Limpiar la casa para Pésaj es una oportunidad para efectuar también una maravillosa limpieza del alma.

En un nivel espiritual, los productos leudados o jametz representan nuestra negatividad, o nuestro ietzer hará, aquellos aspectos de nuestro ser de los que nos gustaría liberarnos.

Quizás en un nivel profundo es por eso que es tan difícil limpiar para Pésaj. Hacerlo requiere enfrentarnos cara a cara con nuestro jametz, con nuestros defectos. Y, la verdad, ¿quién desea hacerlo?

Algunos aspectos de nuestra personalidad con los cuales llegamos a sentirnos cómodos de repente quedan expuestos como el enemigo. ¿Magdalenas? Pereza. ¿Torta? Lujuria. ¿Galletas? Codicia. Bueno, no exactamente, pero comprendes la idea.

La limpieza para Pésaj tiene dos partes. La primera parte tiene lugar durante los días y las semanas previos a la festividad.

Esta es la parte “normal” del proceso de limpieza, y lo más probable es que tenga lugar durante las horas del día.

Pero entonces las cosas se vuelven interesantes.

Cuando llega la noche previa a Pésaj (el 14 de nisán), apagamos las luces, encendemos una vela y finalizamos el proceso de liberarnos de nuestro jametz.

Aquí comienza la limpieza “interna”.

El Talmud describe este proceso de una forma muy interesante al decir que limpiamos a “la luz del 14 de nisán”.

Esto es extraño, porque queda bastante claro que esta limpieza la hacemos de noche.

¿Por qué entonces dice “a la luz del 14” si es de noche?

Voy a tratar de explicarlo.

Cuando Moshé caminó hacia la zarza ardiente para investigar qué era esa maravilla que estaba viendo, Dios le dijo: “Quítate los zapatos porque estás parado en tierra sagrada”.

La pregunta es: ¿por qué Dios no le dijo a Moshé que se sacara los zapatos antes de que llegara a pisar la tierra sagrada?

Rav Matitiahu Salomon dijo que esto se debe a que la tierra todavía no era sagrada. Lo que la hizo sagrada fue que Moshé deseara investigar el fenómeno y aprender más acerca de Dios.

Por lo tanto, esta es la luz de la noche del 14 de nisán. Es más que una vela.

Es la luz que genera nuestra alma con su deseo de volverse mejor.

Esto lo podemos ver en la palabra hebrea que significa vela: ner. Esta palabra se escribe con las letras nun-reish. Nuestros Sabios enseñan que la nun representa a la neshamá y la reish representa al ruaj, dos partes de nuestra alma. A partir de este versículo vemos claramente que la luz de la vela es la luz del alma.

De acuerdo con la ley judía, debemos usar una vela (en la actualidad también se puede usar una linterna) pero no una antorcha. ¿Por qué? Porque si vemos demasiado de nuestras imperfecciones nos asustaremos y nos deprimiremos. ¡Hay demasiado que debemos corregir! Cuando se trata de esta limpieza interna, hay que ir de a un paso por vez.

Cuando vayas a estos lugares oscuros de tu interior, no olvides ser gentil y suave contigo mismo.

De hecho, una de las más maravillosas costumbres es que al encontrar jametz (recuerda que representa a la inclinación al mal), lo barremos con una pluma.

¡Justo con una pluma!

¿Puedes ver la belleza de esto? Nuestros Sabios nos están enseñando que al ir a estos oscuros lugares de tu interior, no debes olvidar ser gentil y suave contigo mismo.

¿Cómo comenzamos?

La verdad es que la limpieza del corazón es un proceso que lleva toda la vida. Pero Pésaj es un período de favor Divino en el que están abiertas todas las puertas del Cielo.

Vamos a prestar atención a dos cualidades que arman los mayores desórdenes: el enojo y la envidia. ¿Cómo logro limpiarlos de mi corazón?

El primer paso es reconocer la dificultad del proceso. Una vez que hicimos eso… podemos comenzar.

Corregir el enojo comienza con entender que todo viene de Dios, tanto lo bueno como lo que nos presenta desafíos. Cuando me enojo y culpo a otros por las cosas, les atribuyo a ellos un poder que en verdad no tienen. Por eso el Talmud compara el enojo con la idolatría. Grandes palabras.

Esto no significa que la persona que trae dolor a mi vida sea inocente. Sólo significa que no es la máxima fuente.

Si quiero limpiar mi corazón del enojo, debo comenzar por mirar hacia arriba y entender que no hay otro poder fuera de Dios.

¿Qué pasa con la envidia? ¿Cómo la limpio de mi corazón?

Reconociendo que a Dios nunca se le acaban las bendiciones. No importa qué necesites, en el cielo siempre hay mucho más de eso. Mientras más comprendemos que Dios puede hacer todo, más llegamos a entender que la persona a quien le tengo envidia no tomó nada de mi porción. Ella no se casó con la otra mitad de mi alma ni dio luz a mi hijo.

Cuando realmente creemos esto y estamos seguros en nuestro entendimiento de que hay a disposición mucho más de lo que sea que necesitamos si Dios lo desea para mí, entonces finalmente puedo alegrarme con la alegría de los demás y no sentir que su dicha llega a costa mía.

Si todo esto te parece demasiado trabajo, recuerda las palabras de uno de nuestros mayores maestros, Rav Israel Salanter. Él dijo que en el mundo el sonido más fuerte es el sonido de un hábito roto. Él también afirmó que es más fácil estudiar todo el Talmud antes que erradicar una sola mala cualidad del carácter.

Es difícil. Pero vale la pena hacerlo. Porque cuando arreglamos nuestro corazón, arreglamos todo el mundo.