La tradición judía nos cuenta la historia de un águila inmortal que vuela directo hacia el sol una vez cada 1000 años. Sus plumas se queman y ella cae a la tierra, donde regenera sus alas.

Este es un cuento extraño. Si el águila va a vivir por siempre, ¿para qué renovar sus alas cada milenio? ¿Por qué no vivir siempre con el mismo par de alas?

Un sabio contestó: "Para enseñar que cada ser humano debe aprender a renovarse a sí mismo".

Y el águila sabe cómo hacerlo. Cuando es hora de hacerlo, el águila se dirige hacia el cielo, hacia su raíz, en lugares altos.

La llave para la renovación personal es la habilidad de fortalecer tu conexión con la fuente, con Dios.

De vez en cuando, la mayoría de nosotros nos sentimos desconectados de nuestro verdadero yo. Pero Dios es infinito y siempre nuevo. Conectarte con esa Fuente de energía te puede regenerar.

(El reconocer tu conexión con algo que es infinito y siempre nuevo te da la posibilidad de regresar renovado a tu verdadero ser. Las circunstancias a tu alrededor podrán ser tristes, pero la parte de ti que está conectada con lo Divino se mantiene pura - y tiene el poder de fortalecer tu otra parte).

Aprovecha la humildad

Regresar a esa conexión requiere sublimarse a Dios y para eso necesitas humildad. La persona que es capaz de decir “Dios te necesito. Tú eres el que conduces”, es aquel que es capaz de renovarse a sí mismo.

En una carta muy famosa escrita desde su celda soviética, Natan Sharansky preguntó qué es lo que impide a la persona llegar a su verdadero ser, tanto como individuo o como miembro de la comunidad.

Su respuesta fue: "El miedo".

El miedo se presenta de diversas formas. Miedo a perder la vida, miedo a perder dinero o status o poder. Esos miedos te impiden hacer lo que es correcto y realizar tu potencial único.

Sólo hay una manera de eliminar aquellos miedos: Temerle a algo superior. Cuando temes a Dios, no hay nada más a que temer. Y a este temor le llamamos “temor reverente”.

En los rezos de la mañana decimos: “El principio de la sabiduría es el temor a Dios” (Salmo 111). Entender que Dios está por encima de todo te fortalece dándote habilidades y capacidades que nunca hubieras soñado poseer.

Un hombre que vive en mi barrio, en Jerusalem, fue encarcelado en Siberia años y años, y a pesar de eso no transgredió ni un solo día de shabat.

La KGB lo torturó y lo trató de romper. No pudieron. ¿Cómo lo hizo?

“Tenía la imagen de mi padre en la mente” - le cuenta a la gente. “Y en ella decía: No les temas. ¿Qué te pueden hacer?”.

Cuando le temes a Dios, ¿qué te puede hacer un simple ser humano? Te pueden quitar tu libertad, inclusive separar tu alma de tu cuerpo. Pero la esencia de la persona - su verdadero yo - es intocable.

La persona que está conectada con Dios constantemente es capaz de mantenerse verdadero, ser quien realmente es - y renovar siempre esa esencia.

Eres puro

Cuando nos renovamos a nosotros mismos regresamos a nuestro estado original y puro. Sin una creencia interna en nuestra pureza y fuerza, nuestros intentos serán un fracaso.

Una vez vi un letrero de un niño de apariencia extraña que decía: “Yo sé que no soy basura porque Dios no hace basura”. De hecho, cada uno de nosotros no sólo que no es basura, ¡sino que es una obra de arte! En los rezos matutinos decimos: “El alma que me has dado es pura” (Sidur).

El Rey Shlomó dice en Mishlé (Proverbios) que un tzadik - una persona justa - se cae siete veces y se levanta. No se nos dice que los justos no caen. Claro que se caen. Son justos - no inhumanos. Lo que los hace justos es el hecho de levantarse.

Piensa en un bebé que está aprendiendo a caminar. Da un paso o dos y... se cae. Se levanta y trata de nuevo… y se cae. Y se levanta de nuevo. Esto es una lección para nosotros los adultos, siempre levantarnos otra vez.

Nosotros creemos que es paradójico que tengamos confianza personal y humildad coexistiendo cómodamente. La verdad es que la humildad es la raíz de nuestra confianza personal y auto-estima.

Una persona arrogante piensa que sus habilidades provienen de sí mismo, y por lo tanto, puede hacer hasta un determinado punto y no más. Está limitado por los confines de su propio ser.

En contraste, la persona humilde sabe que sus habilidades provienen de su Creador. Cuando se conecta con Dios no hay límite para sus logros. Su humilde conexión con Dios es la llave de su habilidad para lograr lo que quiere y para renovarse a sí mismo - para levantarse y seguir adelante.

Construyendo una renovación interna

Podemos encontrar ejemplos de renovación en todas partes. Las estaciones del año van y vienen, así como las mareas. Las flores brotan, florecen y mueren - y vuelven a brotar. Dios podría haber creado fácilmente un mundo que se mantenga siempre igual, pero en lugar de eso creó un mundo que expresa "renovación".

El concepto judío del tiempo está construido en base al Shabat. Durante seis días el mundo se mueve, vibra y en Shabat nos detenemos y nos renovamos.

Nuestro entendimiento nos dice que Dios renueva la creación cada día. Tenemos que recordar que cada uno de nosotros es un microcosmo de la creación.

Para Dios habría sido muy fácil crear un mundo aparentemente constante, sin embargo, Dios hace que cada día sea un nuevo día para que nosotros también nos renovemos.