Norton Juster creció en Brooklyn en los años 30, en una casa con las paredes cubiertas de bibliotecas. Sus padres, Samuel y Minnie, eran inmigrantes judíos de Rumania y tenían una enorme colección de libros en ídish. "Cada día era una aventura en el caos semántico. Me encantaba el lenguaje y la forma en que sonaban las palabras", afirmó años después.

Norton disfrutaba escribiendo historias para niños, pero durante gran parte de su vida, su carrera literaria ocupó un segundo lugar detrás de su carrera como arquitecto. Eventualmente escribió una docena de libros, el más famoso su novela infantil La cabina mágica, de 1961. Ese es uno de mis libros favoritos.

La idea de escribir ese libro surgió mientras esperaba por una mesa en un restaurante. De repente se le acercó un niño pequeño y le preguntó: "'¿Cuál es el número más grande?'. Fue una pregunta sorprendente. La clase de preguntas que caracterizan a los niños. Le pregunté cuál pensaba él que era el número más grande, y entonces le dije que le sumara uno. Él me hizo lo mismo. Continuamos con esa conversación y pasamos un momento maravilloso conversando sobre el infinito y comprendiendo que simplemente no es posible llegar allí".

"Me sentí intrigado y se despertaron los recuerdos de mi propia infancia y la manera en que solía pensar sobre los misterios de la vida. Así fue que comencé a componer lo que pensé que sería una pequeña historia sobre la confrontación de un niño con los números, las palabras, los significados y otros conceptos extraños que se les imponen a los niños".

El resultado fue un libro inesperadamente profundo. "Érase una vez un muchacho llamado Milo que estaba triste y aburrido y no sabía qué hacer consigo mismo, no sólo a veces, sino siempre", así comienza La cabina mágica. Para Milo nada parecía ser importante y nada le interesaba. Con palabras que probablemente muchos reconocemos de los momentos de frustración y desesperanza de nuestras propias vidas, Milo señala: "es sorprendente que el mundo, que es tan grande, a veces parezca tan pequeño y vacío".

Milo regresa un día a su casa y descubre que un misterioso extraño le dejó un juguete especial: una cabina mágica que lo transporta a un mundo maravilloso que necesita ser salvado con desesperación. Milo tiene emocionantes aventuras (las cuales a menudo involucran inteligentes juegos de palabras), elige dos ayudantes y eventualmente restaura a su puesto a dos sabias princesas, llamadas Rima y Razón, a través de disputas, alejando la ignorancia y trayendo una vez más paz y felicidad al reino.

Al leer La cabina mágica me pregunté si parte de la sabiduría judía que adquirió Norton Juster al leer los libros en ídish de sus padres habían influenciado su escritura. Quizás por las tardes Norton leía Pirkei Avot, una compilación de Mishnaiot con los dichos de los Sabios judíos. Como tantos judíos norteamericanos de su generación, Norton pareció haberse asimilado en muchas maneras a la forma de vida no judía estadounidense. Sin embargo, La cabina mágica hace eco de ciertas ideas judías claves respecto a cuál puede ser nuestro propósito en la vida.

Aquí hay cuatro lecciones judías que se encuentran en el libro La cabina mágica de Norton Juster.

1. Deja de perder el tiempo

Recibimos el regalo más valioso que existe: la vida. Pero a menudo desperdiciamos días y años, sin detenernos a preguntarnos cómo deberíamos usar mejor esos valiosos momentos que tenemos. La sabiduría judía está repleta de una aguda consciencia del tiempo y del hecho de que no debemos perder ni un momento.

Norton expresó esto de forma muy bella en La cabina mágica: "Cuando comenzaron a contar todo el tiempo que había disponible, 60 segundos en un minuto y 60 minutos en una hora y 24 horas en un día y 365 días en un año, pareció que era mucho más de lo que se puede llegar a usar. 'Si hay tanto, no debe ser muy valioso', era la opinión general y por eso muy pronto cayó en descrédito. La gente lo desperdiciaba e incluso lo regalaba".

Demasiado a menudo, la vida parece ser una serie de días que hay que pasar. Existe todo un mundo de entretenimientos para ayudarnos a pasar el tiempo.

Sin embargo, cada uno tiene una misión única que debe cumplir en la vida. En La cabina mágica, Milo tiene que salvar al reino. En la vida real, cada uno tiene que encontrar su propio propósito y sus misiones. El tiempo no es algo que podemos dar por sentado; es un recurso finito que no deberíamos atrevernos a desperdiciar.

Hace dos mil años, Rabí Tarfón expresó la perspectiva judía del tiempo en términos poéticos: "El día es corto, la tarea abundante, los obreros son perezosos, la recompensa es inmensa, y el Amo de la casa es insistente…" (Pirkei Avot 2:20). Nosotros somos esos obreros, cada uno con sus abundantes tareas a cumplir. Como Milo, todos debemos aprovechar sabiamente nuestro valioso tiempo.

2. Aprender de los errores

Cuando finalmente conoce a las princesas Rima y Razón, en vez de sentirse eufórico, Milo se siente terrible. Cometió tantos errores que él y sus amigos necesitaron mucho tiempo hasta que llegaron a encontrarlas.

La princesa Razón le dice: "Nunca debes sentirte mal por cometer errores, siempre y cuando te tomes el trabajo de aprender de ellos. A menudo se aprende más al equivocarse por las razones correctas que al hacer lo correcto por las razones equivocadas".

Este es un consejo muy sabio que fue articulado por primera vez hace cuatro mil años por el Rey Salomón, quien dicen que fue el hombre más sabio que vivió en la tierra: "Siete veces cae el justo y se levanta" (Proverbios 24:16). La grandeza no resulta al lograr hacer lo correcto la primera vez que se lo intenta, sino que es el resultado de volver a levantarse una y otra vez, tratando de hacer lo mejor y de aprender de nuestros errores.

3. Evitar sacar conclusiones precipitadas

En La cabina mágica, Milo y sus amigos son asaltados en la Isla de las Conclusiones, un lugar solitario donde las personas sacan conclusiones precipitadas. Quienes que se quedaban varados allí, sin importar cuánto desearan salir, rara vez lo lograban. Sacar conclusiones es fácil, pero revertir esas conclusiones erróneas es difícil. Cuando finalmente logran escapar de la isla, Milo se siente agotado. "Pero desde ahora tendré una muy buena razón antes de decidir algo. Uno puede perder demasiado tiempo al apresurarse a sacar conclusiones", afirma.

¿Cómo se puede evitar el pensamiento perezoso e inconsiderado?

Los pensadores judíos ofrecen un consejo práctico: "No juzgues a tu prójimo hasta que estés en su lugar", decía Hilel (Pirkei Avot 2:5). Resistirse a la tentación de juzgar a los demás es un principio básico del judaísmo. Una generación después de Hilel, el sabio judío Ben Zoma describió a la persona sabia como aquella que "aprende de cada persona" (Ibid. 4:1). Cada persona que conocemos tiene algo que puede enseñarnos. Recordar esto puede evitar que saltemos a tomar conclusiones sobre los demás y sus motivos.

4. Enfócate en lo que es importante

En un momento del viaje, un hombre detiene a Milo y a sus amigos y les pide que completen algunas tareas sencillas. La tarea de Milo es levantar granos de arena y llevarlos de un lugar a otro, uno por uno. Es una tarea fácil y no le importa cumplirla, hasta que sobresaltado (y con la ayuda de un bastón mágico) se da cuenta que hacer eso le llevará años. Cuando intenta irse, el hombre se vuelve desagradable e insiste que Milo continúe con su trabajo sin sentido.

"¿Pero por qué hacer sólo cosas sin importancia?", preguntó Milo cuando de repente recordó cuánto tiempo dedicaba cada día a ellas."

"'Piensa en todos los problemas que te ahorra', le explicó el hombre… 'Si tan sólo haces las tareas fáciles e inútiles, nunca tendrás que preocuparte por las tareas importantes que son muy difíciles. Simplemente no tendrás tiempo para hacerlas. Porque siempre hay algo que puedes hacer para mantenerte alejado de lo que realmente deberías estar haciendo, y si no fuera por ese espantoso bastón mágico, nunca hubieras sabido cuánto tiempo estabas perdiendo'".

En cierto sentido, todos somos como Milo, atrapados en un ciclo de tareas sin sentido y sin importancia, descuidando los propósitos y las tareas mucho más importantes que realmente tenemos que hacer. Sin embargo, como Milo, cada uno tiene una herramienta para ayudarlo. Milo tiene la ayuda de su bastón mágico; nosotros tenemos la eterna sabiduría judía.

Cuando los líderes judíos enfrentan largos días de trabajo, de todos modos se toman tiempo para enfocarse en el estudio de la Torá y recordar qué es importante en la vida, incluso cuando es difícil encontrar ese tiempo. Rashi, uno de los más grandes sabios judíos era un ocupado vitivinicultor cuyos negocios consumían sus días. Sin embargo, él encontró tiempo para escribir muchas obras inspiradas. El Rambam, otro gran pensador judío, era un ocupado médico empleado por la corte real. Sus cartas describen lo exhausto que estaba y que apenas tenía un momento para sí mismo. Sin embargo, él aprovechó esos valiosos minutos para estudiar y escribir algunos de los libros judíos más importantes.

Hilel decía: "No digas: 'Cuando tenga tiempo estudiaré', porque quizás nunca tendrás tiempo libre" (Pirkei Avot 2:6).

Al final de La cabina mágica, Milo regresa a su hogar. El misterioso extraño que le dio la cabina mágica vuelve a buscarla. Al principio Milo se siente desilusionado de no poder regresar al mundo mágico que visitó, pero entonces comprende que lejos de ser sombría y aburrida, su vida está repleta de energía y propósito. "Bueno, me gustaría hacer otro viaje, pero en verdad no sé cuándo tendré tiempo. Hay demasiadas cosas que hacer aquí".

Un enorme agradecimiento a Norton Juster por escribir un maravilloso libro para niños que nos recuerda no perder el tiempo, recordar nuestras prioridades y encontrar espacio para lo que realmente es importante y duradero.