Durante los meses que me preparé para la Maratón de Boston hace un par de años atrás, muchas veces me preguntaron cuál era la parte más difícil del entrenamiento. Para mí, la parte más difícil del entrenamiento era simplemente encontrar la motivación para salir de mi casa.

No todo el tiempo tenía ganas de correr. Cada vez que me preparaba para salir a correr, mi mente se llenaba de una serie de razones por las cuales no ir a correr: estaba demasiado cansado, no me sentía muy bien, me dolía un dedo del pie, o un millón de otras razones por las que hubiera sido más cómodo y relajante quedarme en casa en vez de salir a correr.

Todos tenemos dificultades con la motivación de vez en cuando. ¿Qué podemos hacer cuando no nos sentimos motivados?

La clave es cambiar la perspectiva sobre la actividad en cuestión. Ésta tiene que dejar de ser una 'tarea a cumplir' y transformarse en vez en un 'regalo'. En su libro No Sweat: How the Simple Science of Motivation Can Bring You a Lifetime of Fitness, Michelle Segar argumenta que simplemente cambiando una palabra en nuestro vocabulario y cambiando la perspectiva de la tarea a realizar, puedes incrementar dramáticamente las posibilidades de tener éxito.

En vez de decirme a mí mismo: "Tengo que correr", me digo "Puedo correr". ¿Por qué cambiar de la palabra 'tengo' a 'puedo' marca tanta diferencia? Las investigaciones demuestran que hay muchas más probabilidades de que continuemos una actividad si vemos esa actividad como un 'regalo' o una 'oportunidad' y no como una 'obligación'.

Decir "tengo que hacer algo" me quita mi autonomía y me impone la actividad. Representa algo que hago sin entusiasmo o, todavía peor, algo que hago en contra de mi voluntad.

Decir: "Puedo hacer algo" implica que es mi elección y que lo hago porque quiero hacerlo. Cambiar esta palabra cambia el marco mental de "estoy obligado a hacer esto…" a "tengo la suerte de poder hacerlo".

Este truco marcó una gran diferencia en mi entrenamiento, y puede incrementar tu motivación respecto a cualquier objetivo que tengas en la vida.

Nadie entendió esto respecto a la psiquis humana mejor que Dios mismo. Lo que ocurrió exactamente en el Monte Sinaí es un tema de debate entre dos dictámenes rabínicos. De acuerdo con una fuente talmúdica, la revelación fue un momento de coerción nacional. Dios suspendió el Monte Sinaí sobre el pueblo judío y le dio un ultimátum: acepten la Torá o mueran, lo que nos dejó poco margen de elección.

De acuerdo con otra fuente rabínica, Dios fue por todo el mundo y ofreció la Torá a cada nación. Sólo después de que todas las naciones rechazaran la Torá, Dios ofreció la Torá al pueblo judío, que proclamó emocionado: "Naasé venishmá", 'haremos y escucharemos'.

¿Qué fue realmente lo que pasó? ¿Dios nos obligó a aceptar la Torá o elegimos voluntariamente aceptarla?

Rav Dr. Norman Lamm sugiere que no hay contradicción entre estas dos historias:

Tanto cronológica como lógicamente, Dios nos eligió primero, pero luego nosotros debíamos elegirlo a Él. Él nos eligió sólo una vez, en el Sinaí. Esta elección, luego se extendió a cada judío en particular, en todo lugar y en toda época, sin importar cuál sea su deseo, su compromiso o su conducta. Para toda la eternidad, cualquiera que nace dentro de este pueblo es "elegido". Pero nosotros debemos volver a elegir a Dios en cada generación. De hecho, cada individuo debe elegir a Dios una y otra vez… En el Sinaí fue cierto que "Asher bajar banu", 'Dios nos eligió'. Pero cuando estudiamos Torá y recitamos las bendiciones, y anunciamos "Baruj Atá Hashem", Bendito eres Tú, Dios, entonces también nosotros elegimos a Dios.

Nuestra aceptación de la Torá representa una síntesis de decir "tengo que…" y decir "puedo…". En el Monte Sinaí, Dios nos obligó a aceptar Su Torá. La observancia y el estudio de la Torá es algo que tenemos que hacer. Es una obligación incumbente a cada judío, hombre o mujer, desde el momento que estuvimos en el Monte Sinaí y para toda la eternidad. Estoy obligado por la Torá y sus preceptos, "tengo que hacerlo".

Pero eso a veces puede llevar a que nos sintamos desmotivados y desinteresados. Si ese es el caso, nuestra respuesta debe ser cambiar de enfoque. Cada vez que te sientes a estudiar nuestra sagrada Torá, no lo hagas sólo porque tienes que hacerlo. Por el contrario, di con orgullo: "¡Puedo hacerlo!". Estudiar Torá y vivir una vida de acuerdo con sus valores es el mayor privilegio y la mayor oportunidad que una persona puede llegar a soñar. La habilidad de abrir el "mapa de ruta Divino para el mundo" y elevar nuestras vidas es el máximo honor.

Ya sea que se trate de salir a correr o de abrir un séfer para estudiar, siempre es un desafío encontrar la motivación necesaria. Sólo asegúrate de recordarte a ti mismo: no sólo tienes que hacerlo, ¡puedes hacerlo!