# No debe haber una mayor satisfacción que responder satisfactoriamente la pregunta, "¿Quién eres tú?".

Rosh Hashaná es un día de paradojas. Por un lado, es el increíble Día del Juicio. El marco completo, según el cual funcionaremos el año siguiente, espera para ser determinado. Sin embargo, en la noche de Rosh Hashaná, mientras untamos nuestras manzanas en miel y comemos otros alimentos que simbolizan todo lo que esperamos para el año que viene, prevalece un ambiente alegre, incluso festivo.

Las leyes de Rosh Hashaná nos recuerdan que con el juicio mismo hay una razón para regocijarse. Comenzamos el día relucientes, como una señal de nuestra confianza en un juicio favorable. En Rosh Hashaná no recitamos la confesión de vidui. En vez de enfocarnos en los pecados pasados y buscar el perdón, miramos hacia el futuro con optimismo.

Cuando entendemos apropiadamente la naturaleza del juicio en Rosh Hashaná, sin embargo, la aparente paradoja de regocijo en el juicio se esfuma. Reconocemos que somos nosotros los que necesitamos del Juicio Divino, la oportunidad anual para un inventario. Le pedimos a Dios que nos juzgue con los toques del Shofar que anuncian la convocatoria del Tribunal Divino. (Nuestra sumisión voluntaria hacia el juicio despierta la Misericordia Divina; ese es el secreto del Shofar).

La Mishná describe a cada ser viviente pasando frente a Dios "k´bnei Meron". El Talmud ofrece tres explicaciones para esta extraña frase, pero el punto en común para todas ellas es sobre nuestra singularidad. O somos comparados con ovejas pasando una por una por el bastón del pastor para ser contadas, o a estar atravesando por una escalera que permite pasar sólo a una persona a la vez, o con soldados del ejercito del Rey David, cada uno recibiendo sus instrucciones individuales.

 

La tarea de Rosh Hashaná es ayudarnos a identificar la misión para la cual fuimos creados.

 

Cada uno de nosotros se va a parar absolutamente solo frente a Dios. Y Él nos hará una pregunta: ¿Quién eres? ¿Qué te hace diferente de cualquier otra persona que haya vivido o que vaya a vivir? ¿Por qué te creé? La pregunta nos aterroriza porque estamos muy desacostumbrados a pensar en profundidad sobre nosotros mismos.

Pero necesitamos de esta introspección intensa. Ya que no puede haber una mayor satisfacción que responder satisfactoriamente la pregunta, e identificar la esencia de nuestra individualidad. Cuando identificamos eso que nos hace únicos, reconocemos que nuestras vidas tienen propósito, que existimos para revelar algún aspecto de Dios que nadie más ha podido o jamás podrá revelar. Nuestra existencia no es accidental, sino que esencial.

Es a esto que nos referimos cuando decimos en las plegarias de Musaf que cada ser creado pasa frente a Dios – "las acciones del hombre y su misión". Cada uno de nosotros tiene una misión única, y la tarea de Rosh Hashaná es ayudarnos a identificar la misión para la cual fuimos creados, y en el proceso, acercarnos al Todopoderoso.

El Shofar nos recuerda de aquel momento original de inspiración (literalmente hablando) en que Dios sopló por las fosas nasales de Adam el respiro de vida, y Adam se convirtió en un verdadero ser viviente. Es la voz del alma, luchando por reconocerse.

¿Pero cómo identificamos nuestra misión? Primero, debemos conocer nuestras fortalezas y talentos. El Rabino Israel Salanter, el fundador del movimiento de Musar, solía decir que es trágico para una persona el no conocer sus debilidades, pero es doblemente trágico si una persona no conoce sus fortalezas. Estas últimas son la base de nuestro servicio divino fundamental en el mundo.

Así como tenemos que ver nuestros talentos como regalos de Dios para permitirnos completar nuestra misión única, también debemos saber que nuestras pasiones, aquellas actividades que nos dan un sentimiento de placer y realización, también son dadas por Él. El más grande violonchelista del mundo Yo-Yo Ma relata que cuando era pequeño comenzó tocando el violín. Pero no sentía amor por el violín, y como mucho era mediocre. Sólo cuando agarró el violonchelo, sus dones musicales se manifestaron completamente.

Y finalmente, debemos proporcionar un contexto social para nuestros dones y pasiones. Cada uno de nosotros inevitablemente mira a su comunidad y ve que hay mucho que mejorar. Sin embargo, a menudo nos decimos a nosotros mismos que si nos percatamos del problema otros ya deben haberlo notado, y que aquellos más talentosos, o enérgicos, o con más tiempo se encargarán de él.

Pero el hecho de haber identificado una situación particular que necesita ser reparada puede ser un indicio de que rectificar la situación es parte de nuestro objetivo. Poco después de haber llegado a Estados Unidos, Iossele Rosenberger fue preguntado por otro inmigrante, quien sabía que sus padres tenían una tienda de ropa en Viena, cómo uno hacía para verificar el shatnez (una mezcla de lana y lino) en Estados Unidos. Él investigó y determinó que nadie sabía la respuesta a dicha pregunta.

Habría sido lo más fácil del mundo para el Sr. Rosenberger decirse a sí mismo que muchos grandes rabinos lo habían precedido en su llegada a Estados Unidos, y si ellos no habían hecho nada al respecto, entonces no debería haber problema. Pero entendió que si le habían preguntado a él, significaba que había recaído en él la responsabilidad de encontrar la solución. Se dedicó los siguientes cinco o seis años de su vida para encontrar una prueba barata, eficiente y precisa para el shatnez , y luego para convencer a los compradores de usar su examen. A través de sus esfuerzos, sus conocimientos de un precepto de la Torá y la capacidad para observar esta mitzvá, esta fue revivida entre la judería americana religiosa, y eventualmente hacia todo el mundo.

Al identificar el punto de intersección entre nuestros talentos, pasiones y aquello que la sociedad necesita, podemos comenzar a identificar la misión para la cual sólo nosotros fuimos creados. El resultado de nuestro cuestionamiento no necesita ser tan grande como descubrir un examen para el shatnez – puede no ser más que criar a nuestros hijos felices, siendo judíos activos, una tarea para la cual somos adecuados y hemos sido asignados más que nadie en el mundo.

El juicio de Rosh Hashaná mira hacia adelante, no hacia atrás; el enfoque en el día es en nuestra misión para el futuro, no nuestras fallas pasadas. De hecho, hasta que seamos completamente concientes de todo lo que podemos ser, ni siquiera alcanzamos a darnos cuenta en qué medida hemos estado a la altura en el pasado. Sin una visión alternativa para nuestro potencial único, somos incapaces de liberarnos de todos los patrones posteriores a nuestra falla.

Ahora, armados de un conocimiento de nuestra propia individualidad, podemos trazar una nueva dirección para el siguiente año. Y con esa visión para el futuro viene un renovado sentido de propósito, un sentimiento de apego a la Fuente de toda vida.

Que todos seamos inscritos para un año dulce y bueno.

Este artículo apareció originalmente en Hamodia.