El sábado por la noche era el día más difícil – y no tengo idea por qué.

Ya había comido dos comidas completas durante el día, sin mencionar algunos tentempiés entre medio. Ciertamente no tenía hambre y estaba comiendo solamente por Melave Malka (la comida tradicional que sigue al cierre de Shabat).

Pero sencillamente tenía que comer. El magnetismo del refrigerador era irresistible; el atractivo de las sobras era demasiado fuerte para soportarlo. Por más que lo intentara, no podía superar la tentación de una comilona. Pollo, cholent, kugel o kishkes, no importaba. Estaba completamente consumido por consumirlo todo.

Sabía que este comportamiento hacía que aumentaran los kilos – 136 para ser exactos. Pero no podía parar.

Sabía que este comportamiento hacía que aumentaran los kilos – 136 para ser exactos. Pero no podía parar. Conocía los efectos dañinos que esto provocaba en mi salud física y en mi bienestar emocional; la frustración, la confusión y la humillación de no ser capaz de controlar mis hábitos alimenticios. No importaba. La única cosa que no sabía era por qué no podía parar.

Mi credibilidad sufrió. Aquí estaba yo, un Rabino, enseñando a judíos la sabiduría y la belleza de la Torá y las mitzvot, alentándolos a incorporar el judaísmo como una prioridad en sus vidas, y no podía controlar mis hamburguesas.

Durante años, intenté perder peso. Hice programas como Weight Watchers, Atkins, y tomé píldoras. Me inscribí en un gimnasio e hice ejercicio sin cesar; jugué básquetbol y corrí por la pista. Pero nada daba resultado – bajaba 10, subía 20, una y otra vez.

Tenía una vida productiva y significativa; una esposa maravillosa e hijos – pero ninguna respuesta cuando se trataba del peso. Hasta que un día, en completa desesperación, Dios me bendijo con el regalo de la desesperanza. Reconocí que era un comedor excesivo compulsivo, que realmente había perdido el control.

Era un esclavo del azúcar y la pizza. Usualmente prefería cantidad sobre calidad. Podía comer un balde completo de pollo frito y aún tener espacio para el plato principal. Nunca tuve que agrandar mi orden en los restaurantes de comida rápida, ya que siempre ordenaba en plural; dos de esto y tres de aquello.

Como un alcohólico, tenía que dar ese primer mordisco compulsivo. Adicción significa ser incapaz de evitar una sustancia o una acción, a pesar de la sabida consecuencia y del deseo de resistir la tentación, es decir, hacer algo dañino en contra de la voluntad.

Acepté el hecho de que nada de lo que yo pudiera hacer por mí mismo funcionaría. Necesitaba una revisión completa de mi actitud y de mi conducta con respecto a la comida. Toda mi fuerza de voluntad no era capaz de vencer a la comida.

No fue fácil de aceptar. Me costó tragarlo – pero fue lo más importante que he tragado jamás.

Comencé a asistir a un grupo enfocado en la recuperación de desórdenes alimenticios. Aparte de mis antojos físicos y obsesiones con las cantidades, entendí que estaba utilizando la comida como un mecanismo para sobrellevar lo emocional, como una válvula de escape espiritual. Encontré apoyo en los pastelillos, empatía en el salame.

Descubrí que mi conducta con la comida era mucho más común de lo que yo pensaba. Las estadísticas más recientes revelan un serio problema: 70% de los estadounidenses tienen sobrepeso y más del 30% son obesos. De acuerdo al Centro para la Prevención y Control de Enfermedades, la obesidad está superando rápidamente al tabaco como la principal causa de muerte prevenible en los Estados Unidos, y está ahora dentro de los factores de riesgo primario para las enfermedades al corazón, hipertensión, ataques, diabetes e incluso cáncer. La Organización Mundial de la Salud identifica la obesidad como una epidemia y como el "mayor problema de salud no reconocido en el mundo".

No todo el que lucha con la comida es un comedor compulsivo. Muchas personas pueden utilizar una dieta particular o un régimen específico de pérdida de peso para controlar su conducta y perder los kilos de más. Para muchos otros, sin embargo, es como intentar cabalgar en un caballo salvaje sin riendas – caerse una y otra vez. Yo tenía suficientes golpes y moretones para probarlo.

Hay una diferencia fundamental entre una "dieta" regular y un programa de recuperación de desórdenes alimenticios.

Aprendí que hay una diferencia fundamental entre una "dieta" regular y un programa de recuperación de desórdenes alimenticios. Una dieta es fundamentalmente acerca del peso. Sin importar como lo empaquetes, significa comer menos o comer diferente, y ejercitarse más. Pierde peso y has tenido éxito. Felicitaciones y que tengas una buena vida, a menos que te veamos nuevamente cuando vuelvas a subir de peso – lo cual ocurre más a menudo de lo que pensamos.

No es tan complicado. La "pérdida de peso" es una industria de millones de dólares, pero no porque revelen sabiduría oculta que estaba previamente disponible sólo para algunos afortunados. Sino más bien, porque muchos de nosotros somos incapaces de mantenernos en el plan por un período prolongado de tiempo – porque somos incapaces de instituir un cambio significativo en nuestra vida alrededor de nuestra conducta con la comida.

Ciertos ingredientes utilizados en la producción de comida poseen tendencias adictivas – particularmente el azúcar. La adicción física existe dentro del espectro de la comida. Para muchos de nosotros, ingerir azúcar procesada de cualquier forma provoca un deseo incontrolable de comer más y más. Mi experiencia personal es que lo mismo ocurre con los productos en base a harina, como el pan y los panecillos.

Ahí es donde un programa de recuperación emocional, física y espiritual entra en juego. Todo es acerca de la comida. No es acerca del peso. Más precisamente, se trata de desarrollar una relación sana y consistente con la comida. La pérdida de peso es un beneficio, no una meta. Es la maravillosa consecuencia de utilizar la comida de manera normal – para nutrir, no para complacer; para satisfacer necesidades físicas en vez de suprimir angustia emocional.

Enfrentémoslo: Todos tenemos problemas. Ya sean los padres, hijos, pareja, jefes o amigos, dinero, prestigio, carrera, escuela o simplemente la rutina, cada uno de nosotros tiene cosas que causan estrés y ansiedad.

Mi primera reunión fue un domingo en la mañana. El salón estaba casi lleno y eran a penas un poco más de las 8 de la mañana. Las 100 o más personas eran tan variadas en su forma de vestir como lo eran en sus antecedentes. La cosa que muchos tenían en común, sin embargo, era un tamaño normal de cuerpo.

Yo estaba esperando una habitación llena de personas como yo; con sobrepeso, abrumados, tímidos y cansados. Yo de seguro no era el único que cabía en mi descripción; pero éramos superados en número, por una gran cantidad de tipos vibrantes. Uno tras del otro, se presentaron como adictos a la comida o comedores compulsivos, compartiendo una sinopsis de cinco minutos de su experiencia de lucha en contra de la adicción a la comida.

Habían probado todas las dietas o programas de pérdida de peso que existían e incluso algunos que yo nunca había escuchado: desde algas marinas a coserte la boca para mantenerla cerrada. La libertad de la compulsión solamente llegó cuando tomaron una decisión conciente de traspasar su voluntad y su determinación a un Poder Superior, buscando fuerza, éxito y sanidad alrededor de la comida.

Estas ideas por supuesto resonaron en mí. Yo era un judío religioso trabajando para tener una relación con Dios, el infinito Creador y Proveedor del universo. El Rey Salomón en Proverbios (21:23) habla sobre "cuidar nuestra boca y lengua". Maimónides explica que cuidar nuestra lengua significa evitar los chismes y hablar solamente de aquello que es necesario; cuidar nuestra boca significa abstenerse de comer alimentos dañinos, o de comer en exceso.

Maimónides escribe (Leyes del Conocimiento 4:15):

Comer en exceso es como un veneno para cualquiera y es la causa primaria de las enfermedades. La mayoría de las enfermedades son causadas por los alimentos dañinos o por comer en exceso, incluso alimentos sanos.

Pero yo no estaba en una sinagoga o en algún otro servicio religioso. Estaba en un salón de conferencias en un hospital local, asistiendo a una reunión para comedores compulsivos, con personas de todos los tipos de fe y compromisos religiosos.

Comencé a trabajar con las herramientas del programa, como por ejemplo asistiendo a reuniones regulares y buscando formas positivas de canalizar mis inclinaciones negativas a comer en exceso. Seguí un plan de alimentación sugerido el cual me hizo comer nutritivamente por primera vez en mucho tiempo. Aprendí a tratar la comida por lo que era – combustible para mi cuerpo, y no por lo que no era – un amigo clandestino que prometía satisfacción y camaradería, pero que nunca la entregaba realmente.

Lo principal era recuperar una relación sana con la comida, un día a la vez.

Y quién lo diría, ¡funcionó! Perdí 50 kilos en poco menos de un año incorporando un cambio fundamental de actitud – no se trataba de perder peso. Lo principal era recuperar una relación sana con la comida, un día a la vez.

Ese fue uno de los principios claves de mi éxito. Muchas veces en el pasado, no podía ni siquiera comenzar. Sufrí interminablemente de la enfermedad de "mañana". Mañana comenzaré la dieta. Mañana me irá mejor. Mañana. Mañana. Mañana...

Mañana era demasiado aplastante. Para mí, mañana no significaba solamente las próximas 24 horas. Mañana significaba que tenía que lograr todo de un solo golpe. Tenia que comenzar una dieta que ocasionara la pérdida de 50 kilos. En mi mente, mañana era una cura falsa para mi obesidad, una promesa de pérdida de peso inmediata apoyada en los anuncios publicitarios – siempre acompañados de un pequeño asterisco: "resultados no garantizados".

Solamente al ingresar a un programa de recuperación obtuve finalmente la respuesta: "Hoy" es la cura para la enfermedad de "mañana". Concentrarse en hoy y solamente en hoy. No te preocupes por el peso. No te estreses por tener que perder 50 kilos. Tómalo día a día, incluso de a una comida, y los resultados ocurrirán por si mismos.

Esta idea de que "hoy no tenemos poder sobre los resultados de mañana" es clave para ayudarnos a redefinir nuestra perspectiva acerca de comer compulsivamente.

Durante los primeros meses, mi mente a menudo pensaba acerca de no poder comer pizza o pollo frito nunca más, dos alimentos básicos de mi comida adictiva. Sentía pena por mí mismo y comenzaba a cuestionar mi resolución. Hasta que me detenía y me daba cuenta que solamente tenía que evitar esos alimentos por hoy.

Las primeras semanas tuve ataques de hambre. Después de todo, estaba reduciendo significativamente mi consumo de proteínas y grasas. Pero mi cuerpo se adaptó rápidamente. Estaba comiendo diariamente frutas y vegetales por primera vez en mi vida, además de porciones moderadas de proteínas y granos. Mis porciones eran saludables, ciertamente suficientes para nutrir y mantener.

Y estaba comiendo bien al desayuno. Ese era el mayor milagro de todos. Me despertaba con apetito cada mañana en vez de hinchazón. Disfrutaba mis comidas y las repartía a lo largo del día: desayuno no más tarde de las 9 AM, almuerzo entre las 12 y la 1 PM y cena alrededor de las 6 PM. Los snacks, que para mí eran generalmente actos compulsivos, (lo que yo llamo "alimentos de estado de animo"), ya no eran parte de mi día. Mi almuerzo tenía que ser suficiente para llegar hasta la cena. Si la compulsión por las comilonas nocturnas comenzaba, hacia algo radical – me iba a dormir.

Saciando el Hambre

El hecho de que mi esposa Zaka también tuvo éxito recuperándose de su batalla de comer compulsivamente, me entregó un ejemplo de fuerza y voluntad. Ella era una luchadora de toda la vida, se había unido al programa Weight Watchers a los 8 años. Ahora ella había perdido 60 kilos – y se ha mantenido así por los últimos seis años. Ella es un verdadero modelo para mí y para muchos otros.

Mientras mi recuperación y pérdida de peso progresaban, intenté traspasar diariamente mi autoridad sobre la comida a Dios, permitiéndole a Él hacer por mí lo que yo no podía hacer por mí mismo. Y es por eso que, más de cinco años después, he mantenido una pérdida de peso de 50 kilos. Día a día.

Como Rabino, se que este problema afecta a nuestra comunidad judía tanto como a la población general. Sólo basta observar nuestra conducta de alimentación en las cenas de Shabat, mesas de kidush, bodas, etc., para preguntarnos honestamente si es así como Dios quiere que nos comportemos en estas ocasiones. Imaginen a Maimónides, uno de los pensadores judíos más importantes, en los siguientes escenarios: De pie en un salón de té en un hotel durante Pesaj, o al final de un bufé escandinavo – o contemplando la indulgencia de nuestros hijos en la proliferación de los dulces y bebidas en la escuela, sinagoga y eventos comunitarios.

Zaka y yo hemos creado una organización, Soveya (la palabra en hebreo para saciando el hambre), específicamente para generar conciencia acerca del comer compulsivamente, la obesidad en la comunidad judía y la urgente necesidad de tratar la situación. Sabemos de primera fuente cuan difícil es retomar una relación sana con la comida, perder el peso tanto como perder la obsesión diaria. Nosotros alentamos a las personas a buscar soluciones que funcionen para ellos, incluyendo fraternidades sobre el tema de comer en exceso.

Nuestra meta es traer estos temas cruciales al frente de la discusión en la comunidad judía, y al mismo tiempo ayudar a las personas en lo que, para muchos de nosotros, está dentro de los desafíos más difíciles que enfrentaremos en la vida – establecer una relación sana con la comida.

Además, Soveya provee asesoría confidencial para individuos y familias que han encontrado frustración y fracaso con otras dietas o programas de pérdida de peso. Hemos desarrollado un acercamiento basado en los principios de la Torá para el crecimiento personal y para desarrollar el hábito de comer sanamente, combinado con herramientas probadas adaptadas de programas de recuperación para conductas compulsivas.

Hemos desarrollado también una Campaña de Bienestar para las escuelas judías, en la que intentamos trabajar en conjunto con padres y profesores para implementar estrategias educacionales y proveer herramientas prácticas para ayudar a crear un ambiente saludable tanto en casa como en la escuela.

Para mayor información, puede contactarnos en info@soveya.com o visitar www.soveya.com (sitio en Inglés).

(Una versión abreviada de este artículo apareció originalmente en la revista Binah).