Desearía que alguien me hubiera dicho hace mucho tiempo que ser hermosa puede hacer que se fijen en ti, pero no que te amen. Que ser delgada puede hacerte popular, pero eso no implica que le agrades a la gente. Que vestirte bien hará que te veas bien, pero no te transformará en una mejor persona. Que el hecho que haya gente que te observe no quiere decir que te estén viendo realmente.

La verdadera belleza está en todas partes a nuestro alrededor. Escondida en las pequeñas fisuras de las rocas. Extendida por sobre nosotros en el cielo al amanecer. Reluciendo en medio de la lluvia. Escalando por nuestras mentes. Latiendo en nuestros corazones. Y desearía que alguien me hubiera dicho hace mucho tiempo que toda esta belleza que vemos, existe para que la canalicemos y la transformemos en grandeza. Que incluso nuestra belleza interior está allí para que transformemos el mundo que nos rodea. Y desearía haber sabido que nadie nace siendo hermosa. Que para ser hermosa se necesita toda una vida de esfuerzo.

Recuerdo cuando vi por primera vez la verdadera belleza. Fue al final de un largo y lluvioso día, en medio de una agonizantemente lenta fila de supermercado. Ella estaba al frente de la fila junto a su esposo: una pareja de ancianos con un carro lleno de abarrotes. Ellos sacaron la leche, el pollo y una pila de productos, al tiempo que la lluvia comenzaba a golpear con gran fuerza contra la ventana que estaba frente nuestro. Y fue entonces que el esposo llevó su mano al bolsillo para sacar su billetera y miró a su esposa con una mezcla de pánico y sorpresa inundando sus ojos azules.

"Olvidé mi billetera", dijo él, lo suficientemente fuerte como para que todos escucháramos. La joven cajera lo miró exasperada y exhausta. Yo miré la cara de la esposa, esperando ver su rabia o al menos una muestra de enojo. Pero ella tenía una expresión sumamente serena en la cara. Como si el cielo no estuviera nublado y tormentoso. Como si no hubiera pasado la última hora eligiendo abarrotes que no podría comprar. Como si su esposo no la hubiera decepcionado con su olvido. En lugar de eso, ella sonrió como si su esposo fuera su mejor amigo y acabara de contarle un chiste genial.

Ella se disculpó con la cajera y con la persona que le seguía en la fila y dijo: "Supongo que no nos correspondía comprar abarrotes hoy". Y realmente lo creía. Lo podías ver en sus ojos mientras se dirigía a la salida.

Ahora que se acerca el yortzait de nuestra matriarca Rajel, pienso en esta mujer, ya que Rajel personificaba este tipo de belleza. Ella nos enseñó cómo tomar las fortalezas que hay en nuestro interior y canalizarlas hacia este mundo.

He aquí tres lecciones sobre la belleza verdadera que podemos aprender de nuestra matriarca Rajel:

1. La belleza de la bondad. La legendaria bondad de Rajel con su hermana Lea cuando le reveló las señas que le permitirían casarse con Yaakov nos enseña cómo ponernos en los zapatos del otro. Cómo querer ayudarlos tanto como queremos ayudarnos a nosotros mismos. Cómo hacer grandes esfuerzos para evitar avergonzar a otro incluso si eso significa dejar de lado nuestra propia felicidad y comodidad. Como dijo el poeta Ralph Waldo Emerson: "Nunca es demasiado pronto para un acto de bondad ya que nunca sabes cuándo será demasiado tarde".

2. La belleza de la paciencia. Rajel esperó 7 años para casarse con Yaakov y muchos años más hasta que pudo tener hijos. Ella nos enseñó cómo mantenernos enfocados en nuestras metas sin importar cuán distantes parezcan. "Cuando no podemos cambiar la situación a la que nos enfrentamos, el reto consiste en cambiarnos a nosotros mismos", Viktor E. Frankl.

3. La belleza de la fe. Nuestros sabios nos dicen que Rajel fue enterrada en Beit Lejem, separada del resto de los patriarcas y matriarcas que fueron enterrados en Hebrón, de forma que pudiera permanecer cerca de los bordes de Israel, esperando a que sus hijos retornen a casa. Rajel Imenu llora por todos nosotros cuando estamos lejos de ser quienes ansiamos ser. Pero sus lágrimas no son lágrimas de desesperanza, sino que contienen la fe y la esencia de las plegarias de una madre. Una madre que cree en el futuro de sus hijos. Que sabe que ellos eventualmente encontrarán un camino de vuelta a casa. Que sabe que encontraremos una forma de traer de regreso la belleza que ella trajo a este mundo hace tanto tiempo atrás.

Desearía haber sabido hace mucho tiempo que la bondad, la paciencia y el vivir con fe e integridad hacen que una persona sea bella. Que estar en un supermercado repleto en un oscuro día invernal puede ser una oportunidad para alcanzar la grandeza. Y desearía haber sabido hace mucho tiempo que nuestra matriarca Rajel está esperando pacientemente por nosotros, llorando mientras buscamos la belleza que hay en el interior de cada uno de nosotros y encontramos un camino para transformarla en una luz infinita.