El siguiente artículo lo escribí a principios de febrero al regresar de mi viaje a Europa que concluyó en el norte de Italia, una de las zonas que en la actualidad está devastada por el coronavirus. Nos salvamos del virus sólo por dos semanas. En ese breve espacio de tiempo pasamos a un mundo diferente. Pienso que este artículo es más relevante ahora que lo que era a comienzos de febrero.


En el aeropuerto de Venecia, al regresar a Denver, les compré a mis hijas unos brazaletes. Cuando cambiamos de avión en Frankfurt, me di cuenta que había olvidado los brazaletes en una tienda del aeropuerto. Durante 5 segundos me sentí molesto, pero entonces recordé una historia de The Last Lecture, de Randy Pausch, el libro que estaba leyendo por tercera vez en el vuelo de regreso a casa. Randy Pausch era un profesor de 46 años a quien le diagnosticaron cáncer pancreático y le dijeron que le quedaban seis meses de vida.

Esto es lo que él escribió:

Una vez, hace unos doce años, cuando Chris tenía siete años y Laura nueve, los fui a buscar con mi nuevo convertible Volkswagen Cabrio. “Tengan cuidado con el nuevo auto del tío Randy”, les dijo mi hermana. “Límpiense los zapatos antes de subir. No hagan lío y no lo ensucien”.

Al escucharla, pensé lo que sólo puede pensar un tío soltero: “Esta es la clase de advertencia que prepara a los niños para el fracaso. Por supuesto que eventualmente ensuciarán mi auto. Los niños no pueden evitarlo”. Así que hice las cosas fáciles. Mientras mi hermana fijaba las reglas, lenta y deliberadamente abrí una lata de gaseosa, la di vuelta y la derramé sobre el tapizado de los asientos traseros del convertible.

Mi mensaje: las personas son más importantes que las cosas. Un auto, incluso una gema impecable como mi nuevo convertible, sólo es una cosa.

Esta historia tuvo lugar antes de que a Randy le diagnosticaran cáncer. Y aunque no estemos en la situación de Randy, todos tenemos una fecha de vencimiento. Los médicos fijaron la "cuenta regresiva" de Randy en 6 meses (en verdad él vivió otros 11 meses), Otros ven sus vidas interrumpidas repentinamente, como pasó con Kobe Bryant y otros pueden vivir muchos años, como ocurrió con el reciente fallecido Kirk Douglas. Nadie lo sabe.

Nos han dado la rara oportunidad de dar prioridad a lo que es más importante.

¿Cómo vivirías si supieras que te quedan sólo seis meses de vida? ¿Te preocuparían las mismas cosas? ¿Te sentirías molesto por olvidar algunas chucherías en el aeropuerto? ¿Dejarías que te molestara una mancha en el tapizado o la suciedad en el auto? Piénsalo. Randy falleció hace 12 años. ¿Dónde está hoy su auto? ¿Tiene limpios los asientos traseros? ¿Tiene alguna abolladura? ¿Acaso eso realmente importa? La verdad es que nosotros hacemos una elección cuando nos permitimos valorar cosas que son tan transitorias y poco importantes.

Digo nosotros, pero por supuesto me refiero a mí. Antes de partir a nuestro viaje de diez días por Europa, le pedí a mi esposa que por favor no estacionara mi nuevo Tesla modelo 3 cerca de otros autos, para que no se fuera a rayar. A mi esposa le encanta jugar a encontrar el estacionamiento más cercano a la puerta del supermercado, lo que significa que a menudo estaciona demasiado cerca de otros autos. Así que ella me envió unas fotos de mi auto estacionado solo en la parte más alejada del estacionamiento, y escribió: “tu auto no tiene ningún rayón”.

Si hubiera sabido que me quedaban seis meses de vida, ¿le hubiera pedido eso? Les damos demasiada importancia a las cosas, especialmente a los autos. Si el tiempo límite de nuestra cuenta regresiva fueran otros seis meses, le daríamos prioridad a lo que realmente es importante: las relaciones, la vida, caminar por el parque con un ser querido. Restableceríamos la importancia de aquello que nos importa, y créeme, no serían las "cosas".

No sé cuándo va sonar la alarma de mi cuenta regresiva, pero mentalmente, lo ideal sería vivir pensando que será dentro de seis meses (y que en algún momento de verdad va a ocurrir). Cariño, si lees esto, puedes estacionar ese pedazo de metal donde te guste.

P.D.: En unas pocas semanas (o días) el mundo cambió. Las escuelas, los restaurantes, prácticamente todo está cerrado. Pasamos de una vida normal a un mundo surrealista de estantes vacíos en el supermercado, cuarentenas y distanciamiento social. Estamos en guerra contra un enemigo invisible.

Pero esto tiene un lado positivo.

Aunque la cantidad de personas que han muerto por el virus hasta el momento puede ser menor que la cantidad de personas que han muerto por otras razones en el mismo período de tiempo, la gravedad de esta pandemia nos recuerda cada día que somos mortales.


Nos dieron una oportunidad única de alejarnos de las cosas materiales y pasar tiempo con nuestra familia. Realmente pasar el tiempo con ellos. Nos dieron una extraordinaria oportunidad de dar prioridad a lo que nos es más importante sin sentirnos culpables. El mundo material está en pausa, por lo menos durante algunas semanas. Mientras puedas, trata de aprovecharlo al máximo.