Hace aproximadamente media hora, pasó el bus escolar a recoger a tres de mis hijos para ir al Gan. Como es de imaginar, después de seis semanas de vacaciones, este era un día muy esperado… por todos.

Para mi pequeñita de dos años, esta fue la primera vez que subió a un bus rumbo al Gan, para los otros dos, este día estaba marcado por la ansiedad de encontrarse con la morá, la nueva kitá y sus queridos amigos.

Frente a días como este, cada uno, sin importar su edad, enfrenta desafíos, obviamente a su altura.

Para mi hija mayor, el desafío es quizás, lo académico. Está comenzando su último año de preescolar, en el cual se va a dedicar a la lectura en hebreo y a seguir avanzando en todo el proceso de lectoescritura. Además, en el ámbito social debe afianzar sus relaciones de amistad, aprender de sus amigas, compartir y divertirse.

Para mi hijo de 3 años, todavía el tema de las clases tiene mucho que ver con juego y entretención. Su desafío quizás es el de ir adquiriendo autonomía, lograr cosas como vestirse solo, ir a jugar a las casas de los amigos sin la mamá y seguir desarrollándose en el ámbito de la motricidad fina y gruesa, cortar con tijeras, saltar en un pie, entre otras.

Para mi pequeñita, esta es su primera separación de la casa y de la mamá, debe adaptarse, crear otras relaciones de confianza, descubrir más concretamente el mundo de los amigos y aprender a compartir y jugar en grupo.

Para mí como mamá, el regreso a clases también implica desafíos.

El primero, es manejar la dualidad de emociones que se presentan cuando llevas a tus hijos al Gan. Una mezcla de emoción, por lo rápido que crecen y nostalgia porque los extrañas en casa.

El segundo, es tener la sabiduría para apoyar de forma adecuada a mis hijos frente a las situaciones nuevas que enfrentan. Dedicar tiempo a compartir con ellos y escucharlos para que puedan expresar sus inquietudes y sus aprehensiones con respecto a la escuela y a sus amigos.

Otro tema importante al que me enfrento con el regreso a clases de mis hijos es el desafío de tener tiempo libre.

Cuando el bus se fue esta mañana, me despedí de los niños que agitaron sus manitos felices y entré a la casa. El bebé estaba durmiendo y había silencio, un silencio y una tranquilidad que estuvo ausente en las últimas seis semanas. Un silencio que parecía gritarte “Y ahora, ¿qué vas a hacer?”. Y la decisión es tuya.

Muchas veces, por lo menos yo, pienso en lo mucho que haría si tuviera tan sólo un poco de tiempo para mí. Y ahora, adivinen qué. Lo tengo. Tengo ese espacio, de minutos o tal vez horas, donde puedo decidir qué hacer. Y ese es el gran desafío.

Cuando tienes tiempo libre, estás frente a una situación que definitivamente te pone a prueba, que cuestiona tu voluntad de hacer las cosas. Que te hace revisar tus prioridades y que elimina la excusa de no tener tiempo.

Y para que ese tiempo no se nos pase sin hacer nada, debemos organizarnos y pensar cuáles son esas cosas verdaderamente importantes que queremos hacer. Probablemente la lista es larga, ordenar la casa, terminar de hacer esos arreglos que están pendientes hace tiempo, leer, estudiar, devolver cosas que te han prestado, entre otras. Y sin duda, el tiempo no alcanzará para todo. Entonces, debemos priorizar de forma ordenada y concreta.

Suena fácil pero lo cierto es que como dice el dicho: “el tiempo vuela” y antes de que terminemos nuestra lista probablemente ya habrán pasado algunas horas. Cuando nos dispongamos a priorizar, entre una llamada de teléfono y otra, habrán pasado semanas y muy probablemente cuando termine el semestre sólo nos habremos dedicado a los primeros puntos de la lista.

La decisión es nuestra. Si realmente queremos aprovechar el tiempo, probablemente tendremos que dejar de contestar llamadas, cerrar la ventana del chat en el computador y dejar de revisar nuestro Email cada hora. Tendremos que destinar tiempos “sagrados” a lo que queremos hacer, para lograrlo eficientemente.

Estamos en el mes de Elul, el mes que precede a Rosh Hashaná, el Día del Juicio. Sin duda, una de las cosas que se evalúan al terminar el año, es cómo utilizamos nuestro tiempo. Qué mejor momento para revisar nuestras prioridades y decidir a qué cosas vamos a dar importancia en el nuevo año.