En esas ocasiones, es cuando nuestro semáforo interno debe actuar. Cuando estamos a punto de reventar de rabia porque hemos sido ofendidos o cuando nuestra paciencia se agota con alguien, es cuando debemos decidir cómo actuar.

No sé si el semáforo interior tiene 3 o más luces, mi conclusión por el momento es que cada uno debe darse el tiempo de revisar el motor de este aparato y ver cuáles son las bases de su funcionamiento. Si al analizarlo, la realidad no nos gusta, entonces debemos trabajar en ello, arreglarlo para que se sincronice con los valores con los que queremos vivir y con los principios del Judaísmo.