Cuando experimentamos el inevitable estrés de la vida, ¿controlamos nuestras emociones o las emociones nos controlan?

Las emociones no pueden suprimirse ni desconectarse. Forman parte de la vida nos gusten o no, y a veces tratar de eliminarlas sólo refuerza el poder que tienen sobre nosotros. Pero no somos nuestras emociones. Tenemos sentimientos, pero esos sentimientos no necesitan definirnos. La Mishná en Pirkei Avot nos enseña cuatro formas en que podemos controlar nuestras emociones para que los sentimientos no nos controlen ni nos definan.

1. Siempre tenemos una opción.

A menudo no podemos controlar lo que sentimos, pero podemos controlar cómo respondemos. Existe un espacio crucial entre nuestras emociones y nuestros actos en donde podemos detenernos en vez de reaccionar. Podemos formularnos a nosotros mismos algunas preguntas aparentemente simples respecto a cómo elegimos responder: ¿Es útil? ¿Es amable? ¿Refleja quién soy? La Mishná dice: “¿Quién es fuerte? El que domina sus instintos” (Pirkei Avot 4:1). Tener fuerza interior implica ser capaz de escoger elevarse por encima de un sentimiento y no dejar que él dictamine nuestro comportamiento.

2. La gratitud contrarresta la negatividad

Una de las formas más poderosas para contrarrestar los sentimientos negativos es prestar atención a lo que tenemos en vez de pensar en lo que no tenemos. Una amplia gama de emociones negativas, desde la tristeza hasta el enojo, pueden surgir de una sensación persistente de carencia en cualquier área de nuestra vida. No tener suficiente dinero, no tener suficiente tiempo, no tener suficiente éxito.

La Mishná enseña: “¿Quién es rico? El que está satisfecho con lo que tiene”. Logramos cultivar un sentimiento de gratitud al focalizarnos en todas las bendiciones de nuestras vidas.

3. Aprender transforma nuestras emociones

La sabiduría y el conocimiento pueden enseñarnos a mirar más allá de los confines de nuestros propios sentimientos y perspectivas. Ver las cosas a través de la mirada de otra persona puede darnos la flexibilidad que necesitamos para usar algunas de nuestras emociones y dejar pasar otras. La Mishná pregunta: “¿Quién es sabio? El que aprende de cada persona”. Aprender de cada persona y de cada situación puede ayudarnos a preguntarnos a nosotros mismos: ¿Acaso hay otra manera de ver este problema? ¿Qué aprendí hoy? ¿Otra persona sintió alguna vez de esta manera y convirtió este desafío en una oportunidad?

4. Respetar a los demás nos brinda respeto.

Uno de los sellos distintivos de las personas verdaderamente exitosas es cuán respetuosas son con los demás y cuánto se esfuerzan para agregar valor a las vidas de quienes los rodean. Como dice la Mishná: “¿Quién es honorable? El que honra a los demás”. Muchos tratamos de ganarnos el respeto a través de nuestros logros, pero si bien los logros pueden brindarnos cierta admiración temporal, el verdadero respeto sólo se construye al respetar a todos los que nos rodean. Esta es la clase de emoción que nadie puede quitarnos porque la controlamos al honrar constantemente a los demás. Podemos preguntarnos: ¿Soy generoso con mi tiempo, con mis palabras, con mi presencia? ¿Trato a los demás de la forma en que deseo ser tratado?

Si no controlamos nuestras emociones, ellas pueden tirarnos hacia abajo. Tener consciencia de nuestros sentimientos y elegir cómo canalizarlos en última instancia nos libera. “Amado es el hombre porque él fue creado a imagen de Dios y es todavía más amado porque se le informó que fue creado a imagen de Dios” (Pirkei Avot 3:14). Nuestra misma consciencia es un regalo. Contamos con la luz infinita que nos permite elegir quién queremos ser a cada momento de nuestras vidas