La primera ley del movimiento de Newton establece que un objeto permanece estático o en movimiento a menos que se ejerza sobre él una fuerza externa. Es muy fácil ver este principio en acción en nuestra vida. Cuando las cosas marchan bien, tienden a continuar fluyendo. Una decisión lleva a la otra y aprovechamos este flujo de confianza para seguir avanzando. Esta es la belleza del impulso. Podemos experimentar un avance en nuestra carrera, un desarrollo positivo en nuestras relaciones o dar el siguiente paso en nuestro crecimiento espiritual.

Pero este mismo impulso también puede ser nuestra ruina. Algunos días, un mal movimiento lleva a otro, lo que nos arroja en una espiral descendiente aparentemente imparable. Tal vez pospusimos demasiadas veces la alarma del despertador y en consecuencia terminamos descargando nuestra frustración en quienes están más cerca, arruinamos nuestro trabajo y nos pasamos el día en un estado de hostil aturdimiento.

¿Cómo logramos controlar este impulso en vez de convertirnos en su víctima?

La respuesta se encuentra en la escencia misma del mes de elul y del proceso de transformación personal: el libre albedrío.

Libre albedrío y teshuvá

En la Torá, Dios le presenta al pueblo judío una difícil elección: existe el bien y la bendición que lo acompaña; y el mal, con sus correspondientes maldiciones. "Elige la vida", nos ordenó Dios (Deuteronomio 30:19). Maimónides discute la visión judía del libre albedrío en Las Leyes del Arrepentimiento porque la teshuvá, el verdadero arrepentimiento, sólo existe dentro de un mundo de libre albedrío.

Si bien teshuvá por lo general se traduce como 'arrepentimiento', su significado literal es 'retorno'. El objetivo de la teshuvá no es sólo liberarnos del castigo y de la responsabilidad por nuestro pasado. La teshuvá se trata de una autotransformación, de retornar a una versión mejor y más elevada de nosotros mismos. No deseamos tan sólo escapar, deseamos ascender. Con esta premisa, Maimónides describe los cuatro pasos del proceso de teshuvá.

El primer paso de la teshuvá es reconocer que hay un problema que se debe corregir. Es imposible resolver un problema sin admitir primero que el problema existe. Es demasiado simple seguir adelante con la vida, ignorando nuestros conflictos internos y externos. Pero eso trae como resultado la cascada descendiente que describimos al comienzo. Sólo al reconocer el problema podemos detener el impulso descendiente y llegar a resolverlo.

El segundo paso de la teshuvá es lamentar el error. A menudo, sabemos que existe un problema, pero no nos sentimos avergonzados por él y ni siquiera nos molesta. Sin un arrepentimiento interno no nos veremos suficientemente motivados a dar los pasos necesarios para hacer un cambio real. Cuando nos permitimos sentir con fuerza la contradicción interna entre cómo podríamos vivir y cómo vivimos en realidad, podemos generar la respuesta emocional necesaria para llegar a lamentar genuinamente los errores del pasado.

El tercer paso es comprometernos a mejorar y a planear un futuro ideal, en el cual no volveremos a cometer ese error. Necesitamos esforzarnos para transformarnos en una versión mejor de nosotros mismos, para que si llega a presentarse nuevamente la oportunidad de cometer ese error, podamos superar el desafío y no cedamos a la tentación.

El cuarto paso es el vidui, la confesión.

Quebrar el impulso

Los actos de la persona expresan su esencia y cambiar esos actos es un proceso de completa transformación. El libre albedrío es la base de este proceso de cambio. La única forma en que uno puede cambiar genuinamente es a través de la singular capacidad humana de afirmar la voluntad interior. Esta decisión de cambiar, de convertirse en un ser nuevo, más elevado, es lo que crea el verdadero retorno.

Elul nos brinda una oportunidad única de propulsar el cambio y liberarnos del impulso negativo que puede venir arrastrándonos.

Elul nos brinda una oportunidad única de propulsar el cambio y liberarnos del impulso negativo que puede venir arrastrándonos. En el corazón de elul se encuentra el sonido del shofar. El shofar es un sonido discordante que atraviesa tanto el aire como a nuestros corazones. El shofar nos sacude y nos recuerda que no estamos estancados. Sin importar cuán arraigados nos sintamos a nuestras costumbres, en nuestra raíz somos seres libres y podemos afirmar esa libertad con una decisión genuina de cambiar.

El cambio comienza con una simple decisión de cambiar el rumbo, de comenzar a construir ese impulso positivo, de comenzar a subir la cuesta y avanzar hacia nuestro verdadero yo superior. Si puedes dar este primer paso y avanzar hacia la grandeza, tu vida comenzará a moverse con esta nueva ola de impulso positivo. Esta es la fuerza de la elección.

Y esta es también la raíz de la teshuvá. Si puedes tomar una nueva decisión, puedes crear para ti una nueva realidad. Este año, cuando escuchemos el shofar, tratemos de que realmente logre despertarnos.

Hablando de forma práctica, esto significa tomar por lo menos una decisión para mejorar cada día. Escribe la decisión de cada día, y luego haz un seguimiento diario. Después de un tiempo, lo que pareció alguna vez ser imposible se vuelve casi una segunda naturaleza. Luego elige otra cosa sobre la cual trabajar. Como dijo Martin Luther King Jr.: "Tienes que volar hacia tus sueños; pero si no puedes volar, entonces corre. Si no puedes correr, camina; si no puedes caminar, gatea; pero hagas lo que hagas, tienes que seguir avanzando".

Que todos nos veamos inspirados para aprovechar lo que queda de este elul para embarcarnos en un camino hacia una verdadera teshuvá, y continuemos el proceso de llegar a nuestro ser más elevado.