Desde el momento en que me reencontré con mi judaísmo y empecé a conocer las halajot (leyes) que como judíos debemos cumplir, ha habido un tema muy recurrente dando vueltas en mi cabeza. ¿Cómo hacer para que todas esas cosas nuevas para mí, se incorporen en mi mente, en mi corazón y en mi vida diaria de una forma natural?

Cuando fui mamá por primera vez, hace poco más de 4 años, me impresionó el hecho de que esa pequeña bebé iba a crecer en ese mundo que yo conocí de adulta. Todas las cosas que para mí eran nuevas, y significaban un desafío, iban a ser para ella muy normales. Me refiero a todo: a comer casher, a cuidar Shabat, a hablar de Torá, a preguntar de Halajá y a hacer Tefilá, entre otras cosas.

Mientras mi hija iba creciendo y ya con el nacimiento de mis otros hijos, esta idea fue cobrando vida. La veía participar de todas las ceremonias y fiestas de una forma tan natural que me hacía, y gracias a Dios me hace junto a sus hermanos, tener lo que muchos llaman Najat, un placer espiritual increíble.

Hace unas semanas, mi hija me dio una lección poderosa. La fui a despertar para ir al Gan como de costumbre. Algunas veces me cuesta lograr que abra sus ojitos. Esta vez fue así. Le hablé, le dije que era hora de ir al Gan, que ya la iba a venir a buscar el bus, que se iba a encontrar con sus amigas y otras cosas más. De repente abrió sus ojitos, miró a la ventana y dijo: "MODA ANI LEFANEJA..." (La primera tefilá de agradecimiento que se dice en la mañana).

Me quedé muy impresionada. Mi hija de 4 años me había dado una importante lección.

A pesar de que yo le estaba hablando de otras cosas, que podían haber distraído su atención. De alguna manera supo que antes de decir algo, debía decir Moda Ani.

Durante ese día estuve reflexionando sobre esta experiencia, y sobre cómo hay que llegar a vivir con esa conciencia tan clara de lo que debemos hacer. Incorporar de una forma profunda las leyes que como judíos debemos cumplir, de modo que nada a nuestro alrededor nos distraiga.

Por otro lado, pensé, crecer con Torá y Mitzvot presenta otro desafío. Si bien todo parece salir de manera natural, no se debe caer en el automatismo, es decir, en el hacerlo por costumbre o porque simplemente es parte de la rutina.

Me pregunté muchas veces, ¿Cómo puede alguien rezar tres veces al día la misma tefilá y no caer en la rutina? ¿Cómo poder mantener el sentido que nos inspiró tan intensamente a cumplir una determinada mitzvá después que llevamos años cumpliéndola?

La respuesta, desde mi perspectiva no es simple. Mantener el sentido y la intención al realizar cada mitzvá requiere que vivamos con una fuerte conciencia de que la Torá es verdadera y que Dios nos la dio, junto con las mitzvot, para que vivamos mejor y nos perfeccionemos. Sólo si tenemos esta idea presente, podremos enunciar un Moda Ani con sentido cada mañana.

La meta parece ser lograr un equilibrio entre la "naturalidad" y la "rutina", crear una forma o una estrategia para que logremos cumplir las mitzvot de una manera fluida o "fácil" sin que se conviertan en unas más de las tareas del día sobre la que ya se perdió el sentido.