No hay duda, Débora estaba equivocada. Yo esperaba que al final de la conferencia que di para su organización, ella buscara en su bolso, sacara mi cheque, y me lo entregara. En vez de hacer eso, ella dijo, "¿está bien si te pagamos mañana?"

"¿Mañana?", yo estaba desconcertada. Estoy acostumbrada a que me paguen al final de las conferencias. "No va a ser fácil", protesté. "Vivo dentro de las murallas de la ciudad vieja. ¿Cómo vas a entregármelo mañana?"

"Eso no es problema. Tenemos un chofer que hace los mandados por nosotros".

"Está bien", murmuré con reticencia. "Mañana".

Sabia que recibir el cheque al día siguiente sería un gran contratiempo. Dado que la ciudad vieja de Jerusalem es inaccesible para los autos, tendría que ir hasta la calle y esperar por su chofer. La ineficiencia de Débora me haría perder tiempo – mi más preciado tesoro. Además, Débora, judía observante, seguramente sabia del mandamiento de la Torá de "pagar al trabajador al final del día" (o al final de la semana o mes, si ese es el periodo acordado mutuamente), y ella lo ignoró deliberadamente.

Efectivamente, recibir mi cheque al día siguiente me costó seis llamadas telefónicas a Débora y al chofer, una caminata de 5 minutos desde mi casa hasta la calle, y 15 minutos de espera, ya que el chofer estaba atascado en el tráfico. Estaba disgustada, y todo era culpa de Débora.

Esa noche la Rebetzin Tzipora Heller enseñó su clase semanal en mi casa. Hasta el momento en que empezó la clase, yo estaba compenetrada tratando de renovar mi anti-virus Norton. El sitio de Internet de Symantec no quería aceptar mi pedido. El representante del servicio al cliente finalmente me prometió que su supervisor me llamaría a las 22:15 esa noche.

Se suponía que la clase terminaba a las 22:00, pero se extendió 10 minutos. Aunque yo siempre recolecto el dinero de las estudiantes, esta vez le di el tarro para juntar el dinero a una amiga y corrí a mi "oficina" para recibir el llamado de Symantec. La Rebetzin Heller todavía estaba allí cuando salí diez minutos después. La acompañe afuera y le agradecí por una excelente clase.

Así como ella lo había echado a perder, también yo.

Una hora y media después, noté que el tarro de dinero estaba lleno. Me había olvidado de pagarle a la Rebetzin Heller. Había fallado en "pagar al trabajador al final del día".

Estaba mortificada. ¡Yo misma me había vuelto culpable del mismo acto por el cual había condenado a Débora!

Me di cuenta que estuve tan enfocada en examinar la falta de Débora de no pagarme a tiempo que fallé en examinar mi propia reacción. Ni siquiera me había molestado en preguntarme a mí misma: ¿Cuál es la respuesta correcta a su mala acción?

Ahora esto me golpeó: Mi respuesta debería haber sido juzgarla favorablemente. Buscar circunstancias extenuantes habría substituido mi actitud crítica por una actitud compasiva. "Ella sola había organizado todo el evento", podría haberme dicho a mí misma. "Ella tenía miles de detalles que atender. Por lo que accidentalmente olvidó uno. Podría haberle pasado a cualquiera de nosotros".

Así como ella lo había echado a perder, también yo.

Otra Manera de Enfrentar la Situación

Rab Israel Salanter, el fundador del movimiento de Musar del siglo XVIII, dijo: "Tenemos que preocuparnos por nuestras carencias espirituales y por las carencias materiales de nuestros vecinos. Pero generalmente hacemos lo contrario. Nos preocupamos por las carencias espirituales de nuestros vecinos y por nuestras propias carencias materiales".

Entonces, ¿Cuál es la respuesta correcta cuando alguien actúa mal?

La Torá nos da las pautas:

  1. Juzgar favorablemente.
  2. No hablar lashón hará (hablar mal) de la persona.
  3. No odiar a la persona en el corazón.
  4. No tener rencor y no ser vengativo.
  5. Dar reprimenda en privado, pero sólo si lo haces con amor y haces que la persona se sienta ayudada y no criticada.
  6. Ver el hecho como un mensaje de "arriba" para examinar tus propias acciones.

Manteniendo esta lista en mente, imagina cuan diferente vas a reaccionar cuando alguien actúe mal.

A las 3 PM el jefe se fue de la oficina para ir a un funeral. Diez minutos después, Elena dejó se fue del trabajo antes de la hora, pensando que nadie la descubriría. Tú estás a punto de delatar a Elena, pero por el contrario te detienes y te preguntas: ¿Cuál es la respuesta correcta?

Hazte una simple pregunta, "¿Cuál es la respuesta correcta?"

Cuando le dices a tu hijo de 12 años que no puede salir a jugar hasta que termine su tarea y él te responde con jutzpá (insolencia). Tú estás a punto de regañarlo, pero por el contrario te preguntas: ¿Cuál es la respuesta correcta?

Estás con un grupo de amigos en una fiesta, Esteban hace una broma a expensas de Marcy. Ella avergonzada sale corriendo de la habitación. Tú estás a punto de atacar a Esteban diciéndole "Eres un tonto", cuando te preguntas: ¿Cuál es la respuesta correcta?

Haciéndote esa simple pregunta, "¿Cuál es la respuesta correcta?" No sólo vas a desviarte de la capciosidad de la actitud crítica, sino que también vas a abstenerte de hacer algo que quizás es peor que las cosas malas que presenciaste.

La Respuesta Más Correcta

Daniel, de 25 años, estaba en proceso de explorar su relación con el judaísmo. Vino a Jerusalem para pasar un año estudiando en Aish HaTora. Él rentó un apartamento y compro una costosa motocicleta para andar por las congestionadas calles de Jerusalem.

Una noche él fue a visitar a su maestro, Rab Yom Tov Glazer. Cuando salió del apartamento de Rab Glazer, un par de horas después, la motocicleta de Daniel no estaba. Había sido robada.

Daniel estaba horrorizado. La motocicleta le había costado gran parte de sus ahorros. Peor aún, sus Tefilin estaban en el maletero de la motocicleta. Él había recibido esos Tefilin de sus padres en su Bar Mitzvá. Si bien su familia era observante, Daniel había dejado de ponerse sus Tefilin unos cinco años antes. Sin embargo, él los llevaba a todas partes, como una especie de talismán. La motocicleta, si bien era costosa, era reemplazable, pero nunca podría reemplazar sus Tefilin del Bar Mitzvá.

Daniel inmediatamente llamo a la policía. Después Rab Glazer lo llevó en su auto para inspeccionar el vecindario. Los ladrones de motocicletas típicamente llevan su botín a un escondite cercano, y luego vuelven con herramientas para desarmarlo. Daniel y Rab Glazer pasaron una hora inspeccionando un radio de cinco cuadras alrededor de la escena del crimen, sin éxito. Finalmente Rab Glazer dejo a Daniel en su apartamento con el corazón roto.

Daniel podría haber respondido con amargura, resentimiento, o enojo con el ladrón que lo había despojado. En vez de eso, él cambió el foco hacia si mismo y examinó sus propias acciones. Él concluyó que como no se ponía los Tefilin cada día como es debido, él había perdido el privilegio de poseerlos. Resolvió que a la mañana siguiente iría a comprar un nuevo par de Tefilin, y se esforzaría en ponérselos diariamente.

Mientras tanto, Rab Glazer volvió a su casa. Debido a la penuria de estacionar cerca de su apartamento, Rab Glazer había arrendado un estacionamiento privado a seis cuadras. Él estacionó su auto y empezó a caminar, de pronto, miró por sobre el pequeño muro al lado de su auto, y ahí, escondida entre las sombras, estaba la motocicleta de Daniel.

Y dentro del maletero, estaban los Tefilin del Bar Mitzvá de Daniel.