¿Por qué mi amigo Avi siempre quiere jugar a los tigres y a los leones y no quiere jugar al papá y a la mamá?

Esa fue la pregunta que nos hizo, mi hija de casi 4 años de edad, a mi marido y a mí el domingo pasado mientras paseábamos por Polanco (uno de los barrios de Ciudad de México). No me sorprendió la pregunta. A su corta edad, ya es capaz de ver que "Avi" tiene intereses diferentes a los de ella. Más adelante descubrirá que no son sólo intereses, sino que habilidades, roles, formas de ver la vida y muchas otras cosas.

Lo que sí me sorprendió es que tanta gente viva negando esas diferencias que aparentemente son tan evidentes. El movimiento feminista, que de acuerdo a algunos autores, lo único que ha hecho es arruinarle la vida a la mujer (ahora trabaja, y además hace todo lo que hacía históricamente, lo que la tiene agotada), lucha por demostrar la igualdad del hombre y la mujer. No estoy para nada en contra de las mujeres que trabajan, y de hecho, yo misma estoy trabajando. De lo que sí definitivamente estoy en contra, es de la absurda lucha con el sexo opuesto con el fin de negar las diferencias existentes.

Aceptémoslo, hay diferencias y muchas, y es eso mismo lo que nos hace vivir tan felices juntos. ¿Quién podría soportar que su marido llore cuando se estresa o que necesite que lo llamen 4 veces durante el día para ver cómo está? Por otro lado, que marido podría soportar a una esposa totalmente analítica y que no expresa sus emociones.

Son esas mismas diferencias las que definen nuestros roles y nuestras habilidades. Nuestros sabios dicen que cada cualidad o don que Dios nos dio, nos lo dio para algo; hay un propósito detrás de todo. Si las mujeres tenemos una sensibilidad especial, y eso nos permite establecer relaciones de confianza, es porque tenemos que hacer algo con eso, ya sea, dedicarnos a visitar enfermos y conversar con ellos, ser psicólogas o consejeras, educadoras, u otras tantas profesiones que requieren de esa habilidad.

Si a los hombres, por su parte les dieron una mente más analítica y científica, es porque su rol en el mundo necesita esas características. En fin, no pretendo escribir un tratado sobre las diferencias de los géneros, no es mi tema preferido ni tengo la experiencia para hacerlo.

Lo que sí pretendo es sacar una enseñanza para mi vida (y la de otros) a partir de la simple pregunta de mi hija.

Me pregunto si como adultos, no cerramos los ojos a realidades evidentes que se nos presentan. En resumen, ¿Qué tan tercos somos?

En numerosas ocasiones, tenemos una idea formada sobre algún asunto y a pesar de que se nos presente mucha evidencia de que estamos equivocados, no damos nuestro brazo a torcer y seguimos defendiendo lo que muchos denominan causas perdidas.

Finalmente, no creo que sea sólo una cuestión de roles, sino una cuestión de vida, definamos qué queremos: ¿Ser defensores de causas perdidas o ser defensores de la verdad?