Un gran número de investigaciones afirman que podemos escoger ser felices. Aquí hay cinco formas corroboradas para aumentar tu coeficiente de felicidad.

1. Salir al aire libre

Se ha demostrado que pasar tiempo en la naturaleza estimula nuestro estado de ánimo. Un estudio británico del 2013 descubrió que las mujeres que salían afuera a comer su almuerzo experimentaban un estímulo significativo en su bienestar. Incluso pasar unos cuantos minutos en el banco de un parque ayudaba a que se sintieran más felices y satisfechas. Pasar tiempo al aire libre cambia la forma en que nuestro cuerpo procesa el estrés. David Strayer, de la Universidad de Utah, explicó: “Cuando interactuamos con la naturaleza vemos cambios en el cerebro y en el cuerpo que sugieren que estamos más sanos física y mentalmente”.

Incluso mirar por una ventana puede estimular nuestra felicidad. En el trabajo, sentarse junto a una ventana u otra fuente de luz natural puede estimular felicidad y bienestar. Los hospitales descubrieron que los pacientes que después de una cirugía tienen vista al exterior necesitan menos tiempo de recuperación que los pacientes que no pueden ver el exterior.

2. Fingir hasta que lo logres

Los Sabios judíos reconocieron hace mucho que la forma en que actuamos altera profundamente cómo nos sentimos por dentro. Ahora, la investigación moderna corroboró este antiguo conocimiento judío. Cuando actuamos externamente con felicidad (incluso si de cierta manera estamos fingiendo) nuestros actos influyen sobre nuestros sentimientos y nos ayudan a sentirnos más felices.

En un estudio les pidieron a los participantes que pusieran un lápiz entre sus labios sin dejar que tocara sus dientes. Esto los obligó a fruncir el ceño mientras mantenían el lápiz en su lugar. A un segundo grupo se le pidió sostener un lápiz entre los dientes, lo que los obligaba a sonreír. Después les pidieron a los dos grupos calificar ciertas caricaturas cómicas. Aunque vieron las mismas caricaturas, surgió una clara diferencia: las personas que sonrieron calificaron a las caricaturas como mucho más graciosas y divertidas que los que fruncieron el ceño. Parece que el mero acto de forzarnos a sonreír nos hace más felices.

En otro estudio les pidieron a los participantes caminar de un modo alegre. Caminar de esta forma (sonreír, mover los brazos y caminar con ritmo) llevó a que realmente se sintieran más felices.

3. Enfocarse en la gratitud

Hace dos mil años, el sabio Ben Zomá enseñó que todos pueden sentirse ricos y satisfechos simplemente si aprecian lo que ya tienen. “¿Quién es rico? El que está contento con su porción” (Pirkei Avot 4:1). Esto es algo que también entendieron los investigadores modernos. Numerosos estudios concluyeron que encontrar por qué estar agradecidos nos hace felices.

El Dr. Robert A. Emmons de la Universidad de California, y el Dr. Michael E. McCullough de la Universidad de Miami descubrieron que las personas que escriben regularmente cosas por las que están agradecidas son más optimistas y se sienten mejor con sus vidas. También necesitan ir menos al médico y hacen más ejercicio.

Escribir una carta de agradecimiento también estimula la sensación de bienestar. Esa fue la conclusión del Dr. Martin E. P. Seligman de la Universidad de Pennsylvania, quien le pidió a un grupo de 411 personas que escriban y entreguen personalmente una carta de agradecimiento a alguien que los hubiera ayudado y a quien no le hubieran agradecido adecuadamente. Los participantes reportaron un aumento en su nivel de felicidad, y el efecto duró alrededor de un mes.

Tener el hábito de apreciar las bendiciones de tu vida puede transformar la forma en que piensas. Comienza tomándote un momento cada mañana para agradecerle a Dios por estar vivo e intenta mantener esa actitud a lo largo del día. Si consigues un asiento en el autobús o un lugar para estacionar, siéntete agradecido. Diles a los demás que estás agradecido. Escribe una carta diciendo exactamente por qué estás agradecido y entrégala personalmente. Una vez que empiezas a pensar en todas las cosas por las que puedes estar agradecido cuesta detenerse: tu hogar, tus amigos, tu almuerzo, que tu canción favorita suene en la radio... Pensar de esta forma estimular tu bienestar y te brinda alegría.

4. Apagar el teléfono

Varios estudios revelan niveles de felicidad marcadamente superiores en las personas que pasan menos tiempo en línea. Un estudio de la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pennsylvania, encontró que incluso no visitar Facebook durante una semana estimula la felicidad y aumenta la sensación de bienestar.

Como explica el Dr. Richard E. Cytowic, autor de “The Fallible Mind” (La mente falible): “La tristeza inducida por la pantalla puede afectar (y afecta) virtualmente a todo el mundo. Salir con amigos, hacer deporte o leer un libro una vez fueron actividades que llenaban nuestras horas libres”. Hoy, en cambio, muchos adolescentes y adultos pasan horas pegados a sus aparatos y al parecer sufren efectos negativos.

Un estudio del 2018 de la Universidad de San Diego asegura que los adolescentes más felices no evitan por completo las redes sociales sino que las utilizan con mucha moderación, en general menos de una hora diaria. Asimismo, el hecho de pasar más horas ocupado en aparatos electrónicos en vez de comunicarse con los demás cara a cara se asocia con altos niveles de infelicidad, y la miseria crece junto con el tiempo que se pasa en línea. Los adolescentes que pasan más de cinco horas diarias en línea tienen mayores probabilidades de sentirse deprimidos que aquellos que limitan su tiempo de pantalla a una hora o menos.

Una forma de empezar a limitar el tiempo de pantalla es a través del Shabat, cuando muchos judíos se abstienen de utilizar artefactos electrónicos durante 25 horas, desde el atardecer del viernes hasta que atardecer del sábado. Puede ayudarte saber que no estás solo al intentar liberarte de la pantalla, y que en todo el mundo hay judíos que también dejan de lado sus teléfonos y artefactos electrónicos por un día. Aunque pueda parecer radical apagar por completo tu teléfono, hacerlo puede mejorar nuestra felicidad.

5. Hacer algo por otro

Las investigaciones demuestran que dar a los demás nos hace más felices.

En un estudio del 2017 de la Universidad de Zúrich, Suiza, le dijeron a un grupo de 50 personas que en las próximas semanas recibirían unos 100 dólares. A la mitad del grupo le pidieron planear cómo gastarían el dinero en ellos mismos y a la otra mitad le pidieron planear cómo lo gastarían en otra persona.

Incluso antes de recibir el dinero, los cambios entre los grupos fueron notables. Los que planearon gastar el dinero en otros se comportaron con más generosidad y reportaron sentirse más felices que los que planeaban gastar los $100 en sí mismos. Sorprendentemente, esta diferencia en los niveles de felicidad duró incluso después de que terminara el experimento. Parece que planear darles a otros altera la forma en que nos vemos a nosotros mismos. Cuando comenzamos a pensar que somos generosos, nuestro comportamiento refuerza esa imagen y seguimos cosechando la recompensa de sentir que somos generosos y bondadosos.

Incluso las personas que prometieron dar cantidades relativamente pequeñas se sintieron más felices. El autor principal, Philippe Tobler, explicó: “Vale la pena tener en mente que incluso cosas pequeñas tienen un efecto beneficioso, como por ejemplo llevarle un café a un compañero de oficina”.

Remplazar viejos hábitos con algunas de estas estrategias puede ayudarnos a maximizar nuestra alegría y bienestar.