Una de las primeras veces que fui a Aish HaTorá Chile, escuché una clase que se llama "Los 5 Niveles de Placer", basada en los artículos del Rabino Noaj Weinberg. Esta exposición comenzaba estableciendo la premisa de que Dios creó el mundo para que nosotros tengamos placer. Definitivamente sonaba lindo, pero inmediatamente, tantas cosas negativas que pasan en el mundo vinieron a mi mente. Me planteé varias preguntas: Si Dios quiere que tengamos placer, ¿para qué nos manda situaciones difíciles? ¿Por qué sufre la gente?

Otras preguntas que me parecieron más simples son: ¿Por qué muchas veces no aprovechamos y disfrutamos las cosas buenas que tenemos o que nos pasan? ¿Por qué tendemos a centrarnos en nuestros problemas y no en nuestras alegrías?

Hace un tiempo llevé a mis niños a unos juegos infantiles. Alrededor de los juegos había unas bancas donde las mamás se sientan para ver jugar a sus hijos. Me compré un café, entre con mis niños a los juegos, me senté en la banca y observé a mis hijos jugar y los ayudé cuando lo necesitaron. Muy cerca de mí en otra banca, estaba una mujer de unos 30 años conversando con una amiga. En el suelo cerca de la banca, una muchacha, la nana, jugaba con un bebé de unos 9 meses, que supuse que era la hija de la señora de la banca. De pronto, un niño de unos 6 años, apareció para jugar con el bebé, un hermano pensé. Al poco rato, la señora de la banca se para y se despide de su amiga. La nana inmediatamente se para, pone a el bebé en el cochecito y arregla el bolso de pañales. La mamá camina hacia la salida, la sigue la nana con el coche y el niño más grande. Una vez que cruzan la reja de los juegos, se suma a la escena un hombre que agarra al niño y lo carga en brazos. No me tomó mucho tiempo darme cuenta que este hombre era el chofer. Mientras se alejaban, la imagen era la siguiente, la madre caminando adelante, seguida de la nana con su bebé de 9 meses y el chofer con su hijo de 6 años en brazos.

Luego, mientras observaba a mis hijos jugar, me pregunté porque esa mujer decidía renunciar a un placer tan grande. En general, ¿por qué muchas personas deciden perderse la primera sonrisa, los primeros pasos, los gritos de alegría y las caras de cansancio de sus hijos? ¿Por qué la gente se niega a vivir el placer?

Personalmente, ese tipo de experiencias con mis hijos, son algunas de las que me hacen sentir placer. No debería importar si paralelamente estamos viviendo situaciones difíciles, nuestro foco debería estar en las cosas positivas que nos están pasando. Al final todo parece ser un tema de actitud. Como dice siempre mi mamá: "Hay que ver el vaso medio lleno".

Que Dios creó el mundo para que tengamos placer puede ser algo muy difícil de entender si nos concentramos en nuestro problemas, y definitivamente muy fácil, si nos enfocamos en todo lo bueno que tenemos.