Mi familia estaba vagamente afiliada a nuestra sinagoga. Íbamos a la mayoría de los actos, siempre que no fueran religiosos. El director del grupo juvenil, Mordejai, empezó a conversar con nosotros durante un desayuno-almuerzo en la sinagoga que se realizaba en honor de una ocasión inusual. Después de un rato, me hizo una pregunta, “¿Qué es más potente, si te pego en tu mano una vez muy fuerte, o muchas veces suavemente?”.

Respondí, “Una muy fuerte”. Por supuesto.

Luego pareció cambiar de tema y me empezó a contar sobre cómo con una botella y un corcho, un poco de bicarbonato de sodio, vinagre y una toalla de papel, puedes disparar el corcho como un cañón. Siendo un joven adolescente, yo estaba fascinado con la idea de hacer un cañón. Mis padres me autorizaron a ir a una “actividad juvenil” especial para ir a la tienda de ferretería a comprar un corcho.

Mordejai me acompañó de vuelta a la casa de mis padres ese día más tarde, con la botella y el corcho. Fuimos a la cocina a buscar el resto de los ingredientes necesarios y luego llevamos todo el artefacto afuera. Disparamos el corcho a través del patio trasero y al jardín del vecino. Yo estaba impresionado.

No fue hasta años más tarde que me di cuenta: Este cañón de corcho era la respuesta a la primera pregunta de Mordejai. Los muchos pequeños golpecitos eran lo mismo que las reacciones químicas dentro de la botella – una lenta acumulación de gas invisible. La presión era finalmente lo suficientemente fuerte como para disparar el corcho fuera de la botella. El equivalente a una gran cachetada sería como apretar violentamente la botella (era de plástico). Si hubiésemos hecho eso, el corcho no hubiera llegado tan lejos.

Más allá de eso, no me di cuenta que Mordejai me estaba enseñando una idea fundamental del judaísmo a través de su pequeño experimento de ciencia. Un tonto espera alcanzar grandes logros de repente. Frente a una larga tarea, se desespera. Mira una estantería llena de libros y dice: “hay tanto que aprender, nunca llegaré a ningún lado”. Una persona sabia, por otra parte, se enfoca cada día en lo poco que puede alcanzar. Él mira a la misma estantería de libros y dice: “Simplemente hoy haré lo que pueda”. Pero página a página, libro tras libro, eventualmente logra dominar a lo largo de su vida librerías de sabiduría. Lento, gradual, en un casi invisible proceso constante, llega tan lejos como un gran esfuerzo repentino.

Hace muchos años empecé a estudiar la mitad de una Mishná cada día y ahora, para mi propia sorpresa, estoy avanzando a través del Talmud.

He vivenciado esto en mis propios estudios: Hace muchos años empecé a estudiar la mitad de una Mishná cada día y ahora, para mi propia sorpresa, estoy avanzando a través del Talmud. Muchos de mis colegas están todavía deseando saber una Mishná, pero están intimidados por el tamaño de la tarea.

Nuestras vidas están mucho más llenas de pequeñas cosas, esas que parecen insignificantes, que hacemos cada día. Si observamos sólo lo nuevo y lo glamoroso, la felicidad nos eludirá garantizadamente. Mi abuelo Joe, después de más de sesenta años de matrimonio, aún se para en el lavaplatos después de la cena y lava los platos en los que él y mi abuela Lakey comieron. Con una sonrisa en su rostro y con voz alegre dice, “Estoy haciendo mi trabajo”. No hay un progreso visible en toda una vida de lavar los platos. No construimos una torre de platos limpios. El resultado frecuentemente es que en vez, nos hemos construido a nosotros mismos.

El esfuerzo que hacemos cada día, a pesar de lo pequeño que pueda ser, es lo que define nuestro carácter. Las noticias de un desastre natural – con sus miles de víctimas hambrientas y sin casa – pueden mover a cualquiera a dar caridad. Pero sólo alguien que da regularmente – un porcentaje fijo de cada sueldo – puede ser llamada una persona caritativa. Sin importar la popularidad de los “actos azarosos de bondad”, los actos constantes de bondad son ampliamente superiores.

Esta lección de esfuerzo acumulativo me está llevando a través del estudio de la vida. Usualmente la meta no es lo que he logrado, sino en lo que me he convertido. Como esposo, lucho constantemente para demostrar aprecio, ser agradecido, apoyador y comprensivo. Como padre, lucho para ser constantemente de ayuda, ser paciente y alegre. Pueden haber contratiempos (habrán contratiempos), pero un fracaso es sólo un pequeño fracaso dentro de muchos éxitos. El puntaje promedio prácticamente no se ve afectado e incluso Dios nos juzga sobre la mayoría de nuestros actos.

Le conté a mis hijos sobre el cañón de corcho y compramos un vino especial para Shabat - vino con una botella con corcho. Estas últimas vacaciones caminamos juntos a un parque cercano, con nuestro corcho, la botella, vinagre, bicarbonato de sodio y toallas de papel en la mano. Disparamos el corcho a través del parque, con el moderado poder invisible liberado por la reacción química. Les estoy revelando a ellos el secreto del hombre sabio.