Hace alrededor de 8 meses, una de las mujeres de la comunidad me invitó a participar en un grupo de Rikudim, sí, un grupo de bailes israelíes especialmente organizado para mujeres. Inmediatamente le dije que sí me interesaba, que me avisara qué día y a qué hora y que contara conmigo.

Conseguir un grupo no fue fácil. Para empezar, el horario debía ser en la noche, cuando el 99% de las mujeres, sino el 100%, está pensando en una sola cosa: IRSE A DORMIR.

Más aún, el único día que la profesora podía era el jueves, día en el que muchas mujeres empiezan a cocinar para Shabat. En fin, el horario quedó fijado para los jueves a las 9:30 de la noche.

Empezamos a bailar con un grupo sumamente heterogéneo, estaban aquellas que no habían bailado este tipo de baile nunca en su vida y otras como yo, a quienes esta actividad las hacía volver a las Arkadot (actividad de bailes) de sus respectivos movimientos juveniles.

A varias de las mujeres del grupo yo las conocía muy poco, por no decir nada. Y con el tiempo, mientras el grupo se empezó a consolidar, empezamos a compartir vivencias y experiencias en esos increíbles 10 minutos antes y 15 minutos después de la clase.

Una pregunta recurrente al llegar a la clase era: ¿Cómo se quedaron en tu casa? El tema en concreto era: ¿Cómo se las van a arreglar en tu casa sin ti a esta hora? ¿Cómo se van a dormir los niños? ¿Quién va a calentar la comida, contar el último cuento, bañar al último de los niños, hacer la tarea con el más grande, etcétera, etcétera?

La respuesta variaba de acuerdo al caso, pero en general iba desde: "Mi marido se las arregla", "Estaban todos durmiendo cuando salí", y otras. Pero sinceramente creo que en el fondo del corazón de cada una había un pequeño y silencioso "espero que se las arreglen, porque necesito un espacio para mí".

La mayoría de las mujeres del grupo además de hacer todo lo que una esposa y madre hace a diario, que no es poco, trabajan. Esto reduce el tiempo que cada una tiene para dedicarse a sí misma en forma importante. Es probable que al final de cada día, en el recuento de lo realizado haya muy pocas cosas o ninguna que tenga relación con un hobby o algún interés personal.

Cualquiera podría pensar que este es un grupo de mujeres frustradas y agotadas, pero muy por el contrario, este es un grupo de mujeres felices y dedicadas a lo que consideran una prioridad en su vida, su familia. Sin embargo, esto no quiere decir que los intereses personales hayan quedado totalmente desplazados, ni que el darse ese tiempo para uno mismo no sea quizás una de las recetas más poderosas para poder enfrentar con éxito el resto de las labores diarias.

En mi experiencia, este grupo ha brindado a cada una de sus integrantes la posibilidad de hacer algo por sí misma. Para algunas significa la actividad física de la semana, para otras la instancia social que tanto anhelaban, una que otra podría decir que es su momento de liberación, de salir liviana, sin una cartera y un bolso de pañales, un coche de bebé, termómetros, medicamentos, una agenda con 20 cosas pendientes y quien sabe que otra cosa que pueda encontrarse en una cartera de mujer.

Cada una tiene sus motivos para seguir asistiendo a la ansiada actividad de los jueves por la noche, una en particular, siempre dice que es un momento santo de la semana. Y créanme, lo es.