La población mundial puede dividirse en dos clases de personas: las que son ansiosas y las que no lo son. La experiencia interna de un individuo que vive con ansiedad es difícil de comprender, especialmente para aquellos de la otra categoría. Sólo podemos brindar una ayuda útil a nuestros seres queridos que sufren de ansiedad si logramos un entendimiento correcto de lo que es la ansiedad.

Mi esperanza es que la descripción que voy a brindar, basada en mi experiencia en la práctica clínica, provea una base para poder sentir empatía y mantener interacciones que brinden legitimación a aquellos para quienes la ansiedad es un tema.

Posibilidad versus probabilidad

Albert Ellis, el fundador de la terapia racional emotiva conductual, explicó que “la ansiedad, básicamente, es un grupo de sentimientos y tendencias de accion incómodos que te hacen tomar consciencia de que ocurren o es probable que ocurran cosas desagradables (lo que significa cosas que van en contra de tus deseos) y te advierten que es mejor que hagas algo al respecto”.

Cuando los individuos no ansiosos se mueven por la vida, a menudo evalúan la probabilidad de que pueda ocurrir algo peligroso o no deseado. Esto determina tanto respuestas prácticas como emocionales. Si bien a veces esta evaluación es deliberada, a menudo es subconsciente y automática. En base a la información subjetiva obtenida, sea o no precisa, la persona determina el grado de seguridad y luego puede actuar en consecuencia. Si bien en la vida existen posibilidades ilimitadas de resultados, la probabilidad del resultado es lo que determina si la acción se garantiza y el grado en el cual una respuesta es necesaria.

Para alguien que sufre de ansiedad, la capacidad de determinar la probabilidad está mal calibrada. Por esta razón, sus reacciones a ciertas posibilidades pueden no estar en línea con las de los individuos no ansiosos. La película Tonto y retonto (1994) tiene varias escenas que merecen ser citadas, en las que encontré muchas referencias a lo largo de los años. Una escena con gran resonancia y muy relevante para este tema, es un diálogo entre Lloyd Christmas (interpretado por Jim Carrey) y Mary Swanson (interpretada por Lauren Holly) en donde Lloyd se esfuerza por evaluar el potencial de éxito de su cortejo a Mary.

Este es el diálogo:

Lloyd: Quiero hacerte una pregunta directa. Quiero que me des una respuesta sincera… ¿Cuáles son mis posibilidades?

Mary: No muchas.

Lloyd: No muchas, ¿Cómo 1 en 100?

Mary: Más bien diría como una en un millón.

Lloyd: (Tras una larga pausa) ¡Entonces quiere decir que tengo una oportunidad!

Si bien para Lloyd la frase “hay una oportunidad” fue una fuente de emoción y alegría, para individuos con ansiedad “hay una oportunidad” representa una realidad que los llena de temor, miedo y una sensación de inminente fatalidad. Dada la posibilidad, ¿cómo se puede ignorar el potencial? En un nivel emocional, el hecho de que la posibilidad sea remota no ayuda en nada a calmar las preocupaciones. Ellos reaccionan a la posibilidad independientemente de la probabilidad. Esto puede dar como resultado un espiral emocional que, por experiencia, sirve para reforzar la importancia de tomar en serio la posibilidad.

Los niveles de ansiedad tienden a ser proporcionales con la severidad de las consecuencias potenciales. Esto es así incluso cuando el potencial para que se concreten esos resultados sea remoto. Por eso las áreas de salud son por lo general un foco de ansiedad, porque las enfermedades o la muerte son resultados sumamente no deseados. Esto se incrementa exponencialmente cuando hay una gran cantidad de información vaga, conflictiva o contradictoria respecto a los temas de salud (como es el caso con respecto al Covid-19).

Para los individuos religiosos que viven con ansiedad, lo relativo a la práctica religiosa a menudo es una fuente de estrés. Dado que las nociones y las descripciones de castigo y retribución Divinas, o las consecuencias en la otra vida a menudo son ambiguas, especulativas y conflictivas, queda abierta una gran gama de posibilidades. Esto es cierto incluso para alguien con fuertes convicciones religiosas. Su ansiedad en este sentido se debe a la incertidumbre respecto al resultado y no a una deficiencia en la fe. Su respuesta se basa en la regla básica de la respuesta ansiosa: mayor potencial lleva a más ansiedad.

Ayudar sin corregir

Para dar apoyo a un individuo ansioso es necesario comenzar por aceptar una realidad dual: una que pertenece al individuo no ansioso y otra que pertenece a su compañero ansioso. Esto contrasta con la “respuesta de corrección” que se emplea a menudo. Para las personas no ansiosas, la ansiedad de otros se basa en un miedo no fundamentado o una preocupación ilegítima. Dado que en sus mentes esas reacciones se basan en que el individuo ansioso no entiende o malinterpreta la información, el enfoque que se sigue para tratar de ayudarlos a menudo es de naturaleza cognitiva. Específicamente, está guiado por la creencia de que “si le puedo explicar la información real de una forma en que la pueda entender, entonces va a entender que no hay nada de lo que deba preocuparse y en consecuencia ya no va a estar ansioso”.

Este enfoque no sólo es incorrecto, sino que también quita validez a la experiencia del individuo ansioso. Este enfoque niega la legitimidad de sus reacciones (que son correctas en base al foco de esa persona en las posibilidades y no en las probabilidades), comunica una falta de aceptación de su punto de vista y, lo más significativo, expresa falta de empatía por las dificultades y los desafíos emocionales del individuo. Notablemente, estos resultados a menudo no son intencionados, sino que son el resultado de un deseo de ayudar sin entender el problema. Ellos tienden a corregir, basados en su propia realidad, en vez de asistir, basados en la realidad del individuo ansioso.

Proveerle a un individuo apoyo y validación de su experiencia de ansiedad es la base a partir de la cual se le puede brindar más ayuda. Preguntarle: “¿Qué necesitas en este momento?” o “¿Cómo puedo ayudarte?, o simplemente dejar que la persona sepa que “estoy aquí contigo”, brinda mucho consuelo. Al enfrentar pensamientos o sentimientos de impotencia e inminente amargura, saber que uno no está solo tiene un gran impacto. Estar a su lado, en vez de tratar de transportarlo a tu propia realidad, tiene un enorme beneficio.

¿Cómo puedo ayudar?

Pensar en esto lleva un tiempo. Piensa si hay en tu vida alguien que pueda entrar en la categoría de “ansioso”. Reflexiona respecto a cómo te relacionaste con esa persona en el pasado y si es relevante, esfuérzate para cambiar tu respuesta la próxima vez a “¿cómo puedo ayudarte?”.

Si tú eres una persona que lucha con la ansiedad, piensa cómo otros pueden serte útil, para que si te llegan a formular esta pregunta puedas darle una respuesta que realmente pueda ayudarte.