Hay muchas lecciones que podemos aprender de los Juegos Olímpicos que se desarrollaron en Londres, Inglaterra. Los deportistas son un modelo a seguir, ellos están extraordinariamente enfocados y determinados en lograr los objetivos que se han fijado. No se satisfacen con nada menos que realizar su mejor esfuerzo y lograr los mejores resultados. Verlos nos recuerda que debemos perseguir nuestros sueños con todas nuestras fuerzas.

Sin embargo, hay otra lección que aprendí durante esta temporada olímpica. La mayoría de nosotros tiende a devaluar el tiempo. Los jóvenes creen que vivirán por siempre y que tienen tiempo infinito delante de ellos. La gente mayor a veces cree que lo mejor de sus vidas ya ha pasado y pasa los días tratando de “pasar el tiempo”. La sociedad contemporánea incluso ha desarrollado un concepto de “matar el tiempo”. La tecnología ha hecho esto más fácil, ya que podemos pasar horas surfeando en internet sin utilizar el cerebro, jugando con nuestros teléfonos o cambiando los canales.

Desde la perspectiva judía matar el tiempo es considerado un “suicidio en cuotas”. El tiempo es uno de los bienes más preciados que tenemos; una vez que pasó, ya no hay vuelta atrás. Si es desperdiciado, no puede recuperarse. Hay una cantidad determinada de tiempo para cada uno de nosotros y con el pasar de cada segundo estamos vaciando nuestras cuentas. Sin importar cuánto lo queramos detener en ocasiones, o acelerar en otras, no podemos controlar el tiempo; se mueve a un paso firme absolutamente más allá de nuestra manipulación controladora.

Cada momento de nuestras vidas es precioso y está repleto de posibilidades. Nosotros tenemos la opción de llenarlo con propósitos nobles como ayudar a otros, mejorarnos a nosotros mismos, desafiar nuestras mentes, desarrollar nuestras almas, cuidar nuestro cuerpo o conectarnos con familia y amigos. O, Dios no lo quiera, podemos permitir que el tiempo pase sin hacer nada significativo, podemos desperdiciarlo y desaprovecharlo.

Pero por más ilimitado que el tiempo parezca en nuestras vidas, la verdad es que cada momento cuenta. No hay lugar en el que veamos el valor de cada segundo de manera más conmovedora que en las olimpíadas. Los atletas entrenan la vida entera en vistas de este momento. Ya sea tirándose a una pileta o saliendo desde la línea de partida de la pista, todo por lo que han trabajado se reduce a este instante. La diferencia entre clasificar o quedarse en casa, ganar una medalla o simplemente llegar, ser celebrado u olvidado puede ser un milisegundo.

No sólo debemos hacer que cuente cada uno de nuestros días, horas y minutos sino que, como nos enseñan las olimpíadas, todo milisegundo importa, y puede ser determinante para nosotros. Si combinamos todos esos milisegundos que desperdiciamos podemos encontrar el tiempo que creemos que no tenemos, para perseguir objetivos nobles y lograr nuestras metas, aspiraciones y sueños.

Un judío una vez le preguntó a Rav Israel Salanter: "Si sólo tengo 15 minutos al día para estudiar, ¿qué debería estudiar, Biblia, Talmud, los Profetas o Ley Judía?". Rav Israel contestó: "Estudia musar, desarrollo del carácter, y te darás cuenta que tienes mucho más que 15 minutos al día para estudiar".

Todo Momento Es Precioso (autor anónimo)

Para darte cuenta del valor de UN AÑO
Pregúntale a un estudiante que ha fallado su examen.

Para darte cuenta del valor de UN MES
Pregúntale a una madre que ha dado a luz a un niño prematuro.

Para darte cuenta del valor de UNA SEMANA
Pregúntale al editor de un periódico semanal.

Para darte cuenta del valor de UN DÍA
Pregúntale a un trabajador jornal que tiene diez hijos que alimentar.

Para darte cuenta del valor de UNA HORA
Pregúntale a quienes esperan a un ser querido que está en cirugía.

Para darte cuenta del valor de UN MINUTO
Pregúntale a la persona que perdió el tren.

Para darte cuenta del valor de UN SEGUNDO
Pregúntale a una persona que ha sobrevivido un accidente.

Para darte cuenta del valor de UN MILISEGUNDO
Pregúntale a la persona que ganó la medalla de plata en las olimpiadas.

Aprovecha todo momento y sé un campeón en lo que sea que aspires hacer.