Comer en exceso puede proveer alivio temporal al dolor emocional, a la ansiedad e incluso al aburrimiento. Seguimos comiendo porque queremos que dure más el placer inmediato y pasajero que nos brinda la comida. Pero lo que en realidad ansiamos es un placer duradero, la clase de placer que satisface nuestra alma.

La comida fue diseñada para dar placer. En consecuencia, una vez que comenzamos a sentir cuán placenteras son las elecciones alimenticias sanas, podemos sustituir cada vez más elecciones no sanas, creando nuevos y buenos hábitos placenteros que no dejan en nuestro cuerpo efectos dañinos como lo hace la comida chatarra.

Con el paso del tiempo, se van creando nuevas conexiones neuronales gracias a la neuroplasticidad del cerebro. El nuevo hábito de comer fruta fresca en vez de pastel se vuelve profundamente más placentero. En especial debido a que el placer no está acompañado de ninguna repercusión negativa.

Y si, cuando disfrutamos esta comida sana, en nuestro estómago se reduce el espacio para las cosas poco saludables. Pero por lo general, cuando comemos en exceso, no es nuestro cuerpo el que tiene hambre, sino nuestra alma.

Por lo tanto, para llenar el vacío interno, además de sustituir lo que comemos por opciones más sanas, también podemos incrementar un placer más duradero en nuestra vida pasando tiempo en la naturaleza, haciendo elongación, practicando gratitud, estudiando sabiduría judía, bailando con música que nos gusta, siendo creativos y difundiendo bondad. Con esta consciencia, podemos adquirir el hábito de intentar alcanzar uno de estos placeres no relacionados con la comida, en vez de buscar una enorme bolsa de papas fritas cuando nos sentimos solos, aburridos o estresados.

Cuando llenamos nuestros días con una variedad de la abundancia de cosas que hay en este mundo y que pueden brindarnos mayores niveles de placer, el dolor emocional se queda sin espacio. Y no nos estamos distrayendo al agregar más placeres espirituales a nuestra vida. Estamos satisfaciendo nuestras necesidades genuinas y profundas. Las adicciones a la comida, con el consuelo temporal que proveen al dolor emocional, son las distracciones.

Al tomar consciencia comprendemos que las personas comen en exceso porque quieren un placer más duradero en sus vidas. La persona que siente ganas de comer en exceso tiene la posibilidad de obtener un placer más duradero a través de las abundantes cosas de este mundo que pueden brindarnos un placer mayor que el fugaz consuelo de la comida chatarra a la que estamos habituados (con muchos efectos dañinos). Puede tratar de experimentar un placer duradero.

Acostúmbrate a preguntarte a ti mismo: “¿Quién tiene hambre, mi cuerpo o mi alma?”

Podemos acostumbrarnos a que si necesitamos más placer en nuestra vida, no hay escasez (que es lo que tememos). Tenemos la posibilidad de traer más placer duradero a nuestra vida con una gran variedad de formas simples y accesibles vez de comer alimentos chatarra.

Tenemos que habituarnos a preguntarnos: “¿Quién tiene hambre, mi cuerpo o mi alma?” Cuando sintamos ganas de comer en exceso, comenzaremos a buscar una variedad de placeres mucho más significativos. Y un día comprenderemos que las bolsas de papas fritas y las barras de chocolate ya no nos resultan tan atractivas.

Que haya tantas adicciones a la comida nos enseña que nuestras almas son las que están hambrientas. Hay un constante vacío interior. Lo que en verdad ansiamos es el placer duradero que se encuentra en la nutrición espiritual, porque todos somos seres espirituales, albergados en cuerpos físicos. Para prosperar en la vida, necesitamos cada día nutrición espiritual, tal como necesitamos nutrición física.

Las adicciones se desarrollan para llenar el constante vacío interior, pero lo que anhelamos es un placer duradero. Eso es lo que llena a nuestras almas hambrientas y las deja brillar.

Las dietas “Yo-Yo” persisten, porque la gente trata de dejar de comer en exceso a través de medios físicos temporales, probando diferentes clases de dietas repetidamente. Hemos intentado desesperadamente resolver el déficit espiritual a través de medios físicos, cuando la respuesta es la nutrición espiritual.

Cuando sientes ganas de comer en exceso para calmarte, formúlate esta pregunta que crea un momento de consciencia: “¿El que tiene hambre es mi cuerpo o mi alma?” Con una consciencia amorosa, sabrás la respuesta. Entonces podrás darte en ese mismo momento más placer del que te da la comida que ingieres en exceso para tratar que siga durando el placer. Puede que quieras salir a sentir la suave brisa, poner algo de música y empezar a dibujar, llamar o enviar un mensaje a alguien que se siente solo. Lo que sea que funcione llena el vacío interno y deja que tu alma hambrienta brille con la nutrición que en verdad estaba anhelando.

La investigación demostró que se requieren más de 200 repeticiones para desarrollar un nuevo hábito, pero cuando se lo hace con alegría, la sinapsis del nuevo hábito puede establecerse en tan sólo 10 repeticiones. En otras palabras, la forma más eficiente (y más agradable) de formar un nuevo hábito de alimentación sano (o cualquier otro hábito que valga la pena) es traer un placer mayor y más duradero a nuestra vida. La próxima vez que sientas ganas de comer en exceso, ¡trata en cambio de llenar tu alma hambrienta con un placer duradero!