La semana pasada todos aquellos relacionados de una u otra forma con Aish ha Torá fuimos golpeados por la lamentable noticia del fallecimiento de nuestro Rosh Ieshivá.

Si bien muchos de nosotros, incluyéndome, nunca conversamos con él en vivo y en directo, sentimos una gratitud indescriptible y sobrecogedora por quien pareciera ser el responsable de nuestra "nueva vida".

Yo crecí en una casa de valores fuertes y donde el bien y la rectitud, así como el buen nombre, eran una prioridad. No se admitían "locuras" ni irresponsabilidades. Aún así, como familia, no contábamos con costumbres y conocimientos fuertes sobre nuestra religión. Los motivos, no los tengo claros. Sí teníamos identidad judía, sabíamos que éramos judíos y por alguna razón que, me atrevo a decir, que ni siquiera sabíamos explicar, nos sentíamos orgullosos de ello.

No sé si nuestros ancestros perdieron la tradición al llegar a Sudamérica con algo de "trauma" por la dura vida judía en Europa o si tal vez ellos mismos nunca recibieron con claridad las bases de nuestra religión. No sé dónde se cortó la cadena de transmisión, pero la conclusión es que cerca de mis 18 años, yo y mi familia, teníamos poco o nada de conocimiento sobre lo que realmente significa ser judío.

Y fue en ese entonces que empezaron a ocurrir cambios. Todo tipo de cambios. En Chile empezó fuertemente un movimiento de regreso a las raíces, de Teshuvá. Si bien, existía un grupo pequeño de personas que "cuidaban más", todo parecía demasiado lejano para la gente como nosotros. Hasta que un día, conocimos un enfoque diferente. Un espacio que parecía hecho a nuestra medida, diseñado para personas que sabían poco o nada y que con inocencia se enfrentaban a un mundo judío totalmente desconocido.

Poco a poco fuimos descubriendo detrás de esta nueva perspectiva de vivir el judaísmo a Aish Ha Torá como institución y a Rab Noaj Weinberg ZT¨L como su creador, fundador e inspirador diario. Conceptos como los cinco niveles de placer y los 48 caminos a la sabiduría, empezaron a ser parte de nuestras discusiones diarias, se convirtieron poco a poco en parte de nuestras metas y finalmente lograron motivarnos a averiguar más sobre nuestras raíces, a volver a esa tradición perdida en el pasado de nuestras familias.

Con algo de resistencia y mucha fuerza de voluntad, empezamos a hacer cambios. Abandonamos viejas costumbres y rutinas para adoptar rituales que de alguna forma nos eran totalmente ajenos. Sin embargo, algo muy fuerte parecía llevarnos por ese camino, una energía que nos hacía superar el clásico miedo a los cambios, una convicción de sentir que hacíamos lo correcto, algo que mirando al pasado sólo puede describirse como un empujón de Hashem.

Muchos de aquellos que empezamos a hacer pequeños cambios, hoy somos personas diferentes. No en nuestra personalidad y temperamento, no en nuestras emociones, pero evidentemente, distintos en cuanto al estilo de vida que llevamos, los valores que nos guían y radicalmente diferentes en cómo vivimos nuestro judaísmo.

Gran parte de eso, sino todo, se lo debemos a Rab Noaj Weinberg ZT¨L y a todos aquellos que creyeron en su mensaje y se dedicaron a transmitirlo con la fuerza con la que él lo inició. Su carisma, su claridad, su amor al pueblo de Israel, sin importar cuán alejados o "incultos" fueran en relación al judaísmo. Su fuerte creencia de que la Torá es para todos, que cada uno de nosotros es responsable del otro y que no podemos cerrar los ojos frente a la realidad de nuestro pueblo, son parte de su persona que sin duda tenemos que rescatar y mantener viva.

Definitivamente, yo tengo una nueva vida, con más placer, más sentido y más claridad de la que hubiera tenido. Tal vez el mejor tributo que podemos hacer a Rab Noaj Weinberg ZT¨L es tomar parte de su amor a Am Israel, parte de su dar desinteresado e incorporarlo a nuestra vida. Así posiblemente podremos mantener vivo su mensaje y seguir transmitiéndolo.