Durante Pesaj el ego colectivo del pueblo judío es temporalmente desinflado, dándonos la oportunidad de acelerar nuestro crecimiento personal mucho más allá de lo que podemos lograr durante el año. Dios hace de esta época del año literalmente la más fácil para que nosotros podamos elevarnos por sobre nuestra naturaleza y hacer elecciones positivas y productivas.

Sucesivamente, nos elevamos a una perspectiva más alta y sana, porque la autoestima y el ego están inversamente relacionados; como un balancín, cuando uno sube el otro baja. Aunque la autoestima no es una proposición de todo o nada; más bien, tiene un espectro de varias tonalidades de gris. Y mientras más autoestima tenemos, más “realidad” dejamos entrar, y más claramente vemos nuestras vidas y el impacto de nuestras decisiones.

Así es como funciona:

Cuando la realidad se enfrenta con nuestra habilidad para aceptarla, crea un conflicto interno llamado disonancia cognitiva. Bajo este peso psicológico, aquellos que tienen baja autoestima sienten la necesidad de justificarse. Tienen que encontrar sentido a su mundo y a sus elecciones de la manera menos dolorosa, donde tener razón se convierte en una prioridad emocional mayor que hacer lo correcto.

Para ilustrar esto, imagina que compras un reloj por 500 dólares. Después, estás ojeando una revista y ves lo que aparentemente es el mismo reloj, pero anunciado por 300 dólares. Este descubrimiento produce una inconsistencia emocional. Queremos vernos como consumidores y compradores inteligentes, pero el anuncio parece proveer evidencia de lo contrario. O fuimos engañados y pagamos de más, o el anuncio no representa lo que parece ser la realidad. Nuestro nivel de autoestima determina nuestro proceso de pensamiento. Si tenemos un nivel sano de autoestima, tomaremos nota del anuncio y, si creemos que es verdadero, concluiremos que cometimos un error.

Para la persona que tiene una baja autoestima, todo es considerado una amenaza a su seguridad psicológica.

Cuando nos falta autoestima, a menudo somos incapaces de mirarnos a nosotros mismos como la causa del problema, porque no podemos darnos el lujo de estar equivocados emocionalmente. En vez de reconocer que erramos, preferimos creer que “El mundo es injusto”, o “Las personas son traidoras”. Así, el semillero de la neurosis y la paranoia se asientan. Antes de que nuestra mente conciente sea forzada a aceptar una realidad desagradable, podemos también reorganizar los valores y decidir rápidamente que el tiempo es más importante que el dinero, y que simplemente no vale la pena comprar por precios más bajos. De alguna manera, algo tiene que ceder. (Mientras que la mayoría de las personas con baja autoestima se negarán a aceptar responsabilidad, aquellos con una autoestima extremadamente baja podrían agredirse y enojarse consigo mismos. Una autoestima sana le permite a la persona reconocer sus errores, sin condenarse a si mismo o al mundo).

Nuestros instintos protegen a nuestro bienestar espiritual más o menos de la misma forma en que nosotros protegemos a nuestros cuerpos físicos. Cuando nuestro bienestar físico es amenazado, se produce una respuesta de instinto de huida. Similarmente, cuando nuestro bienestar psicológico es amenazado, nuestra respuesta es un instinto de desviación. Cuando una mente es sana y fuerte, un desafío es usualmente aceptado y confrontado directamente. Una mente que no es fuerte en cambio, busca desviar la amenaza.

Tanto como una persona físicamente débil huirá de los desafíos físicos, la desviación se convierte en una respuesta condicionada para los que son psicológicamente débiles. Una persona que no está bien emocionalmente reacciona ante los conflictos de las siguientes maneras: “Tú estás equivocado”, o “Así es como yo soy”. Hay poco lugar para, “Me equivoqué”, el reconocimiento de la responsabilidad personal. Una persona así desvía el mundo y sus propias inseguridades, y en el proceso se hace más débil, porque el yo psicológico solamente puede desarrollarse a través de la aceptación. Este es nuestro sistema inmunológico emocional. En la persona que tiene una falta de autoestima, la respuesta de desviación se produce en todo momento. Todo es considerado una amenaza a su seguridad psicológica.

Cada vez que nos rehusamos a reconocer la verdad acerca de cualquier aspecto de nosotros mismos (o nos condenamos por ser imperfectos), enviamos el mensaje inconciente de, “soy inadecuado”. Como una analogía, los vehículos de hoy están diseñados para que en un accidente, el vehículo absorba la mayor cantidad de energía de la coalición posible. Esta energía absorbida no puede ser recuperada, ya que se utilizó en la deformación permanente del vehículo. De la misma forma, cuando coalicionamos con la realidad y nos rehusamos a aceptarla, nos abollamos.

Negar la realidad no la hace desaparecer. Nos hace a nosotros – los verdaderos nosotros – desaparecer. Si somos completamente honestos con nosotros mismos (y por extensión, con los demás), entonces el ego no se involucra. El ego solamente sobrevive y lucha en un mundo de falsedad.

A menos que podamos aceptarnos a nosotros mismos, no podemos ver más allá de nosotros mismos. Estamos demasiado ocupados juzgando, culpando y distorsionando nuestro mundo.

Una vez que hemos aceptado completamente algo acerca de nosotros o de nuestras vidas, ya no necesitamos escondernos de aquello. No nos importa quien sepa o quien se entere de eso, y no permitimos que la realidad nos detenga. En ese momento, nuestros miedos se disuelven, porque ya no hay una amenaza de vernos expuestos. La única cosa que puede ser rechazada es una imagen.

Una vez que la "verdad" es aceptada, no puede ser dañada o herida, sin embargo una ilusión puede ser destruida por un susurro o una mirada.

No hay nada de malo en vernos a nosotros mismos como menos que perfectos; es honesto y saludable. Este es mucho mejor que la persona que ve sus imperfecciones y luego se condena a si mismo como si no valiera nada.

A menos que podamos aceptarnos a nosotros mismos, no podemos ver más allá de nosotros mismos. Estamos demasiado ocupados juzgando, culpando y distorsionando nuestro mundo.

Cada momento de cada día tiene potencial para ganar perspectiva – ya sea observando una hoja caer de un árbol o apreciando las maravillas del cuerpo humano. Desgraciadamente, ignoramos frecuentemente lo que está frente a nuestros propios ojos, y así la mayoría de nosotros solamente ganamos perspectiva a través de experiencias de vida significativas o eventos mundiales extraordinarios; y mientras más egocéntricos somos, más grandiosa tiene que ser la experiencia para lograr desviar nuestra atención de nosotros mismos hacia otra cosa.