En honor al 11° iortzait de Rav Nóaj Weinberg, que cae el 11 de shvat de 5780 (06 de febrero de 2020).


La capacidad de cambio es el secreto de la longevidad y de la vitalidad del pueblo judío. Expulsados de un país tras otro, los judíos invariablemente fueron capaces de sobreponerse y empezar a construir de cero en otra parte. Los sistemas escolares volvían a funcionar, las organizaciones de ayuda mutua eran reorganizadas y las comunidades se establecían nuevamente.

¿Cuál es la esencia de esta capacidad de cambio y crecimiento?

De niños, el crecimiento y el cambio es algo que se espera como obvio y necesario para el desarrollo. Pero como adultos muchos perdemos ese impulso y pensamos que el proceso de crecimiento es algo reservado para los jóvenes.

Uno no espera que el comportamiento de un niño de diez años siga siendo igual a lo que era cuando tenía cinco años. Si eso ocurre, se consideraría una tragedia. Si tu hijo de 25 años tiene los mismos intereses que un adolescente de 15, probablemente te preocuparía.

¿Pero qué ocurre cuando alguien de 40 se comporta de la misma forma que lo hacía a los 35? ¿Acaso es una tragedia menor perder los años entre los 35 y los 40 que lo que sería perderlos entre los 5 y los 10?

Perder la capacidad de crecer es trágico a cualquier edad. En cualquier etapa en la que no estés creciendo y cambiando, no estás 'viviendo'. Sólo estás 'existiendo'.

¿Cuáles son las mejores estrategias para un crecimiento continuo? He aquí cinco elementos importantes:

1. Fijar objetivos

Establecer objetivos firmes te impulsa a cambiar. Esto es cierto incluso cuando la meta es impuesta. Por ejemplo, si sabes que tus padres te rechazarán a menos que tengas buenas notas en la universidad, te esforzarás para cambiar tus hábitos de estudio. El objetivo de agradar a tus padres te impulsará a desarrollar tu capacidad de entendimiento y a recordar lo que estudias.

Lo mismo ocurre cuando decides aceptar un trabajo o casarte. Una vez que asumes un compromiso, cambias y creces para alcanzar tu objetivo.

Para fijar objetivos, tienes que preguntarte a ti mismo: ¿Qué es lo que quiero lograr en la vida? ¿Quiero ser una buena persona? Si es así, ¿cómo se define “bueno” y cómo llego allí? ¿Quiero un matrimonio feliz? Si es así, ¿cómo logro que mi matrimonio funcione? ¿Quiero criar hijos sanos? ¿Cómo me aseguro de educarlos adecuadamente? ¿Cómo cumplo mis responsabilidades como judío? ¿Cuál es la mejor forma de ganarse la vida?

Una forma de comenzar a desarrollar tus objetivos es escribir diez cosas que realmente deseas lograr; metas que constantemente dan vueltas en tu cabeza. De esa lista, elige lo que pienses que es más importante y elabora un plan realista para llegar a concretarlo. Una vez que estés avanzando para alcanzar esa meta, elige otra y haz lo mismo. Lentamente, pero con seguridad, lograrás cambiar todo lo que deseas cambiar de ti mismo.

2. Asumir responsabilidad por uno mismo

Decide que vas a ser responsable de ti mismo. Como dice la Mishná en Pirkei Avot: “Im ein aní li, ¿mi li?", 'Si yo no estoy para mí mismo, ¿quién lo estará?' (Avot 1:14).

Sólo tú eres responsable de tomar las decisiones que dirigirán tu vida. Tú eres responsable de cuánta felicidad logres alcanzar y de cuánto logres en la vida. Las personas que tienden a culpar a los demás por su situación, ya sea a sus padres, jefes, compañeros o amigos, por lo general no logran demasiado. El comienzo de la responsabilidad es entender que culpar a los demás es una forma de evitar el verdadero trabajo de vivir tu vida. Por lo tanto, deja de culpar a los demás y comienza a vivir.

3. Obtener claridad

Para poder elegir aquello que nos ayudará a fijar nuestros objetivos, necesitamos claridad sobre los temas involucrados.

Imagina que sales por primera vez en tu nuevo auto deportivo. Mientras viajas, la persona que va detrás tuyo no alcanza a frenar y te embiste, destruyendo por completo la parte trasera de tu auto.

Te hierve la sangre. Caminas hacia su auto gritando, dispuesto a pulverizar a esa persona. Hasta que el conductor sale de su auto... y de pronto, ves que se trata de un gigante de dos metro de altura y puro músculo.

¿Qué le dices? “Perdón, sólo quise asegurarme de que no se hubiera lastimado. No quise molestarlo…”.

¿Qué pasó con tu furia? La respuesta es: Adquiriste nueva información. Ese hombre es más grande y más fuerte que tú. ¡Ventilar tu enojo puede ser peligroso!

La nueva información puede cambiar por completo tu perspectiva de una situación. Por eso, parte de asumir responsabilidad por tu vida es esforzarte por lograr la mayor claridad posible.

Cuando tenemos claridad, cambiamos.

Determina sobre qué aspectos de la vida te falta claridad. Si no avanzas hacia un objetivo, allí hay algo que te confunde. Aleja la confusión. Busca las raíces. ¿Qué es lo que te impide avanzar? La claridad nos lleva a actuar. Si no actúas, no lo tienes claro. Siéntate y trata de entender el por qué.

4. Llevar un registro

La principal manera de aceptar la responsabilidad para lograr los objetivos que te fijaste, es llevar un registro constante.

A la noche, planifica lo que deseas hacer al día siguiente. La noche siguiente, revisa si lo has logrado.

Puedes hacerlo poco a poco, incluso con cosas relativamente insignificantes, hasta que logres controlar tu tiempo.

¿Cómo te gustaría levantarte por la mañana? ¿Repleto de energía o lloriqueando durante los primeros quince minutos? ¿Quieres encontrar tus calcetines y tus zapatos donde esperas que estén o te gustaría tener que buscarlos cada mañana? Aprende a tomar el control de tu vida.

A medida que adoptes el hábito de planificar cada día, tu mente comenzará a asumir el control. En vez de la confusión o de vegetar, la claridad comenzará a iluminar todo. Cuando usas tu intelecto para disipar la neblina, puedes ver adónde deseas ir y cómo quieres llegar allí. Entonces se produce un cambio positivo, proactivo.

5. Planificar estrategias

Cada objetivo necesita una estrategia, y eso requiere un poco de dedicación.

Si vas a la universidad para obtener un trabajo, no esperes que eso ocurra por sí mismo. Tienes que planear una estrategia: ¿Cómo voy a pasar estos cuatro años para que cuando me gradúe todo lo que sea necesario sea mostrar mi título y obtener un puesto?

Si uno de tus objetivos es tener un matrimonio satisfactorio, ¿qué necesitas hacer, y en quién tienes que convertirte, para que esa meta se vuelva una realidad?

Cualquiera sea el objetivo, asumir responsabilidad implica desarrollar una estrategia efectiva para concretarlo.

La vida está repleta de un potencial ilimitado. Estos cinco pasos pueden ser un poderoso catalizador para sacarnos del "punto muerto" y comenzar a avanzar a toda velocidad.


Haz clic aquí para leer más artículos de Rav Nóaj Weinberg zt'l