Nuestra habilidad de mantener auto control nos ayuda a tomar mejores elecciones. Consecuentemente, nuestra autoestima se incrementa, lo cual desinfla al ego automáticamente. Un ego más pequeño, por supuesto, significa mayor perspectiva. Mayor perspectiva, a su vez, hace que podamos mantener nuestro auto-control más fácilmente, y así el proceso sigue moviéndose hacia delante o hacia atrás, dependiendo de nuestra fuerza de voluntad para elevarnos por sobre nuestra naturaleza y hacer buenas elecciones.

Este proceso de crecimiento es aparentemente un sistema cerrado, en el cual cada componente depende del anterior para existir, y la progresión o regresión se mueven de forma creciente. Una salud emocional mejorada puede ser alcanzada eludiendo este acompasado proceso, y superando este circuito cerrado. Además de tomar acción inmediata cuando somos inspirados por destellos de perspectiva, ser capaces de aceptarnos a nosotros mismos por completo purga orgánicamente al ego, lo cual nos lleva automáticamente a una realidad no tergiversada.

La Causa Primaria

Cuando observamos la creación, encontramos que tiene que haber una Causa primaria – y sabemos que esta Causa es Dios. Existen creaciones (seres vivientes, fuerzas animadas e inanimadas, y objetos) que fueron creados por otras entidades, pero a medida que regresamos en el tiempo, descubrimos que algo externo a este sistema cerrado tiene que haber sido responsable de haber puesto las cosas en movimiento. No podemos tener todo dependiendo de alguien más – alguna fuerza tiene que haber sido independiente. Dios es esa fuerza independiente que “comenzó” nuestro universo.

Nuestra propia causa primaria es el reconocimiento de que somos independientes.

Ya que fuimos creados a imagen del Creador, debe haber una causa primaria dentro de nosotros pero, al mismo tiempo, más allá de nosotros. Debe haber una forma de avanzar que sea “fuera del círculo” cuando nosotros lo escojamos. Entonces, ¿Qué podemos nosotros, seres finitos, traer a la vida que sea completamente independiente de nosotros?

Nuestra propia causa primaria es el reconocimiento de que somos independientes. Los Sabios dicen, “Cuan precioso es el hombre porque fue creado a la imagen de Dios”. El regalo Divino del libre albedrío, entregado a todos los seres humanos, es sin embargo, secundario al regalo Divino de la conciencia. Como dice el Talmud, “Una gran señal de cuán preciado somos para Dios es que Él nos dijo que fuimos creados a Su imagen”. (Pirkei Avot 3:18).

Dios, al no ser físico, no tiene forma, entonces, ¿a que nos referimos cuando hablamos de que el hombre fue creado a imagen de Dios? Esto quiere decir que los seres humanos tienen la libertad de forjar su propia realidad. En ese sentido nos parecemos a Dios, Quien es completamente libre e independiente.

El libre albedrío le otorga a los seres humanos la habilidad de elevarse por sobre su naturaleza. Este regalo no fue otorgado a ninguna otra criatura, como está ilustrado en la clásica fabula acerca de la tortuga y el escorpión.

“¿Me ayudarías a cruzar el río?” le preguntó el escorpión a la tortuga. “¡Súbete encima mío!” dijo la tortuga, “pero tienes que prometer no picarme”. “Lo prometo”, dice el escorpión enfáticamente. Entonces se sube encima. La tortuga nada cruzando el río. Justo cuando llegan a la otra orilla, el escorpión pica a la tortuga. “¿Por qué me picaste?” pregunta adolorida la tortuga mientras da su último suspiro y se hunde en el agua. “Tuve que hacerlo”, responde el escorpión.

Los animales son incapaces de reprimir sus impulsos y de ejercer auto-control. Sus acciones reflejan sus deseos. Sin embargo, cuando nosotros, como seres humanos, utilizamos nuestro libre albedrío, nos convertimos en socios de nuestra propia creación. Es por eso que se dice que el propósito de la creación se basa en el libre albedrío.

Todo cambio positivo comienza con alguna versión de, “soy responsable y nada en mi vida cambiará para mejor a menos que yo cambie”.

Mientras creamos que la calidad de nuestras vidas es un resultado de las circunstancias, en vez de un resultado de nuestras propias elecciones proactivas y respuestas a las situaciones, seguimos siendo impotentes. Todo cambio positivo comienza con alguna versión de, “soy responsable y nada en mi vida cambiará para mejor a menos que yo cambie”. Esto no tiene que ser una afirmación o un mantra para repetir; sino que, una vez que afirmamos que esta reflexión es verdad, es para siempre parte de nosotros.

¿Por qué la aceptación de responsabilidad es el camino a la auto-aceptación? Tomamos responsabilidad por aquello que aceptamos, e ignoramos aquello que no queremos ver. Nada en la naturaleza es irrelevante; todo tiene un propósito. Nuestra vida, y todo lo contenido en ella, debe ser reconocida. Cuando ignoramos algo, cualquier cosa, sin importar cuan insignificante, nos movemos hacia el mundo de la falsedad y, por consecuencia, sufrimos. La aceptación de responsabilidad nos conduce instantáneamente a una perspectiva más amplia, ya que permitimos que ingrese más realidad a nuestra percepción. No tenemos ningún interés en negar aquello que es necesario para nuestro bienestar – ciertamente luchamos para ver claramente. El diabético recientemente diagnosticado, por ejemplo, probablemente analizará cada tipo de alimento en su dieta. Culpar a los genes malos, a sus padres, y a un frenético estilo de vida no es importante en este momento. Su enfoque se aleja de aquello que es improductivo.

En el Principio

Cuando el primer hombre fue creado, Adán, él tenia completa perspectiva, dado que el ego era externo. Sin embargo, como resultado del pecado, el ego se convirtió en una parte interna de nuestra composición. Dios le dice a Adán y Eva que pueden comer libremente y disfrutar de todo lo que hay en el Jardín del Edén. Únicamente no pueden comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Como sabemos, la serpiente seduce a Eva para comer un fruto de este árbol. Una vez que ella come de este árbol ella le da algo de ese fruto a Adán. Cuando Dios confronta a Adán y Eva acerca de sus acciones “el hombre dijo, 'la mujer que tú me diste para estar conmigo, ella me dio del árbol, y yo comí'. La mujer dijo, 'La serpiente me engañó, y yo comí'” (Génesis 3:8-13).

El Midrash dice que Dios le pregunta a Adán, ayeka – “¿Dónde estás?” – para darle a Adán la oportunidad de confesar su pecado y de arrepentirse antes que Dios hable nuevamente y pronuncie el castigo. En vez de aceptar responsabilidad, Adán pone la culpa de su pecado en Eva, y Eva culpa a la serpiente. Si ellos hubieran reconocido el error, ellos hubieran sido perdonados más fácilmente. Cuando aceptamos responsabilidad por nuestras acciones y nuestras vidas, nos liberamos de nuestro ego.

Cada situación trae consigo la oportunidad de excusar nuestro comportamiento o de tomar responsabilidad. Es correcto decir, “Estoy haciendo esto porque no puedo controlarme”, en vez de decir, “Esto es correcto”. La primera afirmación es verdadera. La segunda es una mentira.

Esto nunca puede ser suficientemente enfatizado. Incluso cuando escogemos no tomar responsabilidad por nuestras acciones, mientras reconozcamos que podríamos habernos comportado diferente, nuestra conciencia intelectual es elevada a un nivel muy superior. Este enfoque contrasta con el sentimiento de estar fuera de control, y percibirse a uno mismo como una víctima de las circunstancias. En vez de justificar nuestras acciones, es preferible reconocer que hemos escogido no actuar responsablemente. Al recodarnos que siempre tenemos una elección, reforzamos la noción de que somos responsables, sin importar si finalmente actuamos responsablemente. En vez de enterrar nuestras opciones tras la ilusión de la impotencia, estamos enfrentando la realidad.

Viviendo en el Mundo de la Verdad

Abrazar el conocimiento de que somos responsables por nuestras acciones mueve nuestra alma a actuar con mayor responsabilidad, y por lo tanto nos transforma. Podemos adelantar más este proceso haciendo que sea más fácil elevarnos por sobre nuestra naturaleza. El primer criterio para hacer esto es que movemos nuestras vidas en dirección al anhelo de nuestra alma, en vez de ir de forma reactiva por la vida con una agenda guiada por el ego. Solamente cuando estamos insatisfechos con la dirección general de nuestras vidas permitimos que las insignificantes molestias pierdan su proporción, causándonos un estrés significativo. En el capitulo siguiente veremos como este movimiento es correctamente alcanzado.

Somos responsables por nuestra satisfacción con la vida

El segundo criterio es reconocer el efecto de nuestras acciones. Para una persona, por ejemplo, puede ser difícil resistir comer su comida chatarra favorita, y solamente en ocasiones puede sacar provecho de su fuente de disciplina. Sin embargo, si él desarrolla una alergia mortal a esta comida, entonces su habilidad para resistir se hace bastante más fácil. ¿Recibió él repentinamente un aumento de autoestima y fuerza de voluntad? ¡No! Solamente los riesgos han cambiado.

Ciertamente, a medida que aumenta nuestra autoestima, querremos invertir más en nuestro bienestar, satisfacción a largo plazo y felicidad. Independiente de nuestros sentimientos de auto-valoración, cuando el costo sencillamente no vale la pena, somos forzados a reevaluar la situación. De nuestro ejemplo encontramos que a pesar de un cambio en nosotros, somos impulsados a cambiar nuestra conducta cuando nos conectamos completamente con el impacto y la influencia que nuestras acciones tienen en la totalidad de nuestro bienestar.

El trabajo del ego es tapar la realidad, y esconder de nosotros esas consecuencias. Una vez que comprendemos el funcionamiento interno de la naturaleza humana, levantamos ese velo. Entonces, cuando se presenta una elección, apreciamos claramente que hay para ganar y que hay que perder.

Finalmente somos responsables por nuestra satisfacción con la vida, elijamos aceptar esto o no. Si aceptamos la responsabilidad de nuestras vidas, entonces nada puede detenernos; si no la aceptamos, entonces nada nos moverá.