Para ser un recipiente de mayor luz y energía divina, es necesario evitar influencias negativas que afectan la espiritualidad. Algunas influencias negativas que bloquean el flujo de luz divina tienen bases intelectuales y sólo pueden combatirse a través del estudio de la sabiduría. Estas influencias negativas incluyen errores filosóficos, tales como la herejía, o perspectivas erróneas sobre moralidad, ética y relaciones humanas. Pero además de estos errores intelectuales, la Torá enumera cientos de actos negativos (transgresiones) que deben evitarse. El pecado envuelve al alma, opaca su luz y evita que el hombre se convierta en un recipiente apto para la divinidad.

La Torá, al referirse a estos pecados, nos brinda un gran servicio, porque nos informa cuáles son las búsquedas que nos alejarán de Dios y evitarán que alcancemos una espiritualidad elevada.

Sin embargo, incluso si la persona peca, Dios con Su bondad le otorgó la capacidad de arrepentirse. Cuando alguien se arrepiente de la forma debida, se libera a sí mismo de los grilletes del pecado y nuevamente puede recibir la luz de la divinidad. “Grande es el arrepentimiento, porque acerca al hombre a la presencia divina… Anoche Dios lo despreciaba… Hoy lo ama y está cerca de Él” (Rambam, Hiljot Teshuvá 7:6).

Además del pecado mismo, la persona también debe evitar que sus pasiones desenfrenadas y sus deseos más bajos lo dominen y lo alejen de la espiritualidad. La lujuria, la codicia y otros instintos básicos influyen tremendamente sobre la persona. De hecho, gran parte de la humanidad está cautiva por ellos y no puede liberarse de sus garras.

Estos impulsos negativos son catastróficos para un individuo que trata de alcanzar elevadas alturas espirituales. (Guía de los Perplejos 1:34, 3:8)

¿Cómo se logra superar las tentaciones del pecado y escapar del dominio de los deseos más bajos?

Nuestros Sabios enseñan que el estudio de la Torá y el cumplimiento de las mitzvot son las herramientas principales para superar la influencia negativa del pecado y para dominar nuestros instintos y deseos básicos. (Kidushín 30b).

La fuerza para superar nuestro instinto animal hacia el pecado y el deseo más bajo por lo físico también se encuentra en el cumplimiento de los mandamientos de la Torá.

El propósito de los mandamientos no es para Dios mismo, sino que más bien el propósito es mejorar al hombre, salvarlo del daño, de las malas filosofías y de las despreciables cualidades de carácter… Esta fue la intención de nuestros Sabios cuando dijeron que la persona se “purifica” a través de los mandamientos (Rambán, Devarim 22:6)

El resultado del efecto de purificación de los mandamientos es que el hombre se convierte en un mejor recipiente para la divinidad. Algunos sugieren que esta es la intención del versículo en Éxodo (15:26): “Porque Yo, Dios, soy tu sanador”. El propósito de los mandamientos es curar espiritualmente al hombre y de esta manera permitirle volverse sagrado. (Seforno)

Rav Jaim Vital registra una explicación esotérica sobre la fuerza de los mandamientos para purificar a la persona y volverla un mejor recipiente para la divinidad. Él escribe que cada miembro del cuerpo de la persona es susceptible a una forma de bloqueo espiritual que evita que contenga santidad. Los 613 mandamientos de la Torá corresponden a la estructura anatómica del hombre, y cada mandamiento contiene la fuerza para desbloquear el segmento correspondiente, permitiendo que ese segmento específico de la persona reciba más luz divina.

Además del estudio de la Torá y del cumplimiento de las mitzvot, hay otras herramientas que ayudan a la persona a superar el pecado y sus deseos e instintos más básicos. Una de estas herramientas es la introspección y la meditación regular. En su obra maestra sobre crecimiento y piedad, La senda de los justos, Rav Moshé Jaim Luzzatto resalta la importancia de efectuar regularmente introspección e incluso del aislamiento contemplativo como un método importante para evitar una existencia pecaminosa (Mesilat Iesharim, capítulo 3).

A través del estudio de la Torá, del cumplimiento de los mandamientos y de la contemplación regular, la persona está equipada para superar el pecado, controlar sus deseos básicos y liberarse de aquellas cosas que evitan que reciba la divinidad. Nuestros Sabios escriben que a pesar de que la Torá describe que los Diez Mandamientos fueron grabados en piedra, la misma palabra hebrea que significa “grabado” también puede leerse como “libre”, porque ambas palabras comparten la misma raíz. Los Sabios explican que sólo a través de la Torá y de sus mandamientos la persona puede liberarse realmente de las influencias de sus pasiones desenfrenadas y de su impulso hacia el pecado. El estudio de la Torá y el cumplimiento de las mitzvot están diseñados para alejarnos de la dependencia y de la obsesión con lo que es material y más bajo. Esto a su vez lleva a la persona a convertirse en un mejor recipiente para la luz divina.


Este es un extracto editado del libro de Rav Aryeh Leibowitz: The Neshamah: A Study of the Human Soul.”