Mi ejercicio favorito es el yoga. Me mantiene en buen estado físico y flexible, previene el dolor de espalda y de hombros y libera la tensión del cuello. Es muy bueno para mi salud física y mental. Hace poco me uní a una clase que es desafiante e inspiradora, y he descubierto que mi experiencia también aplica a mi crecimiento espiritual.

1. Rodéate de gente que sea mejor que tú

La mayoría de las mujeres de la clase son súper flexibles, fuertes y tienen un excelente estado físico. Pueden tocarse los dedos de los pies con la nariz y pararse con las piernas para arriba sin ningún esfuerzo. Estar rodeada de personas que están en un nivel muy superior al mío me inspira, me hace sentir humilde y me motiva a lograr más.

Y lo mismo ocurre en el judaísmo. Es fácil y cómodo rodearte de amigos que están en el mismo nivel de religiosidad que tú y que concuerdan con tus opiniones. Las personas que están en un nivel más alto pueden ser amenazantes. Sin embargo, para crecer necesitas encontrar rabinos, rebetzins, maestros y mentores que sean superiores a ti y que sean ejemplos de lo que es posible lograr para un judío.

2. Los cambios reales requieren constancia

Si sólo ejercitas de vez en cuando no ganarás mucho. Un cambio real requiere ejercitar al menos una vez por semana; sólo así podrás estirarte un poco más y doblarte un centímetro más allá. En el judaísmo, hacer cosas grandes cada tanto es bueno, pero hacer cosas pequeñas de forma constante es aún mejor. El consejo más profundo que recibí alguna vez de un rabino fue que hiciera algo pequeño todos los días para crecer espiritualmente.

3. Los detalles importan

En yoga, la diferencia entre una pose beneficiosa y una dañina es generalmente una pequeña diferencia en la posición de los hombros o la cadera. Sin embargo, el cambio radica precisamente en esa pequeña diferencia. Lo mismo ocurre en el judaísmo: es fácil pensar que a Dios no le importa si encendemos las velas dos minutos después del tiempo o si comemos un helado no casher de vez en cuando. Sin embargo, son esos detalles minúsculos los que separan a los guerreros de los principiantes. El judaísmo tiene un gran foco en los detalles porque Dios está en los detalles. Hace poco me uní a una clase de leyes de Shabat y me está cambiando la vida. Mi observancia de Shabat se está volviendo más plena, más enfocada en Dios y consecuentemente más significativa.

4. La repetición ofrece la oportunidad para profundizar y expandirse

A menudo repetimos las poses durante toda la clase de yoga. En lugar de estar aburridas por hacerlo de nuevo, la repetición provee profundidad y riqueza. Cada repetición es una oportunidad para mejorar, para llevar el límite un poquito más allá y para expandir los horizontes. En el judaísmo, rezamos usando las mismas palabras tres veces al día, decimos las mismas bendiciones antes de comer y encendemos las mismas velas de Shabat cada semana. Cada año repetimos la misma porción de la Torá y comemos matzá todos los Pésaj. Cada repetición ofrece la oportunidad para profundizar y para conectarnos con una parte diferente de la mitzvá. Cada repetición ofrece una oportunidad para hacer más que la vez anterior, para realizar la acción con más intención y para traer más santidad al mundo.

5. Recuerda respirar

En una clase de yoga hay un enfoque tremendo en la respiración. Con la respiración viene la consciencia, el poner los pies sobre la tierra y el foco, y también una mayor capacidad física. Nuestras frenéticas vidas nos hacen sentir que estamos constantemente corriendo. Olvidamos respirar, y mucho menos pausamos para oler unas rosas. Cuando estamos varados en el tráfico, exhaustos a la hora de acostar a los niños o haciendo las compras, respira. Respira profundo, el aroma del césped, aprecia el glorioso atardecer. Con la respiración viene la gratitud hacia Dios por la fuerza de vida de nuestro interior y por la capacidad para enfocarnos en lo que realmente importa.

6. La fortaleza interior es invisible pero crucial

En una clase de yoga, la anciana más endeble puede poseer una fortaleza inimaginable. Esta poderosa fuerza interior es invisible hasta que se necesita. En la vida, la fuerza real también es invisible. Es cuando callas a pesar de morirte de ganas de compartir ese chisme, cuando te contienes ante tu marido cuando deja de nuevo las medias en el piso, cuando no le gritas a tu hijo de dos años cuando mancha la alfombra nueva con pintura para uñas o cuando devuelves una inmerecida devolución de impuestos a pesar de que nadie se hubiera enterado. La fortaleza verdadera está en el alma; es nuestra capacidad única para conquistar los impulsos y los bajos instintos a favor de la trascendencia y la espiritualidad.

7. Crecer no es cómodo

En yoga no hay una vara de medición ni premios por excelencia. Cada uno decide cuánto es suficiente y cuándo parar. Pero nunca mejorarás a menos que estés dispuesta a tolerar la incomodidad. Ir más allá de tu zona de confort es la única forma de lograr un progreso real. En el judaísmo, siempre hay más para hacer. Algunas de esas cosas pueden parecer incómodas, imposibles e incluso dolorosas. Respetar las leyes de cashrut puede implicar renunciar a tu restaurante favorito. Observar Shabat puede implicar sacrificar tu hora semanal de fútbol. Sin embargo, sin incomodidad no se puede alcanzar el potencial infinito de nuestra alma.