Hoy tuve una mañana horrible, de esas que te gustaría tener la certeza de que no se van a repetir.

Tenía que salir temprano para llegar a una cita al doctor con mi hija a las 7:50 am, la única hora que puedo tomar debido a mi horario de trabajo. Sólo pensarlo es estresante, salir de la casa, llegar a la cita y luego volar al trabajo para estar ahí, lista y dispuesta a las 9 en punto. Empezar el día así, no me parece en lo absoluto ideal. Por ahora no tengo otra opción, así que me esfuerzo y voy.

El problema empezó porque quise hacer más de lo que puedo, pretendí ganar en todo. Obviamente esto lo descubrí cuando ya todo había pasado.

Tengo una muchacha que me ayuda en la casa, principalmente con la limpieza, pero mi capacidad de delegar las cosas relacionadas con los niños fluctúa entre mala y pésima, simplemente siento que el cuidado de los niños es responsabilidad de los padres y no sólo eso, sino un placer enorme. Por lo anterior, me cuesta mucho dejarlos a su cuidado especialmente en la mañana que implica, levantarlos, vestirlos, darles desayuno, peinarlos, lavarles los dientes, darles su tzedaká para poner en la kupá del gan, escribirles una notita de Midá Tová (su buena acción) y finalmente verlos irse en el bus escolar idealmente con cara sonriente y con su mano levantada diciendo adiós y gritando "¡Chao Ima!".

En un día como hoy donde tengo que estar en el doctor a las 7:50 y considerando que me toma entre 20 y 25 minutos llegar con tráfico normal, prácticamente no hay otra alternativa que delegar el de por sí estresante proceso de la levantada. Pero, no quise hacerlo totalmente, si tenía que delegar, sería lo menos posible, Me levanté temprano, recé, me tomé un vaso de jugo de naranja y empecé a levantar y vestir a todos unos minutos antes de lo normal y ahí empezó todo.

Cada niño con alguna "dificultad matutina" algo que les impedía funcionar a la velocidad que yo necesitaba. Empezaron los llantos, las peleas y los gritos: uno no quería que me fuera, la otra no hacía caso y el caos fue creciendo como una bola de nieve.

Para el momento que tenía que irme traté de dejar la situación en calma y bajo control explicándoles que debía irme y que quería que se fueran tranquilos al gan. En ese momento tocaron el timbre los proveedores de gas para llenar mi tanque y además recordé que era el día que venía el jardinero. Empecé a organizar esas cosas extras y por fin cuando salí era definitivamente tarde para mi cita y mis nervios estaba más alterados de lo que hubiera deseado.

Tomé el teléfono para contarle a mi marido sobre mi horrible mañana, sólo 35 minutos de caos absoluto habían logrado alterar todo mi día.

Llegamos a la conclusión que quise hacer más de lo que podía. Que por tratar de hacerlo todo, me quedé como dicen por ahí: "Sin pan ni pedazo". Que tal vez habría sido mejor delegar por ese día la levantada de los niños a la muchacha y que todo resultaría más tranquilo, que los niños no llorarían tanto y además que yo no terminara con el día y los nervios alterados.

En fin, esta mañana pasó por algo, porque tengo algo que aprender. Y si no quiero que se repita debo buscar qué es. Una buena alternativa es que debemos proponernos realizar cosas que estén dentro de nuestras posibilidades y así evitar identificarnos con el dicho popular:

"El que mucho abarca, poco aprieta".